El papa León XIV en Montserrat.
11/06/2026
Escritora
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La elección del catalán por parte del Papa en su visita a Montserrat es un gesto importantísimo por lo que tiene de “lógico”. Había, en el monasterio, grupos de fervientes que se dejaban oír mucho. Los “jóvenes del Papa”, que rimaban “León” con “mola mogollón” o el señor que gritaba “¡Viva el Papa y viva la virgen!”. Al lado de esto, el feligrés que probó un nuestro “¡Viva Su Santidad el Papa!”, tuvo mucho mérito, porque los catalanes —lo saben urbi et orbi—no somos tan expansivos.

En Montserrat el catalán es “natural”, como lo son los caracoles en una fiesta de caracoles. El Virolai, con letra de mossèn Cinto, que es uno de los personajes clave de la historia del cristianismo, habla con sorprendente familiaridad de la virgen de Montserrat, la Moreneta. Sin esta palabra en catalán no se entiende la historia del monasterio. “El Papa habla italiano y muchas lenguas, y que haya hablado en catalán es porque viene del latín”, he oído decir a un feligrés, de vuelta en el cremallera. En su cabeza, las palabras del Papa (hablando justamente de la virgen) en catalán legitimaban la lengua.

El catalán es natural, es normal y es estructural en Cataluña y necesario, del todo, en la conformación de la identidad del arco mediterráneo. Cuando me preguntan qué soy digo que soy catalana y cuando me preguntan de dónde soy digo que soy del Mediterráneo. Somos un grupo de gente, alrededor de este mar que casi es un lago, que compartimos una manera de vivir que no se parece a ninguna otra. Comemos en grupo y festivamente, con excusas de la tradición cristiana. Hacemos pan, vino y aceite, los tres alimentos de esta cultura, de la cual provenimos. Nuestras lenguas, músicas, comidas nos complementan. Pan, pain, pane, vino, vin, vino, aceite, huile, olio...

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