¿En qué se diferencian un maestro y un mosso d'esquadra? El delincuente que el mosso ha detenido para llevarlo ante un juez ya ha hecho relativamente tarde en la vida. El maestro todavía está a tiempo de acoger al menor en la escuela y enseñarle cómo vivir de otra manera. Entre el mosso y el maestro hay un imaginario muy diverso: el mosso protege a los ciudadanos de otros ciudadanos que transgreden la ley. Imagina qué puede hacer para evitar que se repita el delito. De él dependen el orden y la seguridad. En cambio, el maestro no ve los delitos sino los errores, el maltrato, los problemas en casa. Debe amar al niño para defenderlo más allá de la simple supervivencia y mostrarle otro camino. Para el mosso se trata de aplicar todo el peso de la ley, penalizando las conductas que se la saltan. Los caminos del mosso y del maestro para proteger al niño son radicalmente diferentes. El primero protege a los demás de su comportamiento; el segundo lo protege de sí mismo.
Es muy importante entender esta diferencia para proponer un abordaje educativo de la violencia en el sistema escolar. La pedagogía transmite una cierta idea sobre qué es mejor para todos. Necesita tiempo. En cambio, la policía interviene de manera inmediata. Hay que impedir el acto de violencia y detener a los culpables. La pedagogía, la psicología, la educación social, son formas de entender compasivamente los problemas, como una gota de aceite que se extiende. En Barcelona, la Cooperativa Drecera facilita que los psicólogos vayan a las escuelas a escuchar a los niños en dificultades. Conozco esta experiencia desde dentro gracias a una compañera que va dos veces por semana a dos escuelas públicas para atender personalmente a estos alumnos. La función de escucha de los niños ha generado un efecto cascada a todos los niveles: otros niños piden “ir a hablar” y los maestros disponen de un espacio donde comentar inquietudes que emergen en el aula. Mientras el mosso detiene la agresión por la fuerza, quien trabaja en la escuela se adentra en el cómo y el porqué del conflicto: acoge, escucha y habla con víctimas y perpetradores. La fuerza de la palabra pacifica, alivia. Permite que las personas puedan encontrar una manera de decir en lugar de actuar impulsivamente. Por eso hay que preservar la palabra en la escuela.
El plan piloto de la Generalitat de Catalunya pretende hacer frente a los problemas de convivencia que sufren algunas escuelas e institutos desplegando mossos d'esquadra de paisano que trabajen como “agentes-tutores”. El gobierno defiende la función del policía de proximidad que puede ayudar a la convivencia haciendo de bisagra, tanto dentro como fuera. Y dice que este modelo también se ha implementado en otros países de la OCDE. Los argumentos son insuficientes ante la gravedad de la situación de emergencia educativa. Ir probando cosas cuando ya se sabe qué funciona es una manera eficaz de desviar la atención sobre los problemas reales y, encima, de poner en riesgo inútilmente las siempre precarias libertades civiles.