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Miquel Sàmper: "El cooperativismo ya no es un sector emergente, sino un actor estructural de la economía catalana"

Consejero de Empresa y Trabajo de la Generalitat de Catalunya

Miquel Sàmper, consejero de Empresa y Trabajo de la Generalitat de Catalunya.
Redacció
03/07/2026
4 min

Con 4.843 cooperativas activas en Cataluña, el modelo gana peso en sectores clave, refuerza la generación de empleo estable y de calidad y se proyecta como una pieza estratégica del tejido productivo y de la transformación económica y social del país.

¿Qué momento vive el cooperativismo en Cataluña?

— Vive un momento de madurez, con 4.843 cooperativas activas. Ya no hablamos de un sector emergente, sino de un actor estructural de la economía catalana, con presencia en múltiples sectores y capacidad de generar ocupación estable. El cooperativismo ha demostrado que es una fórmula empresarial competitiva, resiliente y capaz de dar respuesta a retos económicos y sociales muy diversos.

¿Cuál es su grado de implantación territorial?

— Es un modelo muy arraigado. La demarcación de Barcelona concentra la mayor parte de las cooperativas (70%), pero el cooperativismo tiene una presencia significativa en Lleida, Girona, Tarragona y las Terres de l’Ebre. 

¿Qué implica esta diversificación?

— Implica que el cooperativismo ha dejado de ser un modelo vinculado a unos sectores concretos. Tiene presencia en ámbitos como el consumo, los servicios, los cuidados, la educación, la tecnología, la energía o la agroalimentación, pero también en actividades industriales estratégicas. Esto demuestra su capacidad de adaptación y de respuesta a los nuevos retos económicos.

¿Cuáles son algunos de los principales referentes del cooperativismo catalán?

— Tenemos ejemplos muy relevantes como la cooperativa de servicios farmacéuticos Fedefarma; la Cooperativa de Ivars, Agrocat, Cotecnica, Actel o Cadí en el ámbito agroalimentario; Suara en el ámbito de los cuidados; Abacus en el sector cultural y educativo; Som Energía en la transición energética o SCIAS-Hospital de Barcelona en el ámbito sanitario. Son empresas que compiten en mercados exigentes y demuestran la capacidad del cooperativismo de generar actividad económica e impacto social. En estos últimos años, la vertiente social del cooperativismo también ha consolidado su arraigo en Cataluña. Son ejemplos la cooperativa Som Punt, situada en L'Espluga Calba, o Talleres Àuria y CIPO, dos centros especiales de trabajo constituidos como cooperativas industriales.

¿Qué papel han tenido las políticas públicas en este crecimiento?

— Han sido un elemento facilitador. Este año celebramos los diez años del Programa de Economía Social, durante los cuales se han desplegado herramientas como los Ateneos Cooperativos, los Proyectos Singulares o los Proyectos Transversales. En este periodo se han movilizado cerca de 160 millones de euros para impulsar nuevos proyectos, consolidar cooperativas y generar ocupación de calidad.

¿A qué se han destinado principalmente estos recursos?

— A crear las condiciones para que las iniciativas de economía social puedan crecer y consolidarse. Hemos dado apoyo a nuevos proyectos empresariales, a procesos de innovación, a la intercooperación y a la generación de empleo. El objetivo ha sido siempre reforzar un modelo económico que crea valor económico y social a la vez.

Recientemente, el departamento ha impulsado una línea de subvenciones para incorporar socios trabajadores. ¿Qué objetivo tiene?

— Queremos reforzar uno de los rasgos distintivos del cooperativismo: la participación de las personas en la propiedad y la gestión de la empresa. Esta línea facilita la incorporación de nuevos socios y socias trabajadoras, favorece el relevo generacional y contribuye al crecimiento y la consolidación de las cooperativas.

¿El acceso a la financiación sigue siendo uno de los retos del sector?

— Sí. Por eso hemos impulsado Financoop, un instrumento de colaboración entre las entidades financieras de la economía social que quiere facilitar el acceso a la financiación y reforzar las oportunidades de crecimiento de los proyectos cooperativos. Si queremos que el sector gane dimensión, hay que continuar mejorando los instrumentos financieros a su alcance.

¿Por qué el cooperativismo también aparece como una apuesta dentro del Pacto Nacional para la Industria?

— Porque el cooperativismo industrial tiene un gran potencial de desarrollo. Puede contribuir a preservar actividad productiva, generar empleo de calidad y reforzar el arraigo empresarial en el territorio. Es un ámbito estratégico en el que queremos continuar avanzando durante los próximos años.

La vivienda es una de las principales preocupaciones de la ciudadanía. ¿Qué papel puede jugar el cooperativismo en ello?

— Un papel muy importante. Las cooperativas de vivienda están impulsando fórmulas innovadoras que facilitan el acceso a la vivienda con modelos más estables, asequibles y sostenibles. Por ello, hemos impulsado una nueva línea de subvenciones dentro de los Proyectos Singulares para reforzar este tipo de proyectos y ampliar su impacto. Esta nueva línea, llamada HabitatgESS, tiene como objetivo promover las cooperativas de vivienda. La convocatoria está prevista para este julio.

También se está trabajando en una futura ley de economía social y solidaria. ¿Qué aportará?

— Representará un paso adelante muy importante. La ley debe consolidar el reconocimiento institucional de la economía social y solidaria, dotar al sector de un marco estable y reforzar su papel dentro del modelo económico catalán. Es una herramienta que debe acompañar la nueva etapa de crecimiento y consolidación del sector. Es una ley largamente trabajada y consensuada con el sector, que dotará de más herramientas tanto al cooperativismo como a las otras familias de la economía social.

¿Qué lugar debe ocupar el cooperativismo en el futuro económico de Cataluña?

— Debe ser una pieza central de la transformación económica del país. En un contexto de transición verde, digital e industrial, el cooperativismo aporta competitividad, cohesión social y arraigo territorial. El reto es continuar ganando dimensión, reforzar su presencia en sectores estratégicos y consolidarlo como una de las herramientas que tiene Cataluña para afrontar los grandes desafíos económicos y sociales del futuro.

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