Comunicación Política

"La casta comunista y feminazi": el arte de jugar con los conceptos

Un arma compartida: tanto la derecha como la izquierda manipulan los conceptos para ganar la batalla del relato

Alejandro Fernández (PP)
27/08/2026 - 07:02 h.
4 min

En el tablero de la política catalana y española, las palabras han dejado de ser meros vehículos de información para convertirse en proyectiles simbólicos. Estos últimos meses hemos asistido a una revitalización de términos que parecían herencia de otras épocas: el Partido Popular de Cataluña (PPC) se refirió al proyecto de presupuestos como "soviéticos y comunistas" –y volvió la semana pasada el secretario general de los populares, Juan Fernández, refiriéndose a las políticas de vivienda de la Generalitat–, y el líder del PPC, Alejandro Fernández, ha descrito al presidente de la Generalitat, Salvador Illa, como "marxista con corbata". Todo ello mientras desde el ámbito empresarial, Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment del Treball, calificó de "filocomunista" el veto a la compra de viviendas para la especulación, que aún colea.Según explica el politólogo Jordi Mir, en conversación con el ARA, nos encontramos ante conceptos que han sido "alterados" a lo largo de la historia. Mir sostiene que muchas de estas definiciones nacen en escenarios alejados de su origen a fin de "darle la vuelta para que sea negativo". El objetivo no es el debate argumentado, sino "activar un imaginario que la gente tiene más o menos situado". En palabras de Mir: "Cuando Sánchez Llibre u otros representantes hablan de esta manera es porque están muy convencidos de que al utilizar este concepto activarán un imaginario que hará que la gente piense «esto no puede ser»".Esta táctica recuerda directamente al escenario político de los Estados Unidos, donde, como apunta el experto, es "muy habitual la descalificación de representantes públicos del partido demócrata como socialistas". Allí, acusar a Obama o Biden de socialismo busca que la población identifique al líder con el enemigo histórico de la Guerra Fría, destaca. No obstante, Mir diferencia claramente la situación en casa nuestra: "Aquí es más difícil que pase con el socialismo porque el Partido Socialista no ha abandonado su concepto". Por eso, para generar el mismo "shock" y evocar el estalinismo o la Unión Soviética, se recurre a términos como comunista o pseudosoviético.Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado por autores internacionales como el lingüista estadounidense George Lakoff, que en su teoría del framing o encuadre, sostiene que las palabras activan estructuras mentales (marcos) que determinan nuestra visión del mundo. Si el marco dominante es el del miedo al totalitarismo, cualquier política social quedará atrapada bajo la etiqueta soviética, impidiendo un análisis racional de la medida. ¿Es lo que Mir define como la "disputa por los conceptos": quién tiene la capacidad de hacer que, al oír una palabra, la gente piense en una realidad determinada y no en otra?Del "feminismo" a la "feminazi"

Uno de los cambios más significativos en esta disputa semántica se encuentra en el movimiento feminista. Mir recuerda que, durante los años 80 y 90, "presentar a una mujer como feminista era una manera de descalificarla" porque no se consideraban personas "respetables". Sin embargo, hoy el feminismo ha ganado una hegemonía positiva en la sociedad, afirma.Ante este cambio, ha surgido el neologismo feminazi. Mir lo analiza con precisión: "Yo ya no le puedo decir a una mujer feminista para desprestigiarla porque parece que tiene buena acogida... ¿Qué le puedo decir para crear este imaginario negativo? Pues juntémosla con nazi". Se trata, así, de un intento "de subir el tono del imaginario" para recuperar el carácter de insulto que la palabra original ha perdido, destaca el experto.El "ultraconservador" y la "casta"

Esta intensa batalla discursiva no es unidireccional. El consultor político Luis Arroyo –famoso los últimos meses por haber sido portavoz de Zapatero– recuerda, en conversación con el ARA, que la política democrática es, en su misma esencia, "la lucha entre narraciones". En este sentido, Arroyo señala que el concepto conservador no tiene por sí mismo una carga negativa en la sociedad, sino que el verdadero problema político surge "cuando se le coloca el añadido ultra o extrema derecha". Ante el actual contexto de incertidumbre, la izquierda intenta intencionadamente situar los discursos de sus adversarios "en el plano del ultra, del extremista, del excéntrico". El objetivo es, explica, activar un sentimiento de rechazo social, ya que el término ultra tiene hoy un sentido profundamente peyorativo que evoca "lo que está más allá, lo que excede los límites de lo razonable". Así, se castiga a formaciones como Vox o Aliança Catalana cada vez que se ven asociadas, o incluso Junts per Catalunya, descrito como "la extrema derecha independentista" el pasado mayo por Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, en una advertencia al presidente del gobierno español Pedro Sánchez por sus pactos con los de Carles Puigdemont.Por otra parte, el juego de los conceptos alcanza su máxima complejidad con las llamadas "narrativas que se cruzan", una herramienta que, destaca Arroyo, ya no es exclusiva de ningún bloque ideológico sino que deviene una característica del populismo. Esta estrategia se fundamenta en la dicotomía de "el pueblo virtuoso frente a la élite o la casta gobernante y viciada". Según explica el experto, es un marco que utiliza tanto la derecha como la izquierda. En el caso español, Podemos hizo una "utilización extraordinaria del concepto casta, que funcionó muy bien", mientras que, en el otro extremo, líderes como el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, adoptan exactamente el mismo lenguaje y se identifican con este "pueblo virtuoso" ante una élite corrupta. Son las dos caras de una misma moneda en la disputa por la interpretación de la realidad.

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