Hantavirus: más vale que nos vayamos acostumbrando

El crucero de lujo MV Hondius afectado por hantavirus en Cabo Verde
07/05/2026
Exsecretario de Salud Pública de la Generalitat
3 min

La noticia de la aparición de un brote infeccioso por hantavirus en un crucero de lujo en aguas del Atlántico ha saltado a todos los medios de comunicación y ha ocupado grandes titulares. El recuerdo de hace seis años con la pandemia del coronavirus ha resurgido. Palabras como aislamiento, cuarentena o R0 han resonado. ¿Ya estamos otra vez?

No. No se trata de lo mismo, ni mucho menos.

El hantavirus es un virus que se transmite por la inhalación de partículas procedentes de las defecaciones y la orina de roedores infectados, que pueden producir hemorragias o graves problemas respiratorios en los seres humanos y que, incluso, pueden causar la muerte. Distinguimos las variantes asiáticas y la variante Andes, propia de Sudamérica, más grave y la única con capacidad de transmitirse de persona a persona. Esta última es la que está afectando a los pasajeros y la tripulación del crucero.

Para que aparezca una pandemia –es decir, una epidemia que afecta a una gran extensión territorial– se necesita un agente infeccioso con una alta transmisibilidad y virulencia, una población susceptible y una densidad de personas relativamente alta. La globalización y la facilidad de hacer viajes internacionales a gran distancia, junto con unas condiciones ambientales favorables –a menudo facilitadas por el cambio climático–, ayudan a que una pandemia se produzca.

No es la situación en este caso. Tenemos un virus poco transmisible: el hantavirus de los Andes tiene un R0 –índice reproductivo básico, que indica el número de personas que puede contagiar, de media, una persona infectada– bajo, inferior a 1. Por ejemplo, en la covid estaba entre 2 y 3, y en el sarampión está entre 12 y 18. Por otra parte, su transmisión persona a persona es difícil, aunque en este caso es la vía más posible de transmisión. La población susceptible es alta, porque no existe prácticamente inmunidad previa ni vacuna, pero, en esta situación, solo puede afectar a la gente que está en el barco. Es, por tanto, limitada. Ciertamente, la letalidad es alta, en torno a un 30%-40%, y el período de incubación es largo, entre una y tres semanas, aunque puede llegar a ser de hasta siete semanas, lo que dificulta su identificación temprana. A pesar de todo, el riesgo de pandemia en nuestro país en relación con este caso es bajo. La OMS ni siquiera ha declarado la emergencia de salud pública de alcance internacional. Es un problema grave, pero localizado y controlado. Aun así, para la tripulación y los viajeros del barco, el riesgo es importante.

Ahora bien: más vale que nos acostumbremos a este tipo de alertas. Cada vez habrá más.

Este tipo de infecciones, frecuentemente producidas por virus y transmitidas por animales –las zoonosis–, van en aumento cada vez más. Se calcula que cada año aparecen cinco nuevas enfermedades humanas, de las cuales tres son de origen animal. El 60% de las enfermedades infecciosas que afectan a los humanos son de origen animal y el 70% de las enfermedades emergentes y casi todas las pandemias conocidas son zoonóticas. El cambio climático, los cambios de usos de la tierra, la expansión agrícola, la urbanización, el turismo y el contacto con especies animales exóticas están en la base de esta expansión. Añadámosle la globalización y la alta movilidad de seres humanos y mercancías y tenemos los ingredientes necesarios para su expansión. Según la revista Nature, en los próximos cincuenta años se producirán 15.000 intercambios de virus y parásitos entre animales y humanos. 300 por año hasta 2070.

Desgraciadamente, este tipo de crisis sanitarias no van solas. La situación de percepción de crisis que generan implica una cobertura mediática muy amplia, amplificada por las redes digitales. Surge la infodemia, un término popularizado durante la pandemia de la covid referido a la sobreabundancia de información, que generalmente no se contrasta y puede contribuir a difundir informaciones falsas o interesadas que pueden acabar minando la credibilidad de las instituciones y la misma información científica rigurosa. El brote infeccioso se transforma en un arma política arrojadiza, con todos los riesgos que comporta.

Viendo los cruces de acusaciones y noticias falsas que se han emitido en el estado español estos últimos días respecto al posible traslado del crucero y de sus viajeros y tripulantes –enfermos incluidos– a algún puerto de las Islas Canarias, es evidente que este brote es un ejemplo de todo ello.

Es necesario que todo el mundo tenga claro que los brotes epidémicos y este tipo de enfermedades, si bien comportan importantes contenidos comunicativos e, incluso, políticos, no son problemas comunicativos ni políticos: son problemas de salud pública. Hay que recordarlo. Ya tuvimos bastante durante la covid de hace seis años.

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