26/02/2022

La libertad de Ucrania

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La libertad de Ucrania

Mi primer recuerdo de refugiados cruzando fronteras es la de los 180.000 que lo hicieron hacia Austria en el 56 a raíz de la invasión soviética de Hungría. Hoy contemplamos asombrados una invasión que viene del mismo lugar. La primera prueba a la cual se enfrentará Europa (la UE y el Reino Unido) será la de acoger a los nuevos refugiados con decencia. Se hizo en el 56 y no podemos fallar ahora.

Hungría tardó 33 años en recuperar la libertad. Esta vez tendrían que ser menos, pero no serán pocos.

El conflicto será largo. Solo hay una circunstancia que podría hacer que lo ganara Putin: que Europa fuera incapaz de formular una estrategia de combate de la contundencia adecuada. Y, a continuación, de implementarla con decisión. Soy optimista: creo que esta nueva crisis existencial también provocará que el buen liderazgo predomine sobre el guirigay y que Europa dé un paso adelante firme y a la altura del reto.

Putin seguramente ganará esta primera batalla y ocupará Ucrania. También se ha preparado con tiempo para aguantar las sanciones que vendrán, mientras que Europa no se ha preparado y se encuentra que las medidas económicas que pueden hacer daño en Rusia también lo hacen, y no poco, en sí misma. Ahora bien: este es el mejor momento para Putin. A partir de ahora el tiempo le va en contra. Cada día que pase bajo un régimen de sanciones la economía rusa se desgastará, mientras que la de Europa estará más y más preparada para permitírselas. Si en Europa, con los EE. UU., no le falta determinación puede ir tomando, al ritmo adecuado, medidas calculadas para infligir pérdidas en la economía de Rusia, y sobre todo en la de sus grupos dominantes. Además, lo podrá hacer minimizando los daños colaterales que recaigan sobre ella. Si Europa actúa con firmeza e inteligencia, ganará esta guerra y Ucrania volverá a ser libre. Es responsabilidad e interés nuestro que así sea.

La dependencia del gas ruso es una vulnerabilidad europea. Habrá que minimizar el uso. Esto podría impulsar la inversión en renovables, una cosa buena, pero también comportará precios más elevados de la energía. O quizás no. Una manera de infligir un golpe muy fuerte a Putin es incrementar la producción de gas y de petróleo en todo el mundo y hundir precios. La tentación de recuperar por razones geopolíticas la legitimidad del petróleo estará. Una mala noticia para las políticas de descarbonización .

La evolución del conflicto dependerá mucho de factores internos en Ucrania y en Rusia. La dignidad con la que el presidente, el gobierno, las fuerzas armadas y la ciudadanía ucranianos están haciendo frente, solos, al ejército invasor prefigura una resistencia intensa a la ocupación. Habrá que ayudarles. Pero no sabemos todavía como se desplegará y cuáles serán sus métodos, ni si el gobierno legítimo mantendrá el control de parte del territorio o irá al exilio.

Asimismo, todavía no podemos saber cómo se manifestará la opinión pública rusa. Todo -incluyendo la reacción de la bolsa- indica que la perspectiva de sanciones inquieta y que la cronificación de un conflicto en Ucrania no se vivirá con exaltación nacionalista por la mayoría de ciudadanos rusos. Occidente -los EE. UU. y Europa- tendría que transmitir al pueblo ruso un compromiso que en el pasado no se ha tomado con suficiente claridad: que considera a Rusia un país de cultura europea y que tan pronto como Rusia acontezca una democracia plena y respetuosa con la legalidad internacional la abrazará. Ojalá esto fuera parte de la resolución del conflicto actual.

¿Y China? De momento proporciona un apoyo a Putin que le permite tomarse la perspectiva de sanciones con ecuanimidad. Es una situación de conveniencias mutuas de la cual China extraerá acuerdos económicos favorables. Pero hay razones para dudar de que esta convergencia pueda llegar a ser muy profunda. Por la parte rusa es poco probable que sus ciudadanos, con una fuerte identificación europea, se sientan cómodos en una relación que de facto sería de dependencia de China. Por la parte china tenemos el hecho de que, como ya estamos viendo en las reacciones diplomáticas, la invasión de Ucrania no puede ser aplaudida por una China que no puede aceptar que las fronteras se vean alteradas por acciones bélicas desde el exterior. Tened presente que China, y prácticamente todo el mundo, considera que Taiwán es parte de su territorio. Además, un acercamiento de China en Rusia acentúa la polarización del mundo. Un bloque China-Rusia solidificaria un bloque EE. UU.-Europa, lo que no puede interesar en China, ni tampoco en Europa. Sería más lógica una situación en la que China modera a Rusia y Europa modera a los EE. UU. Ganar Rusia y perder completamente la voluntad europea de entendimiento, o, si lo queréis, perder la posibilidad de neutralidad europea en el conflicto con los EE.UU., no puede ser un buen negocio para China.