09/05/2022

La equidistancia retorcida de La Sexta

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El viernes por la noche el programa de reportajes La Sexta columna de La Sexta emitía España y sus mitos: el imperio contraataca. La tesis del programa, expuesta y avalada por Antonio García Ferreras en una exposición inicial, quería demostrar –qué novedad– cómo la política versiona la historia. El ejemplo de arranque era el de Franco con la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, El Mío Cid, y cómo actualmente Vox se había aprovechado del personaje para vender el ultranacionalismo y la necesidad de una nueva reconquista de España. La cantilena de una locución llamativa, disimulada e impertinente aseguraba, como si hiciera un favor a la audiencia, que “toca desmontar nuestros mitos ahora que el imperio contraataca”, refiriéndose al partido de Santiago Abascal. Pero la estrategia tenía un plan más malintencionado y manipulador que quedaba escondido en el segundo tramo del reportaje: España y sus mitos: el imperio contraataca servía para cargar también contra los nacionalismos catalán y vasco, equiparándolos a Vox. He aquí la equidistancia progre y tolerante de La Sexta.

Para profundizar en las manipulaciones de los independentistas catalanes se acogían a la malvada figura del Dragui, el dragón rosa de dibujos animados que a finales de los años 80 explicaba la historia a los niños en Tv3. Criticaban que aquel adoctrinamiento mediático ya sustentaba la farsa de que la Generalitat se había fundado en el siglo XIV y que todos los presidents contemporáneos, como Mas, Puigdemont y Torra, eran los sucesores del primer presidente de la época medieval. Para avalar la tesis utilizaban, en el tono burlesco e insolente que caracteriza el reportaje, unas imágenes de archivo donde un miembro de Ciutadans se burlaba de esta teoría alegando que no se había contado ni a Legolas ni a Conan el Bárbaro como otros presidents catalanes. Para demostrar el descaro con el que el independentismo tiene tendencia a estafar añadían cómo se había engañado a la gente con la teoría de que Cristóbal Colón era catalán, como si fuera una tesis popularmente aceptada. Para acentuar el esperpento, cada vez que hablaban del personaje utilizaban la imagen del cantante Javier Gurruchaga disfrazado de Colón, dando un aire grotesco al supuesto relato independentista. A continuación les tocaba el recibir a los vascos, y tildaban de farsa la leyenda del pueblo vasco resistiéndose a la conquista del Imperio Romano comparándolos con Astérix y Obélix.

El reportaje sólo incluía a catedráticos e historiadores con el mismo punto de vista. No había un contraste de opiniones para equilibrar el relato. La Sexta columna elaboraba un discurso retorcido, simplista y deformado, que no admitía matices y que convertía a vascos y catalanes en un equivalente del fascismo manipulador, ignorante y agresivo. Reducía el nacionalismo catalán y vasco a una parodia engañosa, tonta y perversa construida con la maledicencia de gobernantes que jugaban a confundir un pueblo imbécil y adocenado que los enaltecía. La Sexta columna, como en otras ocasiones, desprendía una catalanofobia y una vascofobia desacomplejadas. Sobre todo porque utilizaba a Vox y a la ultraderecha para redefinir el independentismo y adoctrinar sobre vascos y catalanes.