Al día siguiente de que los respectivos grupos parlamentarios aplaudieran con fervor cristiano (de beatos falsos, de sepulcros blanqueados) en el Congreso las palabras de León XIV contra la xenofobia y la prioridad nacional, el PP y Vox invistieron al nuevo presidente de Castilla y León con un acuerdo de gobierno basado principalmente en este concepto. Es hipócrita y es contrario al espíritu y a la letra de todo aquello que dicen defender, desde la Constitución hasta la Carta de Derechos Humanos, pero estaba completamente cantado que sería así. Castilla y León no sería una excepción a lo que ya ha pasado en Extremadura y Aragón, ni a lo que con toda probabilidad pasará también en Andalucía. De hecho, en las comunidades que no han tenido elecciones este pasado invierno pero que también están gobernadas por acuerdos o pactos del PP con Vox, la prioridad nacional también se ha incorporado a la hoja de ruta como condición indispensable para mantener los gobiernos. El esquema es siempre el mismo: Vox pone un bloqueo al PP y no lo levanta hasta que el PP no firma un largo documento en el que se compromete a aplicar, en su acción de gobierno, las exigencias de Vox. Como Vox es un partido completamente vertical y jerárquico, hace siempre las cosas de la misma manera en todas partes, de modo que es absolutamente previsible.La primera de estas exigencias es la famosa prioridad nacional, que conceptualmente implica la institucionalización del racismo y la xenofobia, y en la práctica significa un recorte severo en el acceso de los inmigrantes a los servicios públicos. Es, por cierto, exactamente la misma receta que propone Alianza Catalana en Cataluña, y es también el “Primero los de aquí” característico del populismo fascista. Rima bien con la política migratoria de la Unión Europea, que, como acaba de certificar la abogada general del TJUE, exporta inmigrantes a prisiones de países extracomunitarios sin ninguna garantía en cuanto a sus derechos fundamentales. Sin eufemismos: para que los vean y los maten en estos otros países, que a cambio reciben el correspondiente estipendio.Volviendo a la prioridad nacional de Vox y el PP, lo que no saben muchos de sus partidarios es que los recortes de servicios públicos y de derechos que aplauden que se apliquen a los inmigrantes mañana se aplicarán también contra ellos. Oír a Mañueco (el presidente de Castilla y León se dice así, y además repite en el cargo) balbucear excusas vagas para quitar importancia al acuerdo es un triste aviso de las justificaciones que sus votantes tendrán que buscar cuando se den cuenta –si se dan cuenta– de que en el fondo de todo ello está el desmantelamiento del estado del bienestar, primero, y de la democracia misma después, o simultáneamente. Todo ello, aderezado con fogatas de mal gusto desafiante: la presidenta de Extremadura, María Guardiola, que hace un par de años afirmaba tener como línea roja gobernar con Vox, ahora pone los recursos y la fuerza para crear una porquería llamada Extremestiza, para exaltar con dinero público las figuras de los expoliadores extremeños de América Latina, Hernán Cortés y Francisco Pizarro. Y lo que es peor, con Nacho Cano de asesor musical.