Crisis en Cercanías

"Somos una nación y decimos lo suficiente": cuando Catalunya se plantó en el 2007 con Cercanías (y con el Estado)

La marcha, organizada por la Plataforma por el Derecho de Decidir, pedía unas infraestructuras dignas, el traspaso de Cercanías y mayor soberanía fiscal

La manifestación 'Somos una nación y decimos lo suficiente', convocada por la Plataforma por el Derecho de Decidir, el 1 de diciembre de 2007 en Barcelona.
07/02/2026
5 min

BarcelonaEl mal funcionamiento de Cercanías es una realidad desde hace décadas. La Red de Plataformas de Usuarios de Tren de Catalunya y la ANC han llamado a los catalanes a salir a la calle este sábado para protestar por el estado de la red y el desamparo de los usuarios en dos manifestaciones distintas. El malestar con Cercanías viene de lejos, y la prueba es que, en el 2007, Catalunya vivió su primera manifestación masiva contra el caos ferroviario a raíz de las obras del AVE en Barcelona. Fueron 200.000 personas, según la Guardia Urbana, y 700.000, según los organizadores, cifras que serían la precuela de las grandes movilizaciones del Proceso. El clamor en las calles de Barcelona el 1 de diciembre del 2007 fue claro: "Somos una nación y decimos lo suficiente". Basta a los déficits en las infraestructuras y el servicio ferroviario, pero también al apremio sobre el autogobierno que ya se vislumbraba en el Estatut recortado.

Detrás de aquella manifestación estaba la Plataforma por el Derecho de Decidir, nacida un par de años antes. Uno de sus portavoces, Gerard Fernández, recuerda que la reivindicación de un servicio de transporte digno sirvió para aglutinar a todo el país, desde las 200 entidades que se adhirieron hasta los partidos políticos catalanistas (excepto el PSC). "Era un momento de acumulación de fuerzas. Queríamos sumar desde la transversalidad, y decir que todo lo que afecta al país teníamos que poder decidirlo entre todos", explica al ARA.

En febrero del 2006, la propia Plataforma por el Derecho de Decidir había organizado una manifestación contra la negociación del Estatut en Madrid, aunque menos multitudinaria, y donde ya se sintieron proclamas claramente independentistas que se repetirían en la del 2007. El objetivo de la Plataforma era buscar un frente común de país frente a un frente común de país que, detrás, había un "problema" con el Estado y el trato que dispensaba en Catalunya, subraya Fernández. En el manifiesto, pedían el traspaso de Cercanías y más inversión, pero también que se hicieran públicas las balanzas fiscales y que Catalunya pudiera recaudar todos sus impuestos. Unas reivindicaciones que, como la de los trenes, se arrastran 19 años después.

Con los partidos (y sin el PSC)

Alcanzar la unidad, pues, era clave para el éxito. Para ello, la Plataforma organizó varias reuniones con los responsables de movilización de los partidos, en el CIEMEN, con Fernández y la también portavoz Mònica Sabata. Estaban Òmnium, Soberanía y Progreso y representantes de CiU, ERC e ICV. El PSC, que encabezaba el segundo tripartito con José Montilla como presidente, se desmarcó de la protesta ante la dificultad de conciliarlo con la lealtad con el PSOE, en Madrid, pese al perfil más bien polémico de la entonces ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. También entonces, Álvarez aseguró que la inversión ferroviaria en Catalunya era más alta que nunca y que se aplicarían medidas urgentes para tratar de enderezar la situación. Sí hizo acto de presencia en la manifestación el expresidente Pasqual Maragall (PSC).

Los portavoces de Plataforma del Derecho de Decidir durante la manifestación.

Sin embargo, el protagonismo durante la manifestación fue para la sociedad civil, con personalidades como el historiador Manel Cuyás, la cantante Núria Feliu, el escritor Vicenç Villatoro o el presidente del Barça, Joan Laporta, al frente. Los partidos se situaron en segunda línea de la marcha, que fue de la estación de plaza Catalunya a la de Francia. Sin embargo, la Plataforma trabajó la convocatoria con ellos. Lo recuerda el entonces militante de ICV y ahora diputado de Comuns, David Cid, que estaba allí: "Buscaron un ensanchamiento de la base. Nosotros intentamos situar en el centro un modelo de transporte público que apostara por Cercanías, en la época de infraestructuras como el Cuarto Cinturón". Esto era un punto de fricción con CiU, que había puesto más el foco en el AVE y en la demanda de que no pasara por el centro de Barcelona, ​​a raíz del derrumbe del túnel del Carmel.

En el flanco de la sociedad civil, también hubo mucha "generosidad" para que la protesta fuera un éxito, resalta el entonces responsable de movilización de Òmnium, Jordi Bosch –que ya no forma parte de la junta de la entidad–. La "indignación popular" por los cortes en el servicio, con especial afectación a la línea Barcelona-Llobregat-Anoia, se hizo sentir en un acto en el que, sobre todo, se puso de manifiesto la sensación de "maltrato" por parte del Estado. Esa primera experiencia de movilización unitaria, destaca, permitió iniciar un trabajo conjunto que facilitó las convocatorias del 2010 –contra la sentencia del Estatut– en adelante.

¿Paralelismos con el 2026?

¿Se puede establecer un paralelismo entre la manifestación de 2007 y las de este sábado? Puede ser esto el reset ¿que el independentismo lleva días buscando para reactivarse en la calle? Las fuentes consultadas apuntan a una gran diferencia: la del 2007 fue una manifestación unitaria, mientras que ahora hay dos convocatorias. "Con esto estoy disgustado", lamenta Fernández, quien considera que el independentismo no quiere ir "apartado de la sociedad" –y que, aun así, irá a las dos–. El contraste se hace evidente si se comparan los lemas de las concentraciones: si la de 2007 era Somos una nación y decimos lo suficiente, la convocada por la Red es Sin trenes no hay futuro y está muy enfocada a los problemas específicos del servicio –y detrás hay un movimiento de usuarios organizados por líneas–. La del ANC es ¡Basta! Única vía: independencia. Sin embargo, hay semejanzas innegables entre ambos contextos: como entonces, en la Generalitat manda el PSC con un gobierno del PSOE en Madrid; asistirán y se ausentarán los mismos partidos que entonces (a pesar de los cambios de siglas), y los cortes en la red llevan semanas durando.

El profesor de Ciencia Política en la UB Daniel Cetrà recalca que, desde un punto de vista histórico y político, es clave la fuerza que toma la sensación de "agravio" en el 2007: "Este el momento en que se rompe la confianza en la capacidad del Estado de proveer servicios". Luego vendría la crisis económica. Todo ello generó un contexto en el que el independentismo supo canalizar un malestar que tenía una doble vertiente: el material y el nacional. Es una tendencia que también se observa en Escocia, Flandes o Córcega, con repuntes soberanistas tras crisis que apuntalan esa sensación de agravio.

Ahora bien, hay algo que diferencia claramente el escenario del 2007 y el del 2026, avisa Cetrà, experto en nacionalismos: en ese momento, el independentismo se podía presentar como una opción "renovadora" y defender la salida del Estado como mínimo fácil de vano demuestra la realidad más que demuestra la crisis (o, el 1-O). Ahora no tiene capacidad para hacerlo. El resultado es que "no está claro que capitalizará" el malestar, porque no hay ninguna fuerza que ofrezca un relato claro, con capacidad para imponerse. "El riesgo es que todo ello abone la desafección", concluye.

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