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La Guardiola: “Queremos reconectar la comunidad con los valores y las herramientas del cooperativismo actual”

Montse Lamata, presidenta, y Montserrat Noè y Joan Bonamusa, expresidentes de La Guardiola

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Redacció
03/07/2026
3 min

Actualmente La Guardiola cuenta con 139 personas socias. La mayor es una mujer de 94 años; el más joven, un hombre de 20.

Fundada en 1907, La Guardiola forma parte de la historia del movimiento cooperativo en Cataluña. En Cabrera de Mar, donde se ubica, la cooperativa hizo posible un economato, construyó una sala de teatro y una biblioteca popular y fue promotora de vivienda para las personas socias. Ahora, prácticamente 120 años después de su constitución, la cooperativa se encuentra en plena reflexión sobre cómo continuar su actividad.

¿Cuáles fueron los inicios de La Guardiola? 

— La Guardiola nace en 1907, en un momento en que el cooperativismo catalán vivía una gran expansión, y en un contexto en que Cabrera de Mar era esencialmente un pueblo de payeses. En aquel momento, 10 agricultores decidieron unirse para crear una sociedad agrícola en forma de cooperativa de consumo, porque lo que querían era compartir la necesidad de comprar productos y suministros en mejores condiciones para sus explotaciones agrarias.

¿Qué actividades impulsaba la cooperativa en sus inicios?

— La cooperativa lo que hacía era proveer de alimentos, herramientas, productos para las faenas del campo, etc., pero muy pronto se convirtió también en un espacio de apoyo mutuo y de vida comunitaria. Por eso cuando hablamos de los orígenes de este proyecto no hablamos solo de una tienda. La cooperativa a lo largo de los años dio respuesta a las necesidades que el pueblo tenía en aquellos momentos.

¿De qué necesidades estamos hablando?

— El economato garantizaba el acceso a productos básicos, pero La Guardiola también impulsaba servicios culturales, educativos y sociales. Construyó una sala de teatro, creó una biblioteca popular, facilitaba el acceso a la atención médica y daba apoyo a las familias en situaciones de vulnerabilidad. En definitiva, cubría necesidades colectivas en un momento en que la administración todavía no podía hacerlo.

Sus socios, de antes y de ahora.

En los años sesenta, La Guardiola también impulsó la construcción de viviendas para las personas socias. 

— Sí. En los años sesenta muchas familias convivían bajo el mismo techo porque los hijos no podían acceder a una vivienda. La Guardiola respondió a esta necesidad promoviendo 38 viviendas para las personas socias. Es curioso, porque más de sesenta años después el acceso a la vivienda continúa siendo uno de los grandes retos de nuestra sociedad.

La cooperativa también transitó momentos complejos, como la ocupación de sus edificios por el régimen franquista y la irrupción de las grandes superficies comerciales, ¿no es así?

— Sí, y la estocada llega a los años ochenta, cuando la actividad comercial de la tienda deja de ser viable y La Guardiola pasa a sostenerse gracias a su patrimonio. Aquel momento marca un cambio profundo en la manera de consumir y de relacionarnos con el territorio. Hoy continuamos afrontando retos semejantes: preservar el comercio de proximidad y reforzar la vida comunitaria.

¿Y cuándo y cómo arranca este proceso de rehabilitación en el que os encontráis inmersos?

— La voluntad de rehabilitar La Guardiola nace en los años noventa, cuando diferentes consejos rectores comienzan a buscar fórmulas para preservar el patrimonio y garantizar el futuro de la cooperativa. Después de muchos años de trabajo, el punto de inflexión llega en 2022 con el acuerdo de venta de la antigua sala de teatro al Ayuntamiento de Cabrera de Mar. Este acuerdo ejemplifica cómo la colaboración entre una entidad centenaria y la administración local puede generar beneficios compartidos: nosotros hemos podido rehabilitar la cooperativa y el Ayuntamiento recuperará la sala de teatro, y contribuimos conjuntamente a revitalizar una parte emblemática del centro histórico del pueblo.

¿Y qué usos tendrá a partir de ahora la sede?

— Ahora que el patrimonio ya está rehabilitado, el reto es volver a llenarlo de vida. La planta baja dispone de dos locales de alquiler, uno de los cuales ya acoge el restaurante La Taverna del Teatre, y la planta superior será la sede de la cooperativa y un espacio de encuentro para impulsar actividades sociales, culturales y cooperativas abiertas al pueblo. Una de las primeras iniciativas será recuperar la memoria oral de La Guardiola, recogiendo los testimonios de las personas socias que aún conservan recuerdos vivos de la cooperativa, y crear un archivo documental. Queremos preservar la memoria de la cooperativa y de las personas que la han mantenido viva durante más de un siglo.

¿Hay algún otro reto que se planteen alcanzar a corto plazo?

— Sí. Nuestro principal reto es entender cuáles son las necesidades y oportunidades colectivas del Cabrera de hoy y ver qué papel puede jugar La Guardiola para darles respuesta. Hace más de cien años la cooperativa nació porque un grupo de vecinos decidieron organizarse para afrontar retos compartidos; hoy nos toca preguntarnos cuáles son estos retos. Queremos reconectar la comunidad con los valores y las herramientas del cooperativismo actual, que ofrece respuestas en ámbitos como el consumo, la vivienda, la energía, la movilidad y los cuidados.

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