A menudo se publican encuestas que preguntan a la población, o a colectivos específicos, cuáles son los temas que más le preocupan. Pocas veces nos sorprenden los resultados. Esta falta de sorpresa responde, básicamente, a dos principios: el de intensidad mediática y el de proximidad. El principio de intensidad mediática dice que, cuanta más cobertura recibe un tema en los medios, más relevante lo percibimos. El principio de proximidad, por su parte, opera cuando el problema afecta directamente nuestro día a día o el de alguien cercano a nosotros.
La última encuesta trimestral a los economistas de Cataluña situaba las infraestructuras como el principal problema del país, seguido, en segundo lugar, por el déficit fiscal. Esto ha generado algunos titulares, porque las infraestructuras han desbancado el déficit fiscal, que suele ocupar el podio. Este cambio corresponde a la situación destapada a raíz del descarrilamiento de Gelida y de la afectación a muchísimos ciudadanos. Pero, si lo miramos de cerca, el estado de las infraestructuras es una consecuencia directa de este déficit fiscal, concretado en un déficit de inversión acumulada estimado en 3.000 millones de euros solo en Cercanías. En el fondo, estamos hablando del mismo problema.
Los economistas también destacan, en tercera posición, el problema del acceso a la vivienda. En el Barómetro de Opinión Pública, en cambio, este tema se situó como la principal preocupación para la ciudadanía en las tres encuestas del 2025. Así pues, hay diferencias entre las encuestas dirigidas a colectivos específicos, como los economistas, y las que se hacen a la población general. Las primeras ofrecen una mirada especializada que identifica cuellos de botella y posibles palancas de cambio para mejorar el funcionamiento de la economía. Las segundas, en cambio, recogen una percepción más amplia, en la que pesan más los factores sociales e inmediatos.
Queda por ver si en la primera oleada del Barómetro de Opinión Pública del 2026 se reflejará la crisis de Cercanías. Quizás, como me decía un usuario habitual, “nos han cocinado al baño maría y hemos acabado aceptándolo todo”. También puede ser que el tema ya quede demasiado lejos y otros acontecimientos más recientes le hayan pasado por delante, como las consecuencias de la guerra con Irán. Lo que sí que tenemos asegurado es que el acceso a la vivienda continuará estando en el podio de preocupaciones. Desgraciadamente, tanto el déficit fiscal, en cualquiera de sus formas, como la vivienda son problemas estructurales con soluciones complejas y a largo plazo.
Llegados aquí, hay que preguntarse: ¿hasta qué punto sirven las encuestas de opinión? En principio, pueden ayudar a establecer prioridades políticas, sociales y económicas, tanto para los gobiernos como para los partidos, que encuentran en ellas una base para construir discursos y propuestas. Solo necesitan vigilar no confundir los síntomas con las causas y acabar poniendo parches sin abordar el problema de fondo.