Una novela sobre la posguerra

Una imagen de la primera posguerra en Barcelona
11/01/2026
Periodista y escritor
2 min

En 1944 la familia de Robert Surroca se trasladó de la calle Muntaner 108 a la calle Rocafort 128 de Barcelona. Él tenía 10 años. Lo llevaron a estudio a una academia del barrio. Entramos…

"Los maestros catalanes, todo en castellano, no hace falta ni decirlo; cuando salíamos al patio incluso los chavales castellanohablantes, que había, todos en catalán. Quiero decir, en la calle entonces hablábamos catalán, al maestro cuando le ibas a preguntar algo en la mesa hablabas en catalán con catalán. vox populi, para levantarte, hacer preguntas, lo que sea, todo en castellano, lo típico de la época. Cantando el Cara al sol cuando entrabas, rezando y todas estas cuestiones…”

Con 14 años, a él y su hermano gemelo, los padres les dijeron o caja o faja: estudiar o trabajar. No eran buenos estudiantes y se pusieron a trabajar en la tocinería de casa. tíos. No sabíamos que los catalanes las pasaban magras, tenían problemas de vivienda y también emigraban, Increíble, insólito. Ya tardamos en hacer estudios socioanímicos-vegetales para superar traumas intergeneracionales para la minoría animal catalana.

Robert tuvo que esperar a los 18 años (edad legal de acceso) para poder leer libros en la Biblioteca Central a pesar de ser catalán y catalanohablante de generaciones, no había leído nunca en catalán. Curioso. tenía una historia. Y bien, el día que supo que la Biblioteca Central se decía antes de 1939… "Me di cuenta de que me habían engañado", dice. día y luchador de noche. Se hizo del Frente Nacional de Cataluña (1940), primera formación política loctite de los trozos de la Guerra. Hizo de todo. Desde el aparato clandestino: impresión y distribución de propaganda que llevaba por toda Barcelona con una Vespa para que después otros militantes lo repartieran por las casas; pintadas (con alquitrán) con los nombres de los asesinatos no oficiales: Manuel Carrasco y Formiguera, Lluís Companys, Joan Peiró…; formación de los militantes en seguridad; organización de los equipos para pasar la frontera... Mil acciones como la de la Diada de 1971 cuando hicieron sonar Los segadores a toda hostia con unos altavoces que yacían en la habitación de un hotel que daba a la calle Trafalgar… No nos acabaríamos el mandongo.

Hay muchos Surroca. Y muchos Surroca en Barcelona. En la ciudad de la posguerra. Pero no se preocupe: nunca saldrán a una novela sobre la Barcelona de la posguerra. Por catalanes, por hablar catalán, por inmigrantes catalanes, por ser de clases menestrales y por ser los primeros que luchan contra la dictadura que quería esquilarles, que les quiere seguir pelando. Y si alguna vez salen saldrán degollados: a trozos, al revés de lo que son y de lo que han sido. Quieren hacer tocino de los tocineros. Quieren la carne de los vivos. Cae más ahora Barcelona, ​​que en 1939.

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