Primer día del curso escolar en un centro del barrio barcelonés de Sants.
02/05/2026
Filósofo
2 min

Un policía en la escuela para completar la plantilla de personal. Es solo un experimento, dicen. Cuando lo leí no me lo podía creer. Parece una contradicción en los términos: la escuela como principal lugar de formación y de socialización debería tener unos valores compartidos básicos: ¿qué está pasando porque en una sociedad abierta y democrática quienes mandan puedan tener un chiste como este? A la escuela se va a aprender, a socializarse, a entrar en la lógica relacional de la sociedad, a adquirir unas aptitudes para encontrar el lugar de cada uno en el mundo, a tejer relaciones con naturalidad, a hacerse mayor. Y esto reclama un espacio de confianza, de reconocimiento y la construcción de un marco de convivencia a partir del despliegue de las personalidades de cada uno, que permita ir aprendiendo de las contradicciones y de la complejidad de las sociedades humanas.

¿Qué hace el aparato represivo del Estado? ¿A quién quieren asustar? En el grado de desestabilización y desconcierto del mundo actual, en un momento de huida hacia adelante de los grandes poderes políticos y económicos, ciertamente todo es posible. Pero en un momento de desorientación es muy importante conservar las pulsiones fundamentales de la libertad y de la cultura democrática. La escuela es una institución determinante, que condiciona el clima y los valores de una sociedad y, por tanto, el futuro de un país. Es en ella que las personas avanzan en el proceso de socialización y, con una compleja dialéctica con el espacio familiar, es allí donde se empieza a andar camino, a construir la singularidad de cada uno. Los niños experimentan la independencia, el ir solos, la configuración de una vida propia como puerta hacia la multiplicación de los espacios de realización, es decir hacia la socialización.

El lugar de aprendizaje necesita espacio, confianza e ilusión. Preservar la escuela de la contaminación de los poderes de la sociedad es utópico. Y del marco social de cada una depende mucho. La misma diferenciación entre escuela pública y escuela privada dice mucho de todo ello. Y marca ciertamente una idea de sociedad construida sobre el conflicto de clases que lleva a parte de los sectores hegemónicos a parapetarse en la escuela privada. En un país, además, en el que el sistema escolar ha sido muy maltratado por el poder eclesiástico, queda mucho por hacer. Pero ¿a quién se le ocurre ahora hacer entrar en escena, aunque solo sea experimentalmente, un representante del poder represivo del Estado? Antes enviaban curas, ¿ahora enviarán policías?

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