Opinión 11/01/2022

El análisis de Antoni Bassas: "La independencia no es el proyecto de un hombre solo"

La reflexión del 'president' Torra es útil para entender que el independentismo político mayoritario está en un rellano, y que no se puede invocar la magia de un nombre, por más imbatible que sea, para cambiarlo todo, si junto al nombre no está todo el mundo. Y que el primero que lo piensa, esto, es el mismo 'president' Puigdemont

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Ayer situé el momento político en Catalunya entre la mesa de diálogo y el regreso del president Puigdemont, o sea entre la más absoluta tibieza del presente y un futuro sacudido por la potencia, el liderazgo y la dimensión del personaje pero de alcance y calendario muy inconcretos.

Hoy, Lídia Heredia ha entrevistado en Tv3 al presidente Quim Torra, y cuando le ha preguntado sobre el posible regreso de Puigdemont ha recordado, sencillamente, que “la independencia no es el proyecto de un solo hombre”, en el sentido de que pongamos que vuelve el president en el exilio protegido por la inmunidad de ser parlamentario europeo y España no lo detiene, se limita a interrogarlo pero lo deja en libertad, como ha pasado en Italia. ¿Qué hace el independentismo con este regreso? ¿Unas elecciones al Parlament? ¿Un movimiento en la calle?, se ha preguntado Torra. ¿Hay alguna estrategia detrás, compartida, colectiva? Ahora mismo no, porque estamos hablando de un futurible inconcreto y porque entre Esquerra y Junts no hay ninguna estrategia compartida, más allá de gobernar en coalición hasta vete a saber cuándo. Ni siquiera en Junts hay una idea precisa de lo que el retorno del president en el exilio tendría que desencadenar. 

Creo que la reflexión del presidente Torra es útil para entender que el independentismo político mayoritario está en un rellano, recuperando el aliento después de todos estos años y pensando en las elecciones municipales del año que viene, y que no se puede invocar la magia de un nombre, por más imbatible que sea, para cambiarlo todo si junto al nombre no está todo el mundo. Y que el primero que lo piensa, esto, es el mismo president Puigdemont.

¿Qué queda, pues? Ya lo ven: “Pedro Sánchez obvia las prisas de Aragonès por la mesa de diálogo”. Esquerra sabe que si de la próxima reunión no salen anuncios concretos el escaso interés que despierta esta mesa de diálogo se convertirá en escepticismo total.

Lo cual nos lleva al día de la marmota. Mañana el president Aragonès dará una conferencia en Madrid. Y hoy publicamos una página muy interesante que recoge un cuarto de siglo de conferencias de presidentes de la Generalitat en Madrid. ¿Qué han ido a decir? En el fondo, lo mismo. Han ido a Madrid a pedir reconocimiento. Jordi Pujol dijo en 1996 que Catalunya no quería ser un land alemán y que si no había reconocimiento habría “conflicto”. En 2003, meses antes de llegar a la presidencia, Pasqual Maragall vendió la reforma del Estatut como el “primer gran paso hacia el reconocimiento de la España plural”. En 2007, José Montilla advirtió en Madrid del riesgo de “desafección” si no había reconocimiento. Los presidents Mas, Puigdemont y Torra hablaron en tiempos políticos mucho más acelerados y cuando las peticiones de reconocimiento habían sido sustituidas por planteamientos de estado propio, de referéndum o de independencia.

Estamos aquí, otra vez, en una conferencia en Madrid, reclamando reconocimiento (ahora, reconocimiento de la gravedad de lo que hemos vivido) con un recorrido de 10 años que no es un tiempo perdido, pero que todavía está por concretar. Y la concreción, como dice el president Torra, pide una unidad que no se ve en ninguna parte. 

Un recuerdo para los exiliados y para los represaliados. Y que tengamos un buen día.

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