¿Por qué Trump se ha atascado con la paz en Ucrania?
Mientras el objetivo central de las negociaciones está todavía lejos de cumplirse, los daños colaterales del acercamiento de Washington a Moscú se han notado en el Viejo Continente
WashingtonLas 24 horas con las que Donald Trump decía que pondría fin a la guerra de Ucrania se han ido estirando en días y semanas, hasta llegar al cuarto aniversario de la invasión rusa. Los dos adjetivos que ahora mismo mejor describen la diplomacia del presidente son performativa y estática: el enviado especial Steve Witkoff cogiendo aviones hacia Moscú; el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, viajando a Washington para que Trump le gritase ante las cámaras, y la alfombra roja en Anchorage para recibir a Vladímir Putin. Gestos que están lejos del objetivo central –poner fin al conflicto–, pero que han tenido importantes daños colaterales en el continente europeo: el número de muertes ucranianos y ataques rusos ha crecido bajo las negociaciones de Trump, y Europa ha visto que se ha quedado prácticamente sola frente a la amenaza rusa. Y Putin mira todo desde la comodidad de pensar que tiene el tiempo a favor.
"Putin cree que ahora mismo el tiempo juega a su favor. Cree que todavía está consiguiendo algunos avances en el campo de batalla y que sigue teniendo un enfoque muy maximalista con la voluntad de debilitar a Ucrania tanto como sea posible. Y de momento siente que puede conseguir un debilitamiento de Ucrania mediante la negociación", explica a de la American University. Martin señala que los esfuerzos de la administración Trump por intentar convencer al Kremlin de poner fin a la guerra han tenido un impacto casi insignificante, y los ucranianos y los europeos son los que más se están resintiendo de la nueva diplomacia de Washington.
Martin destaca que ha sido un año "dramático" para Europa al ver que Washington ha dinamitado muchos de los puentes de la vieja relación de socios y que Moscú ha cogido fuerza ante el descalabro. Los vuelos de drones rusos en el espacio aéreo polaco son un síntoma de que el Kremlin, realmente, ya está avanzado en su posicionamiento de guerra con los europeos. "Se puede decir que Rusia ya se encuentra en un estado casi de guerra con Europa. Quiero decir, quizás aún no sea militar, pero podría llegar a serlo en el futuro. Pero cuando hablamos de los drones, cuando hablamos de las campañas de desinformación, que son bastante agresivas en diferentes partes de Europa, hay una base sólida para definir que hay una guerra psicológica, y todo es también guerra psicológica". que sé que no todos los europeos están de acuerdo con la idea, existen bastantes factores que lo sostienen", apunta el experto.
El señuelo económico
Garret cree que, en el cara a cara entre Trump y Putin, es el ruso quien sabe leer al estadounidense. "Es extraordinariamente hábil, gracias a su formación en el KGB y también a que lleva 25 años en el poder. Es muy bueno entendiendo qué es lo que motiva a las personas y cuáles son sus debilidades. Y, en el caso de Trump, creo que probablemente le ha sido más fácil entender con qué conecta oa qué reacciona". Esto se ve especialmente en cómo Moscú está jugando la carta económica, señala el profesor: "Los rusos han estado planteando la idea de la oportunidad económica, que creo que resuena con Trump y la gente que le rodea. Han estado jugando esta carta que si mejoran la relación con Rusia, hay dinero para ganar y hay esos grandes proyectos económicos que podrían llevarse a cabo".
Una de las frases que Trump ha citado más en medio de las negociaciones ha sido, precisamente, la de reactivar los vínculos comerciales con Rusia. Una idea que muchas veces ha quedado enterrada por todas las demás declaraciones belicistas y subidas de tono del presidente. En la comparecencia posterior al encuentro con Putin en Anchorage, el presidente estadounidense dijo lo siguiente: "Claro que la cooperación en inversiones y negocios entre EEUU y Rusia tiene un potencial enorme. Rusia y EEUU se pueden ofrecer mucho el uno al otro en comercio, digital, alta tecnología y exploración espacial. Vemos que la cooperación ártica también es muy internacional".
La pasada primavera Rusia envió su primer emisario a Washington, y no era un diplomático del Kremlin, sino un hombre de negocios: Kiril Dmítriev, director de un fondo de inversión ruso. Dmítriev se reunió conel enviado especial Steve Witkoffy otros hombres de la administración Trump. Más allá de hablar de las negociaciones del alto el fuego, Dmítriev también habló de dinero. Entonces el enviado ruso decía que se había hablado sobre la producción de minerales críticos, la cooperación en el Ártico e incluso sobre vuelos tripulados a Marte. Según recogen las agencias rusas, Dmitriev ha dicho que las empresas estadounidenses están interesadas en Rusia y "quieren ocupar los espacios que han dejado a las empresas europeas que se han ido".