En la Barcelona de 1761 la gente manejaba una ametralladora de murmullos. El pleito de Maria Badia contra el Gremio de Carpinteros y el carpintero Pere Campañà era guerrilla urbana. Ella era revendedora y defendía el derecho de comprar y vender madera de pino. Hubo litigio. No fue la única: Isabel Surroca, Gertrudis Rius, Agnès Capella, Teresa Prats, Eulalia Alabern… Había muchas mujeres. Y antes. Y después. Y no estaban por los pollos. Porque las que tenían el restaurante eran ellas.
Tenemos bombas, bravas, berberechos, calamares, champiñones… El Gremio de Tenders y Revendedors fue un gremio mixto durante ciento cuarenta y cinco años. Entre 1624 y 1768. Tenemos mujeres y mujeres que vienen. Mucha teca. Mucha comida, pero también otras cosas, como la madera, que si quieres te puede hartar. El descubrimiento es de la historiadora Mercè Renom. Este ñame-ñam hace saltar por los aires la historiografía catalana que creía que los gremios barceloneses fueron exclusivamente de hombres. Su trabajo, Revendedoras. Género y trabajo en Barcelona (siglos XV-XIX), se ha podido hacer gracias a la beca de investigación del Antiguo Gremio de Revendedores de Barcelona. Hemos hablado de estos marcianos barceloneses en la tierra.
¡Los revendedores son unos tipos, de carne y hueso, que están aquí desde 1447! Sin cesar. Sin coitus interruptus. No hay nada igual en Europa. Ni en el mundo. Ellos son Barcelona y Cataluña. Y el Universo. Pero hoy tiene más autoridad real y moral uno brunch de PVC, desganado, carísimo ruinoso, que ellos. Es más legal la drogadicción a un Cobismo de centro de desintoxicación de la nostalgia muerta, de una Barcelona que ha dejado de ser capital de Catalunya, que ellos. Lo que es Barcelona le han dicho que no es Barcelona. Y ahora Barcelona es algo que no es Barcelona. Si Barcelona es moderna, es para los revendedores. Ellos son la Barcelona rebelde. La Barcelona antisistema. Y ellos tienen un arma.
Los revendedores ya no son un gremio poderoso como antes. Pero desde su plataforma de misiles de la plaza del Pi lanzan proyectiles culturales al cielo de Barcelona. A la ciudad sólo le queda la cultura para ver quién es realmente.
No la cultura de tortura que ahora une pseudointelectuales barceloneses sin neurona: independentistas, federalistas, espanyolistas, animalistas, tiquismiquistas, tanto semenfotistas, acelgas solelladistas que se dan cuenta depresivos (2026!) que Barcelona está cayendo. Traducido, significa que se quedarán sin sus bares, restaurantes, bunkers de espejos sectarios en los que practican el onanismo de escribir y hablar de ellos. Les suda Barcelona y barceloneses. Y por Cataluña no las viene nada. Hablamos de otra cultura que no está al alcance existencial de estas criaturas que no son líderes de la ciudad: son mascotas de la ciudad.
Barcelona son los revendedores igualando un gremio mixto de hombres y mujeres. Haciendo las primeras reglas antimonopolio por la economía. La proto seguridad social catalana. ¡Los primeros diablos son los de los revendedores! Etcétera. Infinito. Cultura: civilización contra barbarie de barbacoa.
Ellos son las barricadas barcelonesas: no las de comunistas, anarquistas, expatos, brunchs, sombreros mexicanos lisérgicos, fantasmas sin sábana… ¿Por qué hay una Barcelona que cae y otra que no? Cae lo que no es verdad. Y vive de pie la verdad. Barcelona es este 1447. ¿Qué harían todas las Marias Badia en la Barcelona de hoy? Si se caen los revendedores ya no hay Barcelona. Solo quedan ellos. En las armas, barceloneses.