Salvador Illa tiene un problema
BarcelonaEntre 1984 y 2024, de forma invariable, el independentismo (o, más bien, el soberanismo) siempre tuvo mayoría en el Parlament de Catalunya. Pero el final del Procés hundió las perspectivas electorales de los partidos que lo habían impulsado y se desbrozó el camino para que Salvador Illa accediera al Palacio de la Generalitat. El tercer presidente socialista llegaba, además, con todas las cartas para romper la maldición de los presidentes de un solo mandato y, sin prácticamente oposición, se esperaba que pudiera consolidar su liderazgo.
Pero las encuestas castigan a los socialistas, que no paran de acumular crisis políticas (y algún éxito relevante, como la aprobación de los presupuestos). La más reciente, la del informe PISA, y la más contundente fue la de Rodalies de enero –que no está ni mucho menos resuelta–, pero los maestros y los médicos siguen recordándole al Gobierno que no se lo pondrán fácil. Ahora, además, llegan las dimisiones y las destituciones en el ejecutivo. En este capítulo, no hay ninguna tan simbólica como la del mayor Josep Lluís Trapero, el gran fichaje para reforzar el capítulo de seguridad.
Una de las grandes promesas electorales del entonces candidato del PSC fue precisamente cambiar la preocupación de la ciudadanía por la inseguridad. Trapero, el único agente con el máximo rango en los Mossos y héroe en la persecución de los terroristas de la Rambla, se pasaba a la política para impregnarla de "profesionalidad", como expresó Illa cuando anunció su fichaje. La multirreincidencia pasó a ser la gran prioridad y, durante estos dos años, los resultados son razonablemente buenos: más agentes, juicios más rápidos y más sentencias. El conjunto de delitos también baja, pero suben los robos con fuerza en Barcelona y los intentos de homicidio siguen extendiéndose como una plaga en la última década.
Illa sabe que los datos ayudan o perjudican en función de la mirada que los interprete. Y, en lo que respecta a la seguridad, la percepción cuenta tanto o más que los resultados: el reciente apuñalamiento mortal en Manresa ha vuelto a encender las alarmas, en un momento en que las armas blancas y también las de fuego son cada vez más comunes entre los delincuentes. En política, la percepción también es determinante. ¿Qué le pasa al gobierno de Salvador Illa? En pocas semanas han dimitido una consejera, tres secretarios generales y el director de la policía.
La jefa de la oposición
El presidente tiene un problema. Y debe coger el toro por los cuernos. Este mismo lunes comparece para explicarse coincidiendo con el ecuador del mandato. Emulando a Pedro Sánchez, hace tiempo que se autoerigió en el dique de contención de la extrema derecha y, ante la incomparecencia de Junts, convirtió, de facto, a Sílvia Orriols en la jefa de la oposición. Ahora, Aliança Catalana amenaza con convertirse en primera o segunda fuerza en el Parlament. El mensaje de esta Diada ha sido el de reivindicar la Cataluña, un solo pueblo y, de aquí a poco, el PSC podría perder a su gran socio en la Moncloa y tener que cambiar a un plan de resistencia ante un gobierno con PP y Vox. Reforzar su liderazgo y aglutinar una respuesta catalana podría ser la vía para volver a las perspectivas de 2024.
Los detalles de la semana
El jueves el Gobierno conmemoró la primera manifestación catalanista de la Transición en San Baudilio de Llobregat. A ella asistieron numerosas autoridades y exdirigentes políticos, pero pasó más desapercibida la presencia del exconsejero y eurodiputado Ramon Tremosa, quien es tenor en la Coral Sant Jordi y cantó El Cant de la Senyera, Els Segadors y L’Empordà.
Una de las imágenes más populares de la película Love Actually llega hacia el final, cuando uno de los protagonistas confiesa su amor a la pareja de su mejor amigo. Lo hace en silencio: va enseñándole una hoja tras otra para que ella vaya leyéndolo. Santiago Abascal ha recurrido esta semana al mismo símil, pero para decirle a Pedro Sánchez que lo considera un traidor.