Aulas vigiladas y violación de la intimidad: el plan de agentes en las escuelas que fracasó en el Reino Unido
El registro integral a una estudiante negra de 15 años acabó con el modelo impulsado por Tony Blair
LondresEl plan piloto de los Mossos d'Esquadra para introducir agentes de paisano en las escuelas tiene un precedente lejano. Más allá del dato que destaca la OCDE –uno de cada dos países desarrollados cuenta con programas similares de colaboración entre las escuelas y los agentes de la autoridad "con finalidades preventivas y comunitarias"–, el Reino Unido empezó a hacerlo poco después de la posguerra (1949, en Liverpool) con sesiones de contacto con jóvenes. Pero la figura más reconocible de agentes en las escuelas —los school liaison officers— se consolida a partir de los años sesenta. Y el despliegue masivo llega, sobre todo, en los años 2000, bajo los gobiernos de Tony Blair, con los safer school partnerships. En aplicación de esta iniciativa, los agentes —safer school officers— se asignaban a centros concretos, especialmente en zonas urbanas vulnerables o consideradas conflictivas. En muchos casos trabajaban físicamente dentro de los centros, con despacho, presencia regular y participación en el día a día de la escuela y también, de forma ocasional, en la semanal y tradicional assembly, la reunión de todo el alumnado y profesorado, como momento de reflexión para fortalecer la comunidad. Habitualmente, los agentes iban uniformados, ya que su función combinaba prevención y visibilidad.
Pero el modelo fue generando un debate creciente, porque difuminaba la frontera entre disciplina escolar y sistema penal. Se corria el riesgo de judicializar conflictos menores que pudieran tener un impacto desproporcionado sobre alumnos de minorías raciales. La falta de formación específica en tratamiento de los problemas o cuestiones específicas de la juventud, o la desigualdad entre unas fuerzas policiales y otras del país también fue una de las críticas habituales. Pero el punto de inflexión fue el conocido caso Child Q.
Polémica y nuevo modelo
En diciembre de 2020, una alumna negra de quince años fue cacheada integralmente dentro de su escuela en Hackney. Este es un barrio del este de Londres económicamente muy desigual, con grandes bolsas de pobreza pero también áreas muy gentrificadas y acomodadas. Tres agentes de policía procedieron, bajo sospecha de posesión de drogas, a desnudar a la chica sin la presencia de ningún adulto responsable del centro.
Child Q tuvo que quitarse toda la ropa, también la ropa interior; la obligaron a quitarse la compresa que llevaba porque tenía la regla, a abrir las nalgas y a toser. No llevaba ninguna sustancia ilegal, sin embargo. La investigación independiente posterior (2025) concluyó que la actuación había sido "innecesaria, desproporcionada y traumática" para la víctima, y destacó el sesgo racial del comportamiento policial. La chica sufrió una clara violación de su intimidad y de sus derechos como menor. Dos de las agentes implicadas fueron expulsadas del cuerpo, y la escuela tuvo que pagar una importante indemnización por no haber respetado los protocolos de protección de la infancia.
El caso Child Q acabó de sentenciar el modelo de policía dentro de las escuelas. En 2025, Scotland Yard eliminó la figura de los agentes fijos dentro de los centros de enseñanza. Entonces quedaban 371 de un máximo de casi mil desplegados a principios de los años 2000. Ahora, estos agentes desplegados para velar por la seguridad de los alumnos se han integrado en equipos de policía comunitaria especializados en jóvenes. El nuevo modelo mantiene la relación con las escuelas, pero de forma externa y con intervenciones puntuales —charlas, prevención, coordinación con servicios sociales—, evitando la presencia cotidiana en el interior o alrededor de las aulas.
Constatación del sesgo racial
La crítica al racismo en las actuaciones policiales que afectan a los adolescentes –y también a los adultos– es recurrente. Esta misma semana se ha vuelto a denunciar. Un informe presentado el martes revelaba que los niños y jóvenes negros en Inglaterra y Gales tienen casi ocho veces más probabilidades de ser sometidos a registros integrales por la policía que los blancos. También sufren más el uso de la fuerza policial, con justificaciones basadas en su "tamaño, género o complexión". La comisaria de la infancia, Rachel de Souza, advirtió que estas desigualdades raciales han empeorado en los últimos años.
Los datos del informe, recogidos entre julio de 2023 y junio de 2024, analizaban el comportamiento de las 44 fuerzas policiales de Inglaterra y Gales, y revelaban que se habían producido 362 registros de este tipo a menores de dieciocho años. De estos, el 31% afectaron a niños o jóvenes negros, el 50% blancos y el 11% asiáticos. Si se tiene en cuenta la proporción de la población y los grupos raciales, se deducen casi ocho veces más posibilidades de que la población negra sufra estos comportamientos respecto a la blanca y cinco veces más que la asiática.