Política 01/10/2021

El asalto de Vila-roja: la única escuela donde el 1-O lo impidieron los vecinos

Un voluntario, al que le rompieron el labio, recuperó la urna horas después con los votos adentro

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La entrada de Villa-roja con la pancarta de bienvenida

GironaTodas las farolas de la Pujada del Primer Maig, la calle que da entrada al barrio de Vila-roja de Girona, están engalanados con banderas españolas y senyeres. Las banderas catalanas de las farolas son las únicas que se pueden encontrar en toda esta barriada, situada al este de Girona, de mil habitantes, la mayoría de los cuales de origen andaluz. Las banderas españolas las compraron un grupo de vecinos en un bazar chino el día que se proclamó la independencia y ya no las han quitado. No es el único elemento que pone de manifiesto la españolidad que profesan gran parte de sus habitantes. Muchas paredes y persianas están coloreadas con la bandera española e incluso algunas señales de dirección prohibida tienen pintada de amarillo la franja de color blanco para convertirla en la enseña del Estado. Al final de esta calle, que acaba en la Plaça de la Constitució, centro neurálgico del barrio por la presencia del Bar Cuéllar, dos pancartas con los lemas "Bienvenidos a España. Somos catalanes y somos españoles" y "España ama Cataluña" con la inscripción en un extremo de "Avenida 155" recuerdan a quienes todavía no lo saben que este es un enclave españolista, la Galia unionista en la capital de demarcación más soberanista del país. Este, de hecho, fue el único barrio donde fueron los vecinos y no la Policía Nacional o la Guardia Civil los que irrumpieron en la escuela y se llevaron la urna del colegio electoral durante el referéndum.

Una semana antes del 1-O, los responsables designados para abrir la escuela del barrio para la consulta fueron a hablar con la dirección del centro, que ya los alertó del peligro que implicaba habilitarla como punto de votación. "No será para tanto, le dije yo, y la directora me respondió que algunos padres le habían transmitido que entrarían a matar y que tenían armas", explica uno de los coordinadores, que no esconde que no se esperaba aquella respuesta. Dado el rechazo que generaba el referéndum, los organizadores decidieron no dormir en la escuela el fin de semana, como se hizo en buena parte de los otros colegios electorales. El día 1 llegaron pronto, hacia las seis y media de la mañana, buscando el efecto sorpresa para poder descargar el material y abrir el centro. Algunas mujeres que vivían en el edificio del delante salieron a los balcones para escupirles y tirarles botellas de agua y huevos. "Todos nos asustamos", admite una de las coordinadoras.

Un chico que se encontraron en la calle también les dio la bienvenida. "¿Qué venís a hacer aquí?", les preguntó amenazadoramente. Cuando le respondieron que a votar, él les dijo que en aquella escuela no votaría nadie. Se equivocaba. Algunos valientes se atrevieron a ir a votar. Concretamente una decena de personas. Pocas, si se tiene en cuenta que en las elecciones del 21-D 115 personas (15,5%) votaron a partidos independentistas y en los últimos comicios en el Parlament lo hicieron 60 (16,39%). "Cuando los primeros votantes se acercaron al colegio, el ambiente se fue calentando y bajaron algunos hombres con una actitud muy agresiva", explica la coordinadora. Eran las diez y media. "Esto es España", "Aquí no se vota" o "Os vamos a pegar un tiro" son algunas de las frases que les espetaron antes de romper el cordón policial de la pareja de Mossos d'Esquadra que custodiaban la entrada. La resistencia de los voluntarios también duró poco. "Estábamos acojonados, y una chica incluso se encerró en el baño llorando", añade la coordinadora. Una vez dentro cogieron la urna y la lanzaron al patio de la escuela. "No eran gitanos, eran payos", asegura el responsable de la votación, al que uno de los vecinos estampó contra la pared cuando les reprochó su intransigencia.

Los españolistas saliendo de la escuela después de llevarse la urna.

Escoltados por algunos vecinos, él y algunos voluntarios más se marcharon por una calle de al lado y recorrieron a pasos de gigante los 500 metros que separaban esta escuela del Centre Cívic Onyar, en el barrio de la Font de la Pólvora, donde había otro colegio electoral. "Cerramos también este centro y nos llevamos la urna con los 14 votos que había porque los alborotadores venían hacia aquí y la Policía Nacional también llegaba a Vila-roja después de que los llamaran", señala. Faltó poco, pero pudieron marcharse con algún golpe en el coche producto de las patadas de los vecinos que los perseguían. Uno de los voluntarios volvería unas horas más tarde. Lo hizo para recuperar la urna que habían lanzado los vecinos. Su valentía hizo que saliera del barrio con un labio partido del puñetazo que uno de los asaltantes le pegó, pero con la urna en el coche.

La urna rota que un voluntario recuperó horas después y que ahora conserva una de las coordinadoras de la votación en el barrio.

"Los votos estaban dentro y los contabilizamos", revela la coordinadora, que tiene en casa la urna rota en recuerdo de un día que quiere olvidar. "Que tengamos en Girona un barrio así es muy fuerte", lamenta antes de admitir que no ha vuelto desde aquel día. "El daño fue moral porque solo recibimos insultos y algún empujón, pero ya no pienso ir más". Tomás Cepa, presidente de la Associació de Veïns del barrio de Vila-roja, que en el segundo aniversario de la DUI convocó una manifestación a favor de la unidad de España en Girona que reunió a unas 300 personas, lo ve diferente: "Vinieron con prepotencia y provocando; si hubieran sido gente del barrio habría sido diferente, pero todos eran de fuera", concluye.

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