Venezuela: golpe petrolero

Caracas, Veneçuela, 4 de gener de 2026: persones transiten davant d'un mural del president Nicolás Maduro mentre ell espera judici empresonat a Nova York.
09/01/2026
Periodista y doctora en antropología social y cultural
2 min

Más allá de los cargos por narcotráfico contra Maduro, Trump, que tiene la ventaja de la claridad, ha dicho que busca "recuperar su petróleo". Para Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca, la nacionalización venezolana de la industria petrolera de 1976 supuso "el mayor robo registrado de riqueza y de propiedad estadounidense".

Después de esa primera nacionalización, las empresas extranjeras siguieron operando en Venezuela, hasta que en el 2007 Chávez realizó una segunda recuperación que reforzó el control estatal mayoritario de la industria petrolera. Con los beneficios obtenidos, Chávez pudo sostener a la revolución bolivariana: un proyecto de redistribución masiva que redujo drásticamente la pobreza. La revolución gozó de un amplio consenso popular durante años, que permitió frenar el golpe de estado de 2002, impulsado por una oposición de carácter esencialmente antidemocrático. Sin ir más lejos, la flamante Nobel María Corina Machado señalaba como fraudulenta cada nueva elección independientemente de que las ganara el chavismo una y otra vez, hasta la última del 2024, ya que Maduro no ha logrado demostrar su triunfo.

El proceso venezolano fue el primero de los gobiernos progresistas latinoamericanos surgidos como respuesta a las devastadoras políticas neoliberales. En Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador, entre otros, la izquierda fue posible gracias al extractivismo. Los precios de las materias primas permitieron la redistribución, pero también impulsaron su declive con la caída posterior de los precios a partir de 2014.

En Venezuela, el chavismo no logró utilizar estos recursos para diversificar el sistema productivo, sellando su fragilidad estructural. A esto se sumó la ineficiencia, la corrupción y el control militar de buena parte de la economía. Pero también las sanciones unilaterales estadounidenses, que bloquearon toda la economía nacional, especialmente la industria petrolera, que afectaron escasamente a la élite gobernante y que causaron un gran sufrimiento social. La crisis actual se teje con estos factores y con la dependencia del país hacia China, que explica el golpe de EEUU: una feroz competencia geopolítica en un tablero donde EE.UU. se revuelve contra su pérdida de hegemonía mundial.

El escenario en Venezuela es desalentador y un signo de los tiempos. Independientemente de si el golpe se ha hecho con el acuerdo de un sector de chavismo, el resultado es el mismo: un gobierno totalmente subsumido a los intereses de EE.UU. y del capital transnacional. Cuando Maduro fue capturado, además, carecía ya del apoyo mayoritario de los venezolanos, resultado de múltiples factores que incluyen la feroz represión desatada en el país y el abandono de las políticas progresistas. Hoy América Latina se inclina hacia gobiernos derechistas o ultras, mientras Trump impulsa un modelo de imperialismo en el que los autócratas chinos, rusos y americanos, rodeados de oligarquías multimillonarias, se reparten el mundo y sus recursos en áreas de influencia.

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