'Sugarcane': un canto a la resistencia de un pueblo


"¡Hay tantas cosas que no debería haberme guardado sólo para mí!", dice una abuela. "¿Qué cosas?", le pregunta su nieto. Y ella se queda en silencio, con la mirada fijada en el horizonte. Tiene las manos entrelazadas sobre la barriga y hace girar los dedos pulgares uno alrededor del otro. No dice nada. Es una de las conversaciones de la película Sugarcane, otra de las candidatas al Oscar a mejor documental. Producida por National Geographic, la encontrará en Disney+. Denuncia los abusos de la Iglesia católica a los internados y las misiones que se establecieron en Canadá para convertir a los indígenas. Pone el foco en la Misión Saint Joseph, en la reserva india de Sugarcane, en la Columbia Británica. Pero es sólo un caso que delata a los patrones de los infanticidios que se produjeron en los cientos de internados que los gobiernos de Canadá y Estados Unidos promovieron para solucionar lo que llamaron "el problema indígena". El documental está dirigido por Emily Kassie y Julian Brave NoiseCat, hijo de uno de los supervivientes de Saint Joseph. El descubrimiento de decenas de tumbas de niños cerca de esta misión provocará un escándalo nacional que reactivará el interés por el pasado: "Los fantasmas de los niños han despertado estos días", dicen los medios. Salen a la luz los asesinatos, abusos, torturas, desapariciones y violaciones cometidos por curas y monjas. Las secuelas de estas atrocidades perduran hoy en día, con una comunidad indígena con graves problemas de alcoholismo y un elevado índice de suicidios. Sugarcane sigue la investigación. Más allá de la escena en la que se hace el estudio del terreno para descubrir los cuerpos enterrados secretamente, hay una imagen impresionante. En un granero encuentran las inscripciones que los niños dejó grabadas en las maderas de la pared: sus nombres, sus lamentos, su desesperación. También se pone de manifiesto la hipocresía de las instituciones: el gobierno canadiense, la policía y la Iglesia. Ahora intentan reparar con más apariencia que voluntad todo lo que han ignorado y despreciado durante décadas.
El documental no tiene prisa por contar la historia y nunca coloca a los supervivientes de cara a la cámara. Se preserva cierta intimidad a partir de conversaciones más familiares. Y con frecuencia son los silencios los que expresan el sufrimiento y los abusos. Pocos pueden verbalizar lo sufrido. Todo el relato respira una calma tensa, la tranquilidad algo perturbadora propia del Lejano Oeste. En medio de la dureza de la historia, emerge la necesidad de mostrar la cultura que se intentó aniquilar: los rituales, las costumbres y el idioma indígena, que todavía pocos recuerdan y que está a punto de desaparecer. Es una forma de decirnos que, pese al genocidio, han sobrevivido e intentarán perpetuar sus tradiciones.
Sugarcane es un documental de denuncia que quiere restituir la dignidad de la comunidad indígena, estigmatizada y maltratada. Es un canto en el aguante. Demuestra la dificultad de acabar con todo un pueblo, pero también cómo el dolor infligido se transmite a lo largo de muchas generaciones.