"Almorzábamos suizos porque los olíamos desde casa"
La centenaria pastelería Ideal de Gràcia celebra una despedida popular ante el probable cierre del negocio a finales de mes
BarcelonaSentadas en fila, sujetan una copa de plástico con el cava a medio acabar mientras charlan animadamente. "Está bueno, pero yo ya no querré más, eh", avisa una. "Los suizos de crema de aquí están muy buenos. Y los cruasanes también. ¡Ah, y el chocolate! Y la nata", enumera otra. Anna Maria, Maria Antònia y Mirna viven en la residencia de ancianos del barrio, ubicada a pocos metros de la centenaria pastelería Ideal de la Vila de Gràcia. Este sábado por la mañana han bajado para asistir a la fiesta popular de despedida que se ha organizado delante de este local. El negocio, abierto desde el año 1919, está en tiempo de descuento: la familia Álvarez tendrá que cerrarlo el próximo 31 de mayo si no encuentran a alguien que quiera tomar el relevo.
"Ay, qué pena, qué pena... Hace años que vengo uno o dos veces por semana con Mirna", dice Anna Maria, de unos 80 años, a las puertas de este negocio tan querido por el barrio. Explica con media sonrisa que es diabética, y que según el médico no debería comer dulces muy a menudo, pero que a ella le gustan mucho. "A mi edad...", dice. No termina la frase, pero da la sensación de que se pregunta con cierto tono burlón: "¿Quién me prohibirá nada?" Asegura que si tiene que elegir un dulce de la Ideal, sería el suizo. "¡Pero el pequeño. El grande es demasiado grande!", añade.
No es la única que opina así: el de esta pastelería quedó segundo en el concurso del mejor xuixo del mundo del 2019 y está tan generosamente relleno que, entre la crema y el azúcar espolvoreado, obliga a usar más de una servilleta. Víctor es la primera vez que compra en la Ideal. Se ha enterado por las noticias de que es probable que tenga que bajar la persiana y quería probar el xuixo de crema antes de que fuera demasiado tarde. "Probablemente, de los más buenos que he probado", admite, gratamente sorprendido. Como buen gerundense, se jacta de haber comido muchos. "El punto tostado es la clave", añade.
La Ideal es un emblema del barrio y muchos de los que se han acercado a la pastelería este sábado no disimulan la pena de que este sea uno de los últimos días que podrán bajar a desayunar o merendar. "Hace 30 años, mi marido y yo desayunábamos estos suizos porque los olíamos desde casa", explica María Antonia, que había vivido muchos años en el bloque adyacente. Aquel olor les avisaba de que era hora del desayuno: "Era la señal; bajábamos juntos a comerlos", recuerda.
"Idealmente para siempre"
En este tramo de Gran de Gràcia —con el tránsito cortado—, suena un poco de música clásica. Han montado una mesita delante del escaparate con más copas de cava preparadas y unas pastas saladas cortesia de la casa. Gracienses y clientes habituales van llegando a la puerta del número 207 en tandas. En algunos momentos, el estrecho local se ve desbordado.
El goteo de fieles ya había comenzado antes de las 11 horas, que es cuando se había convocado el encuentro. La decena de mesas están ocupadas. No dejan de despachar. Suzus, cocas, pastelitos de fruta, croissants, sándwiches y pan. Algunos también piden cafés. Van de cabeza. Muchos clientes saben que, hoy, toca llevarse el desayuno a la calle.
La causa detrás de este cierre no es precisamente la falta de éxito. Es la falta de relevo. Los hermanos Lluís y Miquel Ángel Álvarez representan la tercera generación de la familia al frente del negocio. El primero se jubila, y el segundo no se ve con fuerzas de mantener el negocio solo, como explicaban a el ARA. Hace meses que intentan buscar a alguien que se ocupe y no lo deje morir, pero no han tenido suerte todavía. De momento, en la puerta de la pastelería, han colgado un cartel: «IDEALmente para siempre»