¡Eureka!

Una masía de Cardedeu, un viaje y una boda en Hungría: el curioso origen del Cacaolat

Los batidos de chocolate nacieron tras la visita de los fundadores a una feria de maquinaria industrial en Budapest

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EUREKA Colacao web

Un montón de fotografías amarillentas cubren todas las cerraduras de pared del establecimiento ubicado en el número 4 de la calle Xuclà, junto a las Ramblas, en Barcelona. Están ahí desde hace años. En una, se ven camareras trabajando detrás de la barra. En otra, las trabajadoras desfilan entre mesas de mármol blanco llevando bandejas redondas llenas de tazas de chocolate a la taza a los comensales. Por todas partes también cuelgan diplomas y medallas de todos los tamaños y colores. En medio del local, sin embargo, una placa reclama todas las miradas: "En el obrador de esta granja, en 1931 se elaboró por primera vez el Cacaolat".

Muchos de los clientes que entran en la mítica Granja Viader salen con la barriga llena, pero también con los teléfonos móviles cargados de fotografías del espacio. Todos quieren inmortalizar el lugar del que hace casi 100 años salió el primer batido de cacao del mundo fabricado industrialmente. Hoy Cacaolat es una marca plenamente consolidada en Catalunya, despidió el pasado año facturando más de 73 millones de euros y está centrando esfuerzos para ganar notoriedad en el panorama español e internacional.

Sin embargo, la historia de este batido catalán comienza muy lejos del corazón de Barcelona. Concretamente, a unos 2.000 kilómetros de distancia por carretera y 92 años atrás. En 1931 Marc Viader y Joan Viader, su hijo, realizaron un viaje a Budapest para asistir a una feria de maquinaria industrial. Su familia venía de una masía de Cardedeu y, seis años antes, habían fundado la marca de leche Letona. Estaban muy interesados en descubrir qué últimas novedades del sector podían permitirles incrementar la producción. El relato que rodea el origen del Cacaolat explica cómo en Hungría trabaron amistad con un comisario de la feria, que acabó invitándoles a la boda de su hija. Entre el catering descubrieron una bebida de cacao y leche que les robó el corazón. Cuando regresaron a Catalunya, se encerraron en el obrador para intentar replicar su fórmula. En 1931 patentaron Cacaolat y empezaron a venderlo. Fue un éxito absoluto.

"La década de 1930 no se caracteriza, precisamente, por ser un período de prosperidad social y económica: en Estados Unidos –y, por extensión, en el resto del mundo occidental– resonaban los efectos de la Gran Depresión de 1929", explica Neus Soler, experta en marketing de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC). Ahora bien, en medio de este contexto, España sobrevivió bastante bien. "Sufrió menos la crisis que otros países europeos, porque estaba más retrasada a nivel industrial y no estaba tan abierta al comercio internacional", explica. En este contexto de un país que todavía miraba muy poco hacia fuera, Cacaolat irrumpió en el mercado como un producto diferente y original. "Un batido de cacao industrial de elevada calidad", resume Soler.

La publicidad, clave del éxito

En 1933 se presentó en la Feria de Muestras de Barcelona. Con una fuerte campaña publicitaria, las ventas enseguida se dispararon. Muy pronto, ya embotellaban a 24.000 Cacaolats cada mes. "El producto no tardó en integrarse en el imaginario colectivo catalán: a lo largo de los años, los anuncios han relacionado la bebida con elementos de la gastronomía local como el pan con tomate y símbolos icónicos como el Copito de Nieve" , recuerda Soler. La experta también señala cómo los colores de la marca –amarillo y marrón–, el logotipo y el personaje que le acompaña han acabado siendo muy reconocibles para el público catalán. También apunta al cambio de público que supo conducir la bebida. "Si al principio se presentaba como el alimento número 1 para los niños, después acabó conquistando un público muy transversal", apunta.

En paralelo a la elaboración del Cacaolat, la familia Viader abrió varias granjas en Barcelona. En la década de 1950, ya tenían cuatro. También modernizaron la fábrica de Letona con una nueva planta en 1955. Veinte años después, cuando el negocio se vendió a la empresa Clesa, la de Cacaolat era la mayor fábrica de Barcelona. "Aun así, se ha realizado una buena gestión: se ha conservado la imagen de la marca, estrechamente ligada a la calidad del producto, y se ha evolucionado hacia nuevos formatos y envases, sin abandonar el original" , explica Neus Soler. El último formato ha llegado recientemente a los supermercados: un Cacaolat en polvo para competir con colosos de este sector, como Colacao y Nesquik.

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