Más allá del sueldo y las ratios: la carrera docente

Diversos profesores trabajando en un aula de un instituto en una imagen de archivo.
16/04/2026
Doctora en ciencias de la educación
3 min

El malestar docente en Cataluña ya no es una percepción opinable, sino una realidad sostenida. Hace tiempo que se expresa en los claustros, en los pasillos y, últimamente, en las calles. Las reivindicaciones son conocidas: mejoras salariales, reducción de ratios, más recursos, menos burocracia. Son demandas legítimas y necesarias. ¿Pero quizás no son suficientes. Nos movemos en las aguas superficiales de una cuestión muy profunda y que todavía no hemos afrontado con suficiente decisión: ¿qué significa ser docente hoy y cómo se reconoce esta profesión a lo largo del tiempo?En el conjunto del Estado, y también en Cataluña, la carrera docente sigue siendo más administrativa que profesional. El sistema actual se basa, esencialmente, en la acumulación de antigüedad y de complementos como los sexenios. Hoy, el profesorado puede llegar a acumular cinco sexenios a lo largo de su trayectoria y ya hay voces que reclaman un sexto para adaptarse a carreras más largas. Pero esta lógica, basada en sumar tramos, difícilmente se puede considerar una carrera profesional en sentido pleno. Y no refleja ni la complejidad ni la evolución del oficio docente. Más que un incentivo para desarrollar las competencias docentes, los sexenios se han convertido en un mecanismo de supervivencia dentro del sistema: una carrera de fondo donde el premio es, sobre todo, la persistencia, y no el reconocimiento de la calidad o el liderazgo profesional.Esta es, probablemente, una de las raíces más profundas del malestar que se vive. Porque cuando no hay reconocimiento real, la motivación puede desplazarse hacia otros terrenos: el salario, las condiciones, la carga de trabajo. Todo esto es importante, pero no sustituye lo que da sentido a una profesión: la posibilidad de progresar, de ser reconocido, de contribuir a la profesión de una manera diferente a medida que se acumula saber y experiencia.La profesora Qing Gu investiga en el Instituto de Educación de la Escuela Universitaria de Londres sobre el bienestar docente. Concluye que este está estrechamente vinculado a las oportunidades de desarrollo profesional a lo largo de la carrera, más allá de las condiciones materiales estrictas. Es decir, aquello que sostiene a los docentes no es solo lo que reciben, sino lo que pueden llegar a ser dentro de la profesión. Lo que pueden aportar.Desde una mirada europea e internacional, sorprende mucho —muchísimo— que el debate público en Cataluña continúe centrado casi exclusivamente en variables cuantitativas e incentivos salariales, mientras que la construcción de una verdadera carrera docente queda en segundo plano. Una carrera que defina etapas, roles y responsabilidades, que reconozca que no todos los docentes hacen la misma contribución, y que esto no es un problema sino una oportunidad. 

En los claustros, los docentes se reconocen en grupos etiquetados como los “motivados”, los “resistentes” o incluso los más “quemados” —y a menudo son estos últimos los que han cogido el micro para criticar el sistema y menospreciar al alumnado—. El hecho de que no haya una carrera profesional en la que se pueda progresar deja a los equipos directivos en una situación complicada: ¿cómo mantener la motivación del claustro? ¿Cómo reforzar el compromiso y reconocer de manera justa el mérito de los mejores profesionales?Lo más sorprendente es que el marco normativo catalán (LEC) tiene en cuenta que el profesorado tiene derecho a acceder a la promoción profesional, y abre la puerta a la posibilidad de progresar a través de mecanismos que valoren y reconozcan sus méritos y aportaciones, más allá de la antigüedad. La LEC también incluye la figura del docente sénior, una idea que podría abrir la puerta a reconocer roles como la mentoría de profesorado novel, la coordinación pedagógica, la formación interna o el liderazgo de proyectos de centro. Sin embargo, esta posibilidad no se ha desplegado. ¿Por qué? Los gobiernos, tanto aquí como en Madrid, tienen por objetivo mantener las aguas tranquilas, aunque el malestar y el malestar de fondo vayan creciendo.Mientras tanto, otros sistemas educativos han configurado carreras docentes con itinerarios claros, que permiten crecer dentro del aula o bien transitar hacia roles de liderazgo. En Cataluña, en cambio, el riesgo es continuar sumando piezas dispersas sin construir el conjunto. Aliviar tensiones sin resolver el problema de fondo. El reconocimiento profesional no se construye solo con incrementos salariales o reducciones de ratios, sino también con estructuras que den sentido a la trayectoria profesional de cada docente. Es necesario, pues, cambiar la pregunta de partida. No nos preguntemos qué necesitan los docentes para trabajar mejor, sino qué tipo de profesión queremos que sea la docencia. ¿Queremos una profesión homogénea y plana? ¿O una profesión rica, diversa, con múltiples recorridos? ¿Queremos hacer atractiva la profesión docente a los jóvenes y retener el talento? ¿O queremos solo gestionar los conflictos actuales y quien día pasa, año empuja?En un contexto de malestar creciente, esta distinción es clave. Porque lo que está en juego no es solo el bienestar del profesorado, sino la misión de la escuela y el futuro del país.

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