Uno de los espacios de la biblioteca.
02/09/2026 - 13:15 h.
Escritor
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Las bibliotecas de Barcelona están en huelga indefinida desde el 26 de mayo, aunque sus reivindicaciones ya habían comenzado antes. Este martes, 1 de septiembre, cerraron durante la mañana 33 de las 41 bibliotecas de la ciudad en una demostración de fuerza del colectivo, que pide —exige— al Ayuntamiento de Barcelona y al Consorcio de Bibliotecas abrir una negociación. Desde el Ayuntamiento y el Consorcio aseguran que la negociación está abierta y emitieron un comunicado en el que explicaban que se han ofrecido una serie de cosas al personal de las bibliotecas, pero una de dos: o no es del todo así o lo que se ofrece no satisface las demandas de las trabajadoras en huelga (la gran mayoría de personal de las bibliotecas, y del sector del libro, son mujeres). ¿Cuáles son estas demandas? Mejora de los horarios, mejora salarial y reconocimiento profesional. Son reclamaciones llenas de sentido: muchas bibliotecarias hacen jornadas dobles de once y más horas al día que hacen imposible la conciliación familiar y, por supuesto, su retribución está muy por debajo de la importancia de su tarea. De aquí la necesidad del reconocimiento profesional, que naturalmente se ha de traducir en el sueldo que perciben.Pero también es necesario un amplio reconocimiento social de su trabajo. Hay que extender entre la ciudadanía, de manera mucho más consistente que ahora, que las bibliotecas brindan un servicio público imprescindible para una sociedad democrática que quiera facilitar el acceso a la lectura de todos los ciudadanos —especialmente de los niños y los jóvenes, pero de todos— con independencia de su procedencia, clase social o poder adquisitivo. Hay que subrayarlo. Facilitar el acceso de los ciudadanos a la lectura: esta es la tarea de las bibliotecas, y no es un trabajo fácil. Se forman y se actualizan de forma altamente exigente para poder realizarla. Y hay que insistir en ello, porque el trabajo de las bibliotecarias no es de asistentes sociales, ni de dinamizadoras ni de técnicas en atención a las familias. Todos estos trabajos también son necesarios, pero no son los trabajos que debe hacer una técnica o técnico de bibliotecas. Una biblioteca pública tampoco debe ser un refugio climático, ni tantas otras cosas.Una biblioteca promueve la lectura entre los ciudadanos. Esto es de una importancia enorme. Para poner ejemplos, es infinitamente más importante el trabajo de una bibliotecaria que el de todos los futbolistas de Primera División, o el de todos los “políticos” que no se dedican a nada más que a repetir lo que les ordena su partido. El acceso a la lectura es un servicio público tan importante como el que dan los docentes y los profesionales sanitarios, que, por cierto, no es casualidad que estén luchando también por la dignificación de su profesión, en ambos casos. Vivimos días en los que se pretende negar la dignidad, la importancia y la viabilidad de los servicios públicos: por eso mismo, hay que defenderlos más que nunca. Ir contra los servicios públicos de primera necesidad —la biblioteca lo es— es ir contra nosotros mismos como ciudadanos.

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