Adorables mascotas de día, depredadores implacables de noche

La alta densidad de gatos domésticos en entornos periurbanos está alterando los ecosistemas en todas partes

Mirar y atrapar.
David Segarra
17/06/2026
4 min

Los gatos son bonitos, elegantes, misteriosos. “Y mi mano se embriaga con el placer / de palpar tu cuerpo eléctrico”, escribió el poeta Charles Baudelaire sobre su gato, Tibère. Hace unos 10.000 años que convivimos con estos felinos de manera más o menos armoniosa. Pero recientemente los científicos están demostrando que su gran proliferación está afectando gravemente la biodiversidad, como muestra un estudio pionero hecho en Sant Cugat del Vallès.

Los gatos domésticos tienen un instinto depredador muy vivo, y cazan activamente a pesar de estar bien alimentados. Siempre se ha dicho que cazan ratones, pero de hecho capturan todo tipo de animalitos, como por ejemplo musarañas, topillos, conejos, murciélagos, lagartijas, lagartos, sapos, ranas... y una multitud de pajaritos como gorriones, carboneros, petirrojos y un largo etcétera.

Si a este instinto depredador le añadimos su elevada densidad actual, el problema está garantizado. Dentro de tres municipios de la Vall d’Aro hay unos 2.850 gatos domésticos en 106 km², con una densidad de 27 gatos/km², según calcula Josep Maria Bas, investigador de la Universitat de Girona. El gato salvaje (Felis silvestris), que es la especie más cercana con la que podemos comparar el gato doméstico (Felis catus), presenta en Europa una densidad media de 0,8 individuos/km², “34 veces inferior”, señala Bas. Podemos fabular que, si el ser humano no existiera, en lugar de 2.850 gatos domésticos en esta zona habría 85 gatos salvajes, que es la cifra de esta clase de depredador que puede sostener naturalmente el ecosistema. 

Uñas de gato

En Sant Cugat, donde hay un mínimo de 2.422 gatos repartidos en 252 colonias, se ha cuantificado por primera vez el impacto de los gatos domésticos sobre una especie silvestre, la lagartija ibero-provenzal (Arrasan con las lagartijas

En Sant Cugat, donde hay un mínimo de 2.422 gatos repartidos en 252 colonias, se ha cuantificado por primera vez el impacto de los gatos domésticos sobre una especie silvestre, la lagartija ibero-provenzal (Podarcis liolepis). El estudio ha comprobado que existe una relación inversamente proporcional entre la abundancia de gatos y la de estos reptiles, hasta el punto de que allí donde hay muchos gatos, las lagartijas llegan a desaparecer por completo. No queda ninguna. También se observa que “donde hay más gatos,  las lagartijas presentan a menudo una amputación o alteración de la cola, y esto afecta negativamente a su supervivencia”, explica Enric Ortega, biólogo de la Societat Catalana d’Herpetologia y autor principal del estudio. Según Ortega, el caso de la lagartija es “un modelo para demostrar el impacto de la depredación de los gatos, que es similar en otros reptiles, en aves...” El hecho clave es que “debido a los gatos domésticos las poblaciones de muchos animales salvajes se desequilibran”, afirma Ortega, que pone un ejemplo aplicado a los tarentola (Tarentola mauritanica): “Los tarentola comen polillas, como las de la procesionaria del pino. Si hay menos tarentola debido a los gatos, las poblaciones de procesionaria se disparan”.

Sin embargo, el problema tiene un alcance mundial. En los Estados Unidos, los gatos domésticos matan entre 1.300 y 4.000 millones de pájaros y entre 6.300 y 22.000 millones de mamíferos cada año, según un estudio de 2013 del Smithsonian Conservation Biology Institute, y son la principal causa de mortalidad antropogénica. De hecho, se considera que son responsables del 14% de las extinciones mundiales de mamíferos, pájaros y reptiles.

Parece claro que la solución pasaría, en primer lugar, por regular de otra manera las colonias de gatos. Pero, paradójicamente, la ley española 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales lo dificulta, porque protege las colonias de manera estricta. Esta ley motivó en su momento las alegaciones y protestas de las entidades científicas y de las universidades, pero fueron desestimadas. 

Gato con un pájaro que acaba de cazar.

Así se llega a situaciones paradójicas como la que se produce en los Muntanyans de Torredembarra, donde vive una población de la amenazada lagartija cola-roja (Acanthodactylus erythrurus), que es depredada por gatos domésticos instalados en la zona. Por lo tanto, “se usan dineros públicos para proteger tanto a las lagartijas como a los gatos que las matan”, según Ortega, que denuncia que la ley de bienestar animal fue “diseñada a criterio de un sector minoritario de la sociedad y de espaldas a la comunidad científica y a las administraciones locales”.  Los científicos creen que habría que gestionarlo todo de otra manera. Por ejemplo, disminuyendo la aportación de comida para dejar que la selección natural actúe y las colonias se reduzcan. Y desaparezcan. Ahora mismo, en la Vall d’Aro solo el 50% de los gatos de las colonias están esterilizados. En este contexto, “no se puede alimentar sin límite”, afirma Bas, que recuerda que “para hacer bajar el depredador, no hay mejor manera que disminuir el recurso alimentario”.Ahora mismo no es un tema fácil de gestionar, pero no por culpa de los felinos. Como dice Josep Maria Bas, todo ello “no es un problema de los gatos sino un problema de la gente”.   

Biólogo y colaborador del departamento de didáctica de las ciencias de la Universidad de Vic
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