Trump y EEUU: ¿de la impunidad al boomerang?

Marco Rubio, Secretario de Estado de Estados Unidos (derecha), atiende a los medios junto a Pete Hegseth, Secretario de Defensa, el pasado 7 de enero tras informar a los senadores de EEUU sobre el ataque a Venezuela.
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No hace falta ser experto legal para saber que la operación militar de EE.UU. en Venezuela viola las leyes internacionales y nacionales. Sigue profundizando la generación de caos a todos los niveles –incluso el legal, el económico y el político– para acaparar poder y riquezas. Tan viejo como la humanidad. Pero el descaro descaro, la interconexión global actual y los recursos de que se dispone –añadiendo la capacidad destructiva de la escalada armamentista y la renovada amenaza de las bombas atómicas– hacen que el impacto sea exponencial.

En diciembre Trump daba algunas claves, que repitió en la comparecencia en su residencia privada, acompañado de los responsables de la CIA, el Pentágono y su cúpula político-militar, mientras Maduro era secuestrado por militares de EEUU: la nueva estrategia de Seguridad Nacional se basa en una combinación de la doctrina Monoe América First en la que el fin –el beneficio de algunos estadounidenses– justifica el uso de todos los medios al alcance, a escala interna e internacional.

Desde finales del siglo XIX se hizo un esfuerzo por acordar y aprobar las leyes de la guerra. A principios del siglo XX se firmaron las Convenciones de La Haya para legislar los límites de lo que estaba y de lo que no estaba permitido en la guerra, y también para regular los compromisos para prevenir conflictos bélicos y la mediación entre países en guerra. Siete años más tarde comenzaba la Primera Guerra Mundial, y dos décadas después, la Segunda Guerra Mundial, con flagrante violación de lo legislado, con millones de muertos, heridos e innumerables daños.

"La guerra es una estafa". No es –sólo– una proclama de quienes pregonan la resolución pacífica de los conflictos. Es el alegato publicado en 1935 por el general Butler, uno de los militares más condecorados de Estados Unidos: después de participar en las intervenciones militares de EEUU en México, Cuba, Haití, Honduras, Nicaragua y China, denunció con datos la barbarie industrializada de la Primera Guerra Mundial y el enriquecimiento de 2. Esto sigue intacto, pero en un marco de miedo y colapso del poder hegemónico de EE.UU. Por eso es más peligroso todavía.

En 1945, representantes de los estados se conjuran para que no vuelva a suceder, y se comprometen a cumplir la Carta de Naciones Unidas, que en su capítulo VI regula "el arreglo pacífico de controversias" –para prevenir conflictos bélicos y someterse a la acción de “– caso de amenazas a la paz, roturas de la paz o actos de agresión", autoriza el uso de la fuerza militar para defenderse de una agresión o el uso de la fuerza autorizado por la ONU, además de someter a los estados al tribunal de la ONU en La Haya. En 1948 se aprueban las nuevas Convenciones de Ginebra, que prohíben bombardear población civil y ciudades, invadir territorios de terceros o atacar campos de refugiados, etc. Después se aprueba la Convención contra el Genocidio y otros muchos tratados internacionales que prohíben la tortura y las ejecuciones extrajudiciales, entre otras muchas. Y en 2002 se aprueba el tratado internacional del Tribunal Penal Internacional para juzgar a presidentes, ministros y generales por crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y crímenes de genocidio, complementario a la jurisdicción universal de los estados, que compromete a investigar y juzgar crímenes internacionales cometidos en otros países.

Muchos estados han violado ese orden. Lo que EEUU hace en Venezuela lo ha hecho desde el siglo XX: con espionaje, ejército y la Escuela de las Américas derrocó gobiernos y sostuvo dictaduras en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil. Hace exactamente 36 años invadió Panamá con 26.000 soldados y derribó a Noriega (un agente de su CIA), acusado de narcotráfico (como con Maduro, calificado de narcoterrorista). Durante más de una década, tras los ataques a Nueva York y Washington de 2001, subvirtió el orden internacional aplicando la doctrina del Extraordinary Rendition, actuando militarmente en Afganistán "en defensa propia", con secuestros y tortura, violando de forma flagrante las Convenciones de Ginebra. Simultáneamente, intervino en Irak, con todo el montaje sobre las inexistentes armas de destrucción masiva que motivaron la agresión militar. Y, que sepamos, Trump, la CIA, el Pentágono y el complejo militar privado han realizado en el último año más de 600 bombardeos prohibidos por la normativa internacional en Irán, Irak, Yemen, Siria, Somalia y Nigeria, además de Venezuela y de innumerables operaciones militares encubiertas. Y en las últimas horas ha remachado el clavo abandonando 31 agencias de la ONU y otros organismos para ir "en contra de nuestros intereses".

Quien impulsa todos estos ataques, también en Venezuela, no es sólo la cúpula visible político-militar de EE.UU., sino también las empresas multinacionales militares y de seguridad, las grandes corporaciones que explotan recursos naturales –petróleo, litio, coltán, etc.– antes, durante y después de las guerras, las multinacionales tecnológicas y financieras, que no se violan nunca que no se violan a que no se violan y no que no junto con gobiernos, con un ingente enriquecimiento ilegal. Esta cúpula viola la ley nacional de Estados Unidos cuando no pide autorización al Senado para intervenir militarmente, y viola las leyes internacionales bombardeando militarmente desde el aire objetivos militares y civiles en Venezuela (sin una previa agresión militar de este país), realizando más de 100 ejecuciones extrajudiciales, arrestando y secuestro queriéndole enjuiciar de acuerdo con unas leyes hechas a medida, menospreciando al mismo tiempo los tratados internacionales y los tribunales internacionales. Y amenazando a México, Cuba, Colombia y, sobre todo, Panamá y Groenlandia con chantaje y terror de estado, con el mensaje "o negocias y me das lo que quiero o te invado con el ejército". Y todo con plena impunidad, como Rusia con Crimea y Ucrania e Israel con Palestina. Veremos cómo actúa la implacable ley del boomerang, que está fuera del control de personas, países e imperios.

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