Inmigrantes en la Estación de Francia
14/04/2026
Catedrático del departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la UPF y director del GRITIM-UPF. Acaba de publicar el libro 'Memoria colectiva inclusiva y migraciones en la Cataluña diversa de ayer, de hoy y de mañana', editado por el Memorial Democrático de la Generalitat de Cataluña.
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En las políticas de diversidad, casi siempre se trabaja desde la urgencia social, a menudo impuesta por causas externas. Pero hoy hay que hablar de una urgencia diferente, una que nace de nuestros propios déficits: lo que llamo el Factor M (factor migraciones) de la memoria colectiva de Cataluña.Cataluña acaba de alcanzar el hito histórico de los 8 millones de habitantes. Es una transformación de gran alcance, pero también una interpelación directa: ¿realmente todos pueden sentirse parte de este nosotros? ¿Pueden decir "somos 8 millones" aquellos que no ven su historia reflejada en ningún sitio?Esta urgencia se manifiesta en tres vacíos profundos que segmentan nuestra sociedad:1. El vacío vecinal. Los fundadores de nuestros barrios —aquellos migrantes de los años 50 y 60— están construyendo su memoria de lucha heroica. Esta historia, sin embargo, parece que acaba en ellos. Hoy, estos barrios están llenos de nuevos migrantes internacionales que son quienes realmente les dan vida desde hace más de dos décadas, pero que viven vidas paralelas. Comparten el espacio, pero no la historia; no llegan a ser reconocidos plenamente como vecinos, ni se incorporan a las asociaciones para "hacer barrio". Este cambio demográfico se vive a menudo con resistencia y desconfianza, un escenario del cual se nutren quienes quieren crear fragmentación.2. El vacío académico. Si tomamos los libros de historia de Cataluña, las migraciones prácticamente no están; es como si no hubieran existido. ¿Cómo podemos educar en el sentimiento de pertenencia si el relato oficial ignora las raíces de más de la mitad de la clase? Los hijos de marroquíes, filipinos o ecuatorianos, que son catalanes, ¿no forman parte de nuestra historia? Si la escuela les explica una historia donde aparecen como anomalías, les estamos diciendo que son subalternos, y no protagonistas del país donde viven.3. El vacío político. Asistimos al advenimiento de partidos altamente mixófobos que manipulan los datos para inventarse un pasado de homogeneidad inexistente. Buscan una sociedad que no negocia con la diversidad, sino que la criminaliza, evocando tiempos pasados de persecución contra las minorías. Este discurso gana adeptos precisamente porque no hay un relato público sólido sobre la memoria de las migraciones —el Factor M— que lo contradiga.Debemos ser valientes en la autocrítica: la identidad nacional que construimos no puede dejar a nadie de lado. El catalanismo no puede ser un proyecto excluyente, reservado a una élite que mira la diversidad desde la distancia. Porque sin memoria, la identidad es frágil: una identidad sin memoria no es identidad. Si un ciudadano no encuentra su trayectoria reflejada en el relato oficial, en los museos de historia o en el nomenclátor, difícilmente sentirá que el proyecto de futuro de Cataluña también es el suyo. La memoria no es solo recordar; es reconocernos como iguales en la artesanía de la historia.

Este peligro no es teórico. La lección de Francia nos enseña que tener la ciudadanía no implica tener la identidad. Millones de ciudadanos franceses no se sienten partícipes de su país porque el relato nacional los ha expulsado del pasado. Estamos a tiempo de actuar antes de lamentarnos en el futuro por aquello que no hemos hecho ahora.Es hora de hacer una política de la memoria en positivo. El trabajo de justicia restaurativa sobre la Guerra Civil y el franquismo es admirable, pero hay que abrir una nueva etapa institucional. Se pueden hacer muchas cosas si hay voluntad política:Reconocimiento parlamentario. Que el pleno del Parlament haga una moción de reconocimiento de la inmigración como patrimonio cultural inmaterial de Cataluña.Acción institucional. Que el Memorial Democrático amplíe su misión e incorpore el Factor M, sumando la memoria de las migraciones en un relato de continuidad histórica.Interculturalismo intergeneracional. Fomentar espacios de contacto entre las diversas oleadas migratorias para construir un nosotros intergeneracional, que conecte las luchas de ayer con las de hoy. Este sería el cuarto pilar de las políticas de interculturalidad, sumado a la igualdad de derechos, el reconocimiento de la diversidad y la interacción positiva.La memoria es sentimiento de pertenencia. Sentirse parte de la historia permite el reconocimiento como ciudadano de pleno derecho. Debemos ser conscientes de que la exclusión de la memoria es la primera forma de marginación. Quien no aparece en el relato del pasado difícilmente será parte del proyecto de futuro.A menudo miramos la inmigración como un reto del presente o una incógnita del mañana. Pero es, sobre todo, el motor estructural que ha construido la Cataluña que conocemos. Oscurecer esta realidad nos debilita ante los relatos que simplifican el pasado para excluir parte del presente. Solo si todo el mundo se reconoce en nuestra historia podremos decir, de verdad, que somos 8 millones.

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