Crítica de tv
Opinión 16/12/2020

De 'Gran Hermano' a la prisión

Cuanto más violento se volvía el Yoyas más risas y aplausos recibía

Mònica Planas
3 min

Esta semana se ha hecho pública la condena al que fue uno de los personajes televisivos más populares durante bastante tiempo, Carlos Navarro el Yoyas. Casi seis años de prisión por maltrato habitual en el ámbito familiar, contra su mujer y sus dos hijos. Ha perdido la patria potestad de los niños durante cuatro años y tendrá que cumplir una orden de alejamiento. Carlos Navarro fue el primero expulsado de Gran Hermano por motivos disciplinarios, precisamente por su carácter violento. Ahí ya amenazó a varios concursantes, entre ellos la chica que se acabó convirtiendo en su pareja, Fayna Bethencourt. Es ella quien lo ha denunciado reiteradamente en los últimos años. Su apodo televisivo, el Yoyas, ya anunciaba el secreto de su éxito mediático: la violencia. Solo hay que navegar por YouTube buscando fragmentos televisivos de Carlos Navarro para tomar conciencia del montón de programas que lo contrataron. Se lo ve amenazar a personas del público, intentar golpear a un hombre con un micrófono, agredir a un contertuliano, embestir a una invitada, tirar un vaso de agua a la cara de una concursante, insultar de manera salvaje, gritar y exhibir una gestualidad cargada de ira. Hacía metáforas groseras, pareados chapuceros y amenazas llenas de ingenio. Los programas lo contrataban precisamente porque con esta conducta garantizaba el espectáculo. Cuanto más violento se volvía, más risas y aplausos recibía. Para los programas de zapeo Carlos Navarro era una mina.

A pesar de haber sido expulsado de Gran Hermano 2, participó en los debates que se hicieron en ediciones posteriores. Fue colaborador del Canal Català, del Crónicas marcianas, del De buena ley, participó en los debates de La isla de los famosos y de La Jaula. Fue colaborador de Jordi Évole en Salvados, donde hacía la sección Apatruyoyando, donde disertaba sobre política y lo que hiciese falta mientras daba vueltas en un coche por L'Hospitalet. El Yoyas se transformó en una especie de justiciero social, que reivindicaba los derechos de los pobres. Este rol lo llevó, en un ataque de megalomanía, a tener aspiraciones políticas. Se integró en Ciudadanos y, más tarde, a un partido llamado Decide, con el cual ganó el acta de regidor de Vilanova del Camí. La televisión es una plataforma que reviste de autoridad a personajes execrables.

Carlos Navarro no engañó a nadie. Siempre se mostró como una persona muy violenta y la televisión normalizó su conducta. El Yoyas es un caso extremo de un tipo de masculinidad habitual en la televisión y que desgraciadamente todavía colea. Especialmente en el ámbito del entretenimiento y el humor hemos aguantado a presentadores, colaboradores y tertulianos chulos, prepotentes, arrogantes, desafiantes, gamberros, irreverentes, fanfarrones, malhablados, provocadores y sinvergüenzas. Algunos han visto en esta actitud la única manera de hacerse un hueco ante las cámaras. Y este talante insoportable, que solo se ha tolerado en los hombres, se ha confundido con la seguridad, el ingenio y el sentido del espectáculo.

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