Ceuta todavía está ahí

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El desalojo de inmigrantes en la playa de Benítez, en Ceuta, el martes 29 de septiembre.
29/09/2026 - 18:01 h
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La crisis política y social que ha explotado con el desahucio de Maricarmen, y que este martes ha llegado al Congreso, ha hecho olvidar en buena parte la crisis política y social causada por la entrada masiva de inmigrantes por Ceuta, los pasados días 30 y 31 de julio. De alguna manera, es como si una crisis hubiera tapado la otra y, frivolizando un poco, como si la de Ceuta fuera la crisis de verano, mientras que la de la vivienda fuera la de inicio de curso. En ambos casos, la opinión pública reacciona con la misma pregunta: ¿qué repercusión tendrán estos hechos sobre el curso electoral? Más en concreto: ¿tiene todavía alguna opción Pedro Sánchez de revalidar la presidencia? Si es Feijóo quien finalmente gobierna, ¿con qué pactos con Vox lo hará? En ambas opciones, lo que pase a continuación no será como el 2023: se producirá, previsiblemente, una redefinición del panorama político, en forma de batacazo profundo. Estas cuestiones son las que tienen en alerta a una gran parte de la opinión ciudadana, mucho más que la desdicha de los inmigrantes o la de los desahuciados. Esto, claro, también forma parte de la deshumanización de los pobres, una de las constantes de nuestros días.De esta deshumanización Ceuta ha sido y es un ejemplo bien representativo. Los inmigrantes que han quedado atrapados en la colonia (en la ciudad autónoma, en lenguaje administrativo), los que murieron los primeros días, los que han pasado hambre y sed y privaciones, han gozado de muy pocas contemplaciones. Se han incendiado campamentos de personas desvalidas, se han perpetrado cacerías de inmigrantes y se han hecho llamamientos abiertos al odio, al asesinato, a la cruzada y a la defensa de España por la vía más violenta posible. El inmigrante ha sido puesto literalmente en el punto de mira e incluso los niños hijos de inmigrantes han sido tachados de invasores que no merecen ningún tipo de consideración, incluso por parte de partidos y representantes políticos que se dicen a sí mismos liberales, centristas, moderados y demócratas. La gestión del gobierno de España ha sido lenta, farragosa y lastrada por la incomprensible servidumbre de los gobernantes españoles a los marroquíes; la del gobierno de Ceuta ha sido desleal e intoxicadora. Pero aún más preocupante que esto ha sido la apertura de las compuertas del odio para que salieran los viejos discursos que niegan a las personas su condición humana, el tipo de discursos que preceden a las matanzas o a las oleadas de ejecuciones.

También sufren una descarnada deshumanización las víctimas de la especulación y los desahucios. Por eso —otra vez, más allá de las repercusiones políticas que pueda tener el caso— es interesante la indignación ciudadana ante la imagen de una compañera de especie (tomo prestado el término de Donna Haraway, que ella amplía a las especies animales) a quien se le ha querido arrebatar, como a tantos y tantas otras, el lugar de residencia y la misma dignidad humana. Esta indignación, esta reacción colectiva ante un caso particular, es una forma de rehumanización. Y por eso es una excelente noticia, en medio de todo.

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