Degradar la escuela pública (ahora con la policía)

Un grupo de alumnos entra al instituto escuela Mirades, en el primer día de curso
30/04/2026
Escritor
2 min

Se han vuelto frecuentes los intentos de asociar la escuela pública con la idea de conflicto y de espacio no seguro para los alumnos. Lo intenta la derecha de PP y Vox en Baleares y en el País Valenciano, presentando los centros de primaria y secundaria como escenarios de una pugna lingüística, donde los docentes, según ellos, quieren “adoutrinar” a los alumnos en el aprendizaje de la lengua catalana. El mensaje es que vayan a la privada y a la concertada, donde ni los alumnos ni los padres tendrán que afrontar ningún tipo de disyuntiva: en caso de duda, apþntense siempre con el más fuerte.En Cataluña, es un gobierno que se dice progresista, del PSC, el que plantea poner policías de paisano en escuelas e institutos. No dentro de las aulas, puntualizan. No para ejercer la docencia, puntualizan. Menos mal. Son policías formados en mediación, aclaran, que solo han de actuar cuando sea necesario (¿cuándo es, exactamente, eso?). Se entiende que no irán armados y que su función no será punitiva. Cuantos más matices ponen, aún suena peor.No lo explicaré mejor de lo que ya lo ha hecho David Fernàndez, pero querría subrayar que la sola idea de introducir los cuerpos policiales dentro de la escuela pública es una aberración. La policía sólo debe hacer acto de presencia en los centros de enseñanza en casos muy concretos, pero no tiene ni debe tener ningún papel dentro de la comunidad educativa, y menos aún en el día a día de las escuelas e institutos. La idea que se transmite vuelve a ser que la escuela pública es un lugar no fiable. Tan peligroso, de hecho, que requiere vigilancia policial. El mensaje vuelve a ser el mismo: padres, evitad a vuestros hijos estos lugares no seguros. Mientras tanto, hay en curso una gran huelga educativa con una larga lista de reivindicaciones (algunas tan antiguas como las ratios), entre las cuales no figura ninguna que ni remotamente se parezca a tener policías de paisano en las escuelas e institutos.Un buen maestro, o profesor, ejerce, dentro del aula, una forma muy especial de autoridad, que no tiene nada que ver con la del policía. Los buenos maestros y profesores de la pública, que son la mayoría, enseñan a poner en cuestión, y al mismo tiempo a respetar, la autoridad (la suya propia y, por extensión, todas las formas de autoridad). Es un equilibrio delicado, difícil, finísimo. La función social del docente y la del agente de policía no son complementarias. No suman. Por supuesto que la policía hace un papel necesario en la sociedad, pero su presencia en la escuela no hace más que desvirtuar, distorsionar y degradar el ecosistema educativo con una grave sombra de sospecha.Tal vez si todos los gobiernos de todos los colores no hubieran caído en la tentación de ir superponiendo leyes educativas a lo largo de los años no se habría llegado a este punto. En cualquier caso, la función de un gobierno democrático —especialmente si se dice progresista— es velar, por encima de todo, por los servicios públicos, para que haya sanidad y escuela para todos y de calidad. Esto se hace escuchando a los profesionales y multiplicando los recursos. No enviándoles la policía.

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