Otra manera de hacer tecnología

Las 'start-ups' que no quieren ser unicornios

No persiguen el crecimiento acelerado y no miden el éxito por el capital captado ni la cuota de mercado, sino por la fortaleza de la comunidad que sustenta el proyecto. Son las nuevas tecnológicas constituidas en cooperativas

Muchas alternativas a las grandes tecnológicas ponen las personas y la comunidad en el centro.
Mercè Bayén
03/07/2026
4 min

En Cataluña, el cooperativismo de plataforma lleva años buscando consolidar su espacio. Con la voluntad de cuestionar un modelo digital cada vez más concentrado en manos de grandes corporaciones tecnológicas, iniciativas como Jambo, FemProcomuns o Coopdevs emergen como alternativas que ponen a las personas y la comunidad en el centro. Ante un internet marcado por los monopolios, la extracción de datos y la dependencia económica, estos proyectos reivindican otra manera de entender la tecnología y una métrica de éxito diferente, basada en el impacto social, la gobernanza democrática y el retorno colectivo.

Este planteamiento se traduce en proyectos tecnológicos orientados a las necesidades de la economía social y del tercer sector: herramientas de gestión empresarial ERP, soluciones de back office, desarrollo de software, páginas web más sostenibles, en algunos casos, y servicios digitales para organizaciones y clientes de dimensiones más reducidas. Una actividad alejada de las grandes valoraciones y de la carrera por captar inversión, pero conectada con la voluntad de generar un impacto real.

Un sector privilegiado

Jambo fue fundada en 2011 con la ambición de construir una tecnología más justa, accesible, horizontal y libre, pero, sobre todo, porque quienes la fundaron buscaban una alternativa después de su paso por multinacionales. “Salieron rebotados de un sector donde se sentían un número y donde al trabajador no se le tiene en cuenta para nada”, explica Marta Gómez, que desde hace diez años forma parte de la cooperativa como responsable de comunicación y gestión de proyectos.

“En Jambo todos los que trabajamos cobramos lo mismo. Nuestros sueldos son igualitarios y no queremos crecer por encima de todo. Como máximo somos doce personas y no queremos ser más porque lo que queremos es sentarnos todos a la misma mesa”. Con esta contundencia, Marta Gómez reivindica una manera de entender la empresa que desafía buena parte de los dogmas de la economía digital.

Con una apuesta que prioriza la participación, la proximidad y la toma de decisiones compartida por encima de la dimensión o la rentabilidad a cualquier precio, la intercooperación “nos permite tener más cintura” a la hora de afrontar retos que impliquen más esfuerzos. “Lo que nunca haremos es contratar a siete nuevos programadores para un proyecto para luego dejarlos en la calle”, asegura Gómez. “No queremos ganar más, sino tener una vida digna. De hecho, el nuestro es un sector privilegiado en continuo crecimiento y con una gran demanda de trabajo, así que estamos bien pagados y lo que no queremos es hacer un pelotazo para hacernos ricos a costa de los demás. Impulsamos ideas propias, pero con una mirada puesta en el mundo”, subraya.

Por una tecnología real

Coopdevs es otro ejemplo de estas autolimitaciones que muchas cooperativas asumen por convicción. “Nuestra idea no es crecer, sino hacer crecer el software libre”, resume Eugeni Chafer, consultor funcional de la cooperativa. Fundada en 2018, Coopdevs está formada por nueve personas que trabajan íntegramente en remoto y que solo se encuentran presencialmente un par de veces al año e intercooperan con otras cooperativas como con la misma Jambo, con quien, junto con Codec (empresa de inserción), han formado otra cooperativa llamada Mosaic para sumar esfuerzos y afrontar proyectos más grandes.

"¿Que queremos crear un mundo mejor? Seguro. La otra parte del ecosistema tecnológico es como irreal, con start-ups e inversores participando en rondas de captación de proyectos inviables. Alguna peta, sin embargo, de hecho, el modelo a menudo consiste en convertir a las personas en un producto y en generar necesidades que antes no existían”, reflexiona Chafer, que pone de ejemplo las plataformas de reparto a domicilio que han modificado hábitos de consumo y de relación con los servicios. “La tecnología debería servir para resolver problemas reales”, defiende.

Con todo, para Eugeni Chafer hay que romper con el mito según el cual el open source o software libre no tiene calidad porque, además, "permite más control social de los datos. "No tiene ningún sentido que la administración trabaje como pasa con empresas privadas, que no sabes qué uso hacen de tus datos, en lugar de invertir en códigos abiertos", subraya.

Nuevas herramientas de combate

David Gómez Fontanills, socio trabajador de FemProcomuns, habla de la necesidad del desarrollo de un software libre para “dar respuesta a la gente y a las asociaciones que buscan otras opciones y no aceptan ser vigiladas a cambio de su propio trabajo”. 

FemProcomuns nació hace ocho años y desde hace dos constata el aumento de nuevos usuarios concienciados con la vigilancia de internet. “Hasta ahora mucha gente decía: «Yo no tengo nada que esconder». Ahora somos más conscientes del asalto al poder de estas multinacionales, que han acabado teniendo una influencia directa en la administración norteamericana y en el ámbito de la defensa. Aquello que parecía que solo servía para vendernos cosas ha demostrado ser una herramienta de concentración de poder y de control social”, afirma.

Para Gómez Fontanills, la irrupción de la inteligencia artificial es la confirmación de esta deriva. “Nos hemos convertido en materia prima. Ya no somos solo el producto a partir del cual segmentaban datos para enviarnos publicidad. Ahora nos analizan para entender cómo se comporta la sociedad y poder modelarla. La buena noticia es que es muy fácil buscar alternativas”, asegura.

Entre estas alternativas hay servicios impulsados por la misma cooperativa, como SomNúvol –además de Xoic, una red para el internet de las cosas. “Somos, para entendernos, una alternativa a Google Drive, OneDrive o iCloud”, explica Gómez Fontanills. Aun así, admite que juegan en otra liga: “Obviamente, no tenemos la misma infraestructura ni quizás debemos tenerla. El consumo de agua y energía de estas grandes corporaciones es enorme. En los próximos años tendremos que aprender a gestionar mucho mejor los recursos como el agua y la energía, y esto también obligará a repensar el modelo tecnológico actual”, indica.

A través de soluciones locales coordinadas, FemProcomuns establece vínculos con otras cooperativas y apuesta por un sistema “más sostenible y de crecimiento lento. En ningún caso buscamos vender ni tenemos afán de lucro”. Al fin y al cabo, “la estadística dice que un 80% de las start-ups fracasan, las que quedan entran en la apuesta de las rondes de financiación y alguna se convierte en unicornio. La realidad es que lo que se llama como el cementerio de Google está lleno de muchas otras que acaba comprando solo para cerrarlas”, advierte David Gómez Fontanills.

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