Tráfico intenso en la AP-7 a la altura de Castellví de Rosanes la tarde de la operación salida del fin de semana largo del 1 de mayo.
26/07/2026 - 21:00 h.
Economista
2 min

Durante las últimas décadas la inflación ha tenido una imagen muy clara. Era la botella de aceite, la barra de pan o la cesta de la compra. Las familias acudían al supermercado y comprobaban que, con el mismo dinero, llenaban menos el carro. Esa sensación marcó el debate económico durante mucho tiempo.

Hoy la inflación sigue presente, pero ha cambiado de naturaleza.

Los últimos datos del IPC muestran que los alimentos ya no lideran las subidas de precios como ocurrió durante la crisis inflacionaria. En cambio, ganan peso los servicios y algunos gastos imposibles de evitar: seguros, reparaciones, educación, hostelería, telefonía o determinados suministros registran incrementos superiores a los de muchos bienes de consumo. La inflación general sigue alrededor del 3%, pero su composición ya no es la misma.

Puede parecer un matiz estadístico. En realidad, cambia la forma en que las familias perciben la pérdida de poder adquisitivo. Me explico: cuando sube el precio de un electrodoméstico, muchas personas pueden retrasar la compra unos meses o esperar una oferta. Sin embargo, con muchos servicios no existe dilación posible. El seguro del coche llega cuando llega. La revisión dental difícilmente admite aplazamientos. El recibo de determinados suministros o el precio de muchas actividades cotidianas forman parte del presupuesto mensual de los hogares.

Por eso esta nueva inflación es menos visible, es más persistente y difícil de gestionar para en los presupuestos familiares. Ya no se concentra en un producto concreto que acapara titulares. Se reparte entre numerosos gastos que, uno a uno, parecen asumibles. Sumados, acaban afectando la capacidad de consumo de muchas familias.

Este cambio también tiene consecuencias para las empresas. Durante la crisis energética bastaba con explicar que habían aumentado el coste de las materias primas o del transporte. Hoy una parte creciente de la presión procede de los gastos generales. Son incrementos más difíciles de absorber y también más difíciles de revertir.

Mi recomendación para las finanzas personales es no abandonar el seguimiento de cuánto cuesta llenar el carro de la compra, pero dedicar más atención al conjunto de pequeños pagos que realizamos a lo largo del mes. Muchas veces es ahí donde se produce el verdadero desgaste del presupuesto familiar.

La inflación es así. Cambia de forma, de sectores, de protagonistas. También cambia la manera en que afecta a la economía doméstica. Comprender ese desplazamiento resulta casi tan importante como controlar los precios de los supermercados. Es verdad que con la guerra de Ucrania y Oriente Medio lo hemos vivido en electricidad y combustible, pero ahora es mucho más difícil de combatir. Es la otra inflación.

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