Aragón calibra el alcance de la ola conservadora

El auge de Vox preocupa a un PP que pretendía reforzarse con el adelanto electoral

Sede de Vox en el centro de terol.
08/02/2026
3 min

BarcelonaAragón acude este domingo a las urnas por primera vez de forma anticipada y sin coincidir con otros comicios, pero hay muy pocas dudas sobre cuál será el resultado electoral. Previsiblemente, la mayoría conservadora (PP+Vox+PAR), que ahora es de 36 escaños de 67, subirá por encima de los 40, en consonancia con la ola conservadora que se vive en España, pero que, como ya quedó patente en Extremadura, beneficia básicamente a la extrema derecha. Tampoco cabe duda de que el PP será primera fuerza y ​​que, por tanto, Jorge Azcón tiene todas las papeletas para ser investido presidente de nuevo. Sin embargo, en los últimos días de campaña se ha visto un Azcón tenso, crispado, levantando el tono especialmente contra Vox. ¿Por qué? Pues porque, al igual que le ocurrió a María Guardiola, decidió adelantar las elecciones para superar el bloqueo de Vox en los presupuestos, y ahora todo apunta a que quedará aún más atado de pies y manos al partido de Santiago Abascal. En resumen, una jugada pensada para reforzar al PP puede acabar reforzando a Vox y complicándole la vida al presidente aragonés.

Las causas de la ola conservadora en Aragón son algo distintas a la de otros territorios del Estado. Aquí se vive un ambiente de euforia económica, sobre todo por los anuncios milmillonarios de inversiones de las grandes tecnológicas, que claramente capitaliza al PP aunque las razones de fondo de este éxito son, al menos, compartidas con el PSOE. El clima que se respira se asemeja al de la borrachera económica valenciana que en los años del boom inmobiliario sustentaron mayorías absolutas del PP que parecían inquebrantables. La izquierda, como ya ocurría allí, es vista ahora como quienes quieren poner bastones en las ruedas al progreso económico, que en Aragón se asimila a los grandes proyectos de energía eólica y fotovoltaica y, sobre todo, los centros de datos. El problema para los populares es que una parte de la población que se siente menospreciada y no comparte la euforia general, básicamente la que vive fuera de Zaragoza y se dedica al sector primario, parece dispuesta a pasarse a las filas de Vox.

El PSOE está, básicamente, resignado y da por hecho que tendrá el peor resultado de su historia en Aragón, pero no parece que el liderazgo de Pilar Alegría peligre. La tesis de la Moncloa es que ahora hay una ola conservadora mundial que no empezará a remitir hasta las midterm estadounidenses de noviembre. Sin embargo, se confirmará una vez más que el hiperliderazgo de Pedro Sánchez, el único capaz de levantar del sofá el grueso de votantes progresistas, barrió una estructura territorial que antes era formidable. Su esperanza es que Vox haga sufrir a Azcón tanto como lo está haciendo con Guardiola, y que se demuestre que los gobiernos de coalición PP-Vox son inestables. Los enfrentamientos entre ambos partidos en la recta final de la campaña parecen respaldar esta tesis.

Campaña plana

En este contexto, la campaña en Aragón fue bastante plana, y quien más hizo para intentar subir la temperatura fue Azcón con insultos directos a Alegría y dardos a Vox que no hicieron más que evidenciar el nerviosismo en las filas populares. El único incidente remarcable lo protagonizó una concejala del PP de un pueblo valenciano que se coló en un mitin del PSOE para llamarle "hijo de puta" a Pedro Sánchez. El episodio molestó mucho a los populares aragoneses, ya que allí no existe el clima de polarización ideológica de otros territorios, como Madrid o Valencia. El carácter aragonés es otro.

El resultado electoral confirmará los aires de vuelco político que se viven en toda España (esta es la mala noticia para Pedro Sánchez), pero también pondrá en evidencia la dependencia del PP respecto a Vox, que es la gran carta que los socialistas jugarán en unas generales. Por eso, si no hay gran sorpresa, el PP se despertará al día siguiente de las elecciones con el mismo problema que tenía antes de convocarlas, pero aumentado. Un sapo de grandes dimensiones llamado Vox.

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