Los que matan al catalán
El catalán le han ido hundiendo personas que dicen que el catalán no estaba hundido. Mentideros. Farsantes. Caguetas lustrados y no ilustrados. Flipados por el más allá. Elija la muerte. Lo peor que hay en esta vida es que alguien te intente contar tu vida cuando no tiene ni puñetera idea, ni de la vida ni de tu vida. Se dice joder la mierda bajo la alfombra: la vas jodiendo para que no se vea nada hasta que va despegando esa cordillera, aquellos Pirineos… Y tropiezas y todo se enmerda. Sí, el catalán es la caca atómica.
¿Qué nos debe explicar? Todo es un insulto. Escopinar en la cara. Respeto porque hasta mis padrinos éramos monolingües. Gente sin estudios tenían más conocimiento que gente que dice tener estudios. Más sudor y menos títulos. El catalán le han ido matando, también, todos estos teóricos del catalán. Los que realizan análisis, encuestas, anatomías, taxidermias… Cerrados en laboratorios, bunkers. Discutiendo entre ellos como extraterrestre sin suelo. Alienígenas que no pisan las calles de los órganos musculares. El catalán también lo pelan los burócratas del catalán. No tienen ni idea porque la lengua se les muere en papeles, pantallas, en alfombras inventadas escondiendo la roña. Tirando píldoras cuando nos informan que el catalán lo aprende un 0,1% de la población klingon y no quieren oír que miles de personas que viven aquí desde hace décadas siguen sin saber ni decir sí o no en catalán. No quieren ni mirar lo que ocurre desde hace años: muchas familias catalanohablantes dejan de hablar catalán con sus hijos y también con el hámster, el cactus y todo ser vivo. Siguen creyendo que los pueblos son nirvanes y que todo el mundo es un pitufo catalanohablante. ¿Desvían las orejas reglamentarias para no sentir la violencia diaria contra los ciudadanos a los que les sale un pronombre débil, aunque sea por accidente nuclear, de la boca… ¿Y así todo desde hace…? Pero sus escritos, permutaciones, dicen que NO. Y yo les digo que SÍ porque estamos en el ataúd que todavía no han cerrado.
Tal como chirría: son catalanes, catalanohablantes, independentistas, liberadores de mundos albóndiga, de planetas piruleta… Pero negacionistas. Mata más la negación que la aceptación. Una nación nunca será una negación. Viven en burbujas, sectas, latas de sardina. Todos llevarían hoy a un centro de rehabilitación a Joan Sales y Joan Coromines por la sentencia que se intercambiaban por carta en 1959: "Hay problemas que más que los filólogos les resolverían los Mossos d'Esquadra".
Queremos ejércitos de personas hablando catalán por las calles, casas de sombreros, antenas, alcantarillas… Queremos pobres que hablen catalán, yonquis, marsupiales, contorsionistas, chatarreros, gestores del caos, maestros sanadores. Pagámosles, démosles un sueldo, dinero. No queremos influencers, queremos personas normales, naturales. Haga del catalán un trabajo, un oficio. Menestrales de la lengua. No queremos teóricos del catalán, queremos prácticos. El catalán debe ser una contaminación, un incesto, un incendio. Queremos analfabetos que hablen catalán; no queremos doctores que congelen el catalán. No queremos que nuestros hijos nos pregunten por qué sirve el catalán. No queremos que nuestros hijos sean los raros, los marginales, los malos por hablar catalán. Y que hoy muchos niños no quieran saber nada de la lengua de sus abuelos, bisabuelos… lo dice todo del coitus interruptus democrático, autonómico, intelectual, generacional, neuronal… Sólo para unos, claro. Porque la negación nunca es fecundación y la lengua necesita sexo.