¿Quién gana con el auge del precio del combustible?
Analizamos cuáles son los agentes más beneficiados del aumento del precio del combustible de estas últimas semanas
El conflicto bélico en Irán y la marcada inestabilidad en la zona del golfo Pérsico han disparado el precio del crudo en todo el mundo. Tal y como ocurrió en el 2022 con el inicio de la invasión rusa en Ucrania, la cotización del barril de Brent (índice de referencia mundial para establecer el precio del petróleo) ha despegado por encima de los 100 dólares, ya corto plazo no parece que esta tendencia tenga que cambiar.
El mecanismo que fija el precio del crudo en todo el mundo es sencillo, y se basa en la ley de la oferta y la demanda: los países productores de petróleo ofrecen una cantidad determinada de barriles, en función de la demanda prevista, con el objetivo de no saturar el mercado de producto y derrumbar su precio, y las compañías petroleras aumentan su demanda en previsión a una posible (por crisis). Precisamente en este sentido, el anuncio de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) esta semana de liberar 400 millones de barriles de crudo de las reservas estratégicas debería ser algo más que suficiente para garantizar el aprovisionamiento mundial de petróleo y evitar un aumento imparable del precio. A modo de ejemplo y para ilustrar esta decisión, durante el pasado año por el estrecho de Ormuz circularon unos 20 millones de barriles de crudo diarios, muy por debajo de los 400 millones de barriles que la AIE ha liberado. Así pues, ¿por qué el precio del diesel y de la gasolina sigue disparado con incrementos del 40% respecto a los valores de hace tan sólo unas semanas?
Las grandes compañías petroleras, que hacen de intermediarias de este producto y controlan su proceso de refinamiento y distribución, han aprovechado la ocasión para elevar su margen de beneficio, apelando a un hipotético escenario de falta de suministro. De hecho, son estas empresas intermediarias dedicadas al refinamiento y distribución del petróleo las que se benefician directamente del alza de precios más que la gasolinera final donde nos detenemos a llenar el depósito, que obtiene un beneficio real de entre 3 y 5 céntimos por litro de combustible, independientemente de si el precio del petróleo es más o menos elevado.
¿Y el gobierno?
El otro gran beneficiado de esta crisis energética, compañías petroleras aparte, son los gobiernos y las administraciones competentes. En el caso español es la Agencia Tributaria la encargada de realizar seguimiento y garantizar el cumplimiento de los impuestos sobre hidrocarburos y del IVA. Estos dos impuestos se calculan sobre el precio final, y especialmente en el caso del IVA permite que, al encarecerse el precio final del producto, la recaudación que hace el estado sea mayor. Dicho de otro modo, la Agencia Tributaria recibe mucho más dinero proveniente de los hidrocarburos ahora que hace un mes: por cada 10 céntimos por litro que se ha encarecido el diesel o la gasolina, el estado recauda 2 céntimos extra que hace un mes no habría previsto en su programación anual y proyección.
Esta realidad es especialmente llamativa en el caso del diesel, el combustible que (todavía) utilizan la mayoría de los turismos, furgonetas y camiones. Con el precio del diesel en torno a los 1,85 €/l, el Estado ingresa alrededor de 70 céntimos por litro de combustible, lo que supone una fuente de ingresos imprevista para las finanzas del Estado. En Cataluña existen unos 5,5 vehículos turismos matriculados y en funcionamiento, que de media gastan entre 20 y 30 litros cada semana para ir a trabajar, llevar niños a la escuela o cualquier otro desplazamiento cotidiano. Esto supone que, sólo durante la última semana, el Estado habrá recaudado unos (¡atención!) 95 millones de euros en concepto de impuestos, sin sumar los vehículos de transporte industrial como autobuses, autocares, camiones u otros vehículos profesionales, que son los principales consumidores de combustible en nuestro país.