El gran fichaje de Salvador Illa que no se entiende con los políticos
Barcelona"Si presido la Generalitat, la consejera de Interior será Núria Parlon, que ha sido excelente en políticas de seguridad, y, como quiero profesionalizar la gestión en Cataluña, el director general de la Policía será Josep Lluís Trapero, que es un ejemplo de servidor público". El anuncio estrella del entonces candidato Salvador Illa en el último debate de la campaña electoral de 2024 fue situar al tándem Parlon-Trapero al frente de las decisiones de seguridad. A Illa (y también a Trapero) le advirtieron de las contraindicaciones de situar a un policía a hacer de político, pero, ya como presidente, el mensaje que quería transmitir era el de confianza plena en un experto condecorado –protagonista mediático y, hoy también cinematográfico, de la persecución de los terroristas de la Rambla– y, de paso, reparar la injusticia que percibía que había cometido el gobierno Aragonès destituyéndolo como jefe de los Mossos.
El experimento no ha funcionado. Trapero y Parlon hace tiempo que no comulgan. Ni en las decisiones de fondo ni tampoco en el día a día. La convivencia de ambos en la cúpula de Interior se hacía cada vez más complicada de gestionar, aunque la consejera haya explicado este miércoles en rueda de prensa que ella habría querido que Trapero siguiera en su cargo. En pocos días han dimitido el director general de la Policía y también el secretario general de Interior, Tomás Carrión, con quien Parlon también había enfriado la relación. Trapero despachaba directamente con Illa, su gran valedor en el Gobierno, además de hacerlo con la consejera, y esta relación directa con el presidente también ha generado muchas suspicacias dentro del departamento.
Fuentes del ejecutivo explican que el principal motivo de alejamiento entre Parlon y Trapero eran las decisiones unilaterales que atribuyen al hasta ahora director general. Una tesis que el entorno del mayor replica, poniendo de ejemplo el nombramiento de la nueva jefa de los Mossos, Sílvia Catà: una elección personal de la consejera, que Trapero no compartía. Añaden otros enfrentamientos, como la voluntad del departamento, afirman, de situar a Illa en un ostracismo mediático, poniendo a Parlon en su lugar en algunas entrevistas. El mayor ejercía de político, pero seguía haciendo de policía.
Una relación tensa con el poder político
La relación de Trapero con los políticos no ha sido nunca sencilla. De hecho, uno de los socios principales del Govern, ERC, hace tiempo que reclamaba relevos en Interior. Hace unos días el presidente de los republicanos, Oriol Junqueras, insistía en Catalunya Ràdio en la necesidad de prescindir del director general, entre otros, por la polémica infiltración de dos agentes de paisano en una asamblea de maestros en mayo y por las "mentiras" de Trapero con respecto al dispositivo policial durante la visita de Felipe VI en febrero a Montserrat –los Mossos atribuyeron una agresión a un manifestante, que las imágenes desmentían y que el juez acabó archivando.
Pero esta es solo la punta del iceberg. A Junqueras no le gustaron nada las declaraciones de Trapero durante el juicio del Procés, que hizo aflorar el plan de los Mossos para detener a la cúpula del Govern si la autoridad judicial se lo hubiera pedido. No solo por el plan, sino sobre todo por el tono que utilizó y por el hecho de que hubiera elaborado el plan sin que nadie se lo hubiera pedido. Al presidente de ERC tampoco le gustó nada que Trapero le negara la escolta cuando salió de la prisión para participar en la campaña electoral de 2021, una decisión que más adelante se revirtió. Con estos precedentes era previsible pensar que ERC acabaría prescindiendo de Trapero cuando llegara a la conselleria de Interior, pero no lo hizo inmediatamente. El conseller Joan Ignasi Elena le destituyó siete meses después de la investidura de Pere Aragonès como presidente. Una decisión que, a pesar de la animadversión que se tenían Junts y ERC, los juntaires no solo acataron sino que aplaudieron internamente.
Los siete meses de relación profesional entre Elena y Trapero no fueron buenos. ERC pretendía introducir cambios en el cuerpo, que chocaban con las ideas de Trapero. Fuentes republicanas criticaban entonces el poder interno que había acumulado el mayor y decían que su destitución era imprescindible para modernizar a los Mossos.
La amenaza de prisión
Con Carles Puigdemont, Trapero tampoco tuvo nunca una relación estrecha, aunque las hemerotecas siempre recordarán la fotografía de la paella más famosa del verano: en 2016, en casa de Pilar Rahola en Cadaqués, con Puigdemont, Joan Laporta, el doctor Bonaventura Clotet y la periodista Helena Garcia Melero, entre otros. Trapero fue, según Rahola, el cocinero, y no era la primera vez.
Durante el Procés, Trapero y Puigdemont chocaron en diversas ocasiones, pero eso no impidió que el presidente dijera que, aun sabiendo que Trapero no era independentista, bastaba con que fuera "demócrata". De hecho, fue un consejero de Junts, Miquel Sàmper (hoy en el gobierno del PSC), quien restituyó a Trapero como jefe de la policía (se le había apartado cuando se intervino la autonomía catalana vía artículo 155 de la Constitución) cuando fue absuelto por la Audiencia Nacional.
En el tribunal de excepción, Trapero y otros mandos policiales fueron juzgados por sedición, exponiéndose a penas de prisión similares a las que se condenó a los líderes políticos del Procés. Quedó exonerado por su "neutralidad política" durante el otoño de 2017 y por el plan elaborado para detener a Puigdemont y Junqueras, pero, sobre todo, por el hecho de que el juez principal de aquel procedimiento fuera Ramon Sáez, progresista, que rechazó connivencia entre los Mossos y el Govern para hacer el 1-O y avaló la posición contemplativa de la policía catalana, en comparación con las cargas policiales por las que optaron la Policía Nacional y la Guardia Civil aquel mismo día. A Trapero lo salvó entonces actuar como policía y no como político.