Barcelona encara el esprint final hasta las elecciones de mayo
Collboni arranca la carrera como favorito pero con deberes pendientes y obstáculos en el horizonte
BarcelonaBarcelona se prepara para el esprint final antes de las elecciones municipales de mayo. Con todos los corredores en sus posiciones una vez resueltas las incógnitas sobre los cabezas de cartel de Junts per Barcelona y Barcelona en Comú, y confirmado el salto de Aliança Catalana a la capital, todo está listo para el inicio del último curso político antes de los comicios. Un curso breve –menos de nueve meses— pero con asuntos candentes como la vivienda, el incremento del sinhogarismo o los últimos tiroteos en la ciudad que a buen seguro condicionarán el plenario que salga de la cita con las urnas.
De acuerdo con encuestas como el último barómetro municipal, el alcalde, Jaume Collboni, inicia este último tramo del mandato como favorito para la reelección. Ahora bien, lo que el alcalde tiene por delante no son precisamente los 100 metros lisos sino más bien una carrera de obstáculos. No solo porque la afronta con el gobierno más minoritario de la historia con solo diez concejales, sino también porque en este último esprint en el que tradicionalmente la oposición se endurece tiene por delante algunas carpetas importantes por resolver.
Para encarar el reto de la reelección, Collboni hace tiempo que blande la bandera del "derecho a quedarse en la ciudad". Un eslogan con el que quiere englobar dos de las prioridades que se marcó a raíz del ecuador de mandato: la vivienda y los servicios sociales. En la primera, consolidada durante todo el mandato como el principal problema de los barceloneses, el alcalde tiene grandes objetivos a medio plazo como la eliminación de los pisos turísticos a finales de 2028 o el logro de un ritmo constructivo de mil pisos públicos anuales.
Antes de los comicios, sin embargo, parece difícil poder adivinar resultados. Descartada la reforma de la reserva del 30% de vivienda protegida –una de las grandes promesas de Collboni cuando llegó al cargo–, el gobierno municipal ha sacado pecho de una contención de precios de alquiler que, eso sí, ha ido acompañada de una reducción de la oferta. Sobre la mesa sí que hay promesas de nuevas ayudas que todavía se tienen que concretar y caminos abiertos para luchar contra la compra especulativa que habrá que ver si aterrizan antes del mes de mayo. Un ámbito en el que sí que quema una carpeta, la de la negociación –con la mediación del síndic de greuges de Barcelona– con el fondo New Amsterdam Developers para evitar que el bloque Papallona y el bloque Sant Agustí se conviertan en colivings.
Negociaciones clave
El ejecutivo del PSC tiene otras negociaciones importantes sobre la mesa. Aparte de unos presupuestos que si no hay un milagro se tendrán que prorrogar –hecho que confirmaría un primer mandato en el que el Ayuntamiento no aprueba ninguna cuenta por la vía ordinaria–, Collboni tiene en marcha dos conversaciones relevantes para la ciudad. La primera, la que tiene con los vecinos de la Sagrada Familia para la resolución de un conflicto enquistado durante años como el de la escalinata y sobre la cual debe haber noticias pronto. La segunda, más en sus inicios, es con el Puerto por la limitación de los cruceros de paso, que el alcalde anunció que quería reducir a cero.
También en clave interna debe negociar el gobierno municipal, que hace meses que arrastra un conflicto con buena parte de los profesionales de los servicios sociales del Ayuntamiento por la negociación del convenio colectivo. Igualmente, hay un pulso abierto por parte de las bibliotecas, que han anunciado una nueva jornada de huelga el martes ante la falta de respuesta, denuncian, del consistorio a sus reclamaciones para mejorar las condiciones laborales del servicio.
Como en el caso de la vivienda, en lo que respecta a las grandes obras que tienen a media ciudad en el aire, muchos son proyectos a largo plazo –como la línea 8, la Sagrera, la Meridiana o la cobertura de la ronda de Dalt– que no verán la luz en este mandato aunque las molestias que generan sean ya presentes. Para compensarlo, el alcalde intentará exhibir algunos triunfos como la finalización de las obras de la Rambla, que entran ya en su recta final. En cambio, otras obras que debían ser importantes este mandato como la conexión del tranvía hasta Francesc Macià o la recuperación de interiores de manzana –la otra gran promesa incumplida de Collboni– han quedado para el próximo mandato.
Problemas inesperados
Por delante, el gobierno municipal tiene también problemas enquistados de la ciudad tales como el alarmante número de personas sin hogar que no para de crecer o la saturación de los alojamientos de emergencia. Como siempre, sin embargo, los obstáculos más difíciles son los inesperados que puedan surgir, como la reciente crisis provocada por el socavón que las obras de la Línea 9 causaron a principios de verano en el barrio de Sant Gervasi - la Bonanova y que hará que algunos de los vecinos afectados no puedan volver a casa hasta principios de 2027. También el auge de los tiroteos de los últimos meses en la capital catalana que han reflotado una percepción de inseguridad que se había logrado rebajar en la primera parte del mandato.
Todo ello sin perder de vista un debate que, atizado desde hace tiempo por la extrema derecha –que con Vox y Aliança Catalana amenaza con tener un peso importante en el próximo hemiciclo de la capital catalana–, ha empezado a asomar también en los barómetros municipales: la inmigración. La crisis de Ceuta estos días no hará sino alimentar una cuestión que a buen seguro aparecerá en la precampaña de las elecciones del mes de mayo en Barcelona.
La oposición busca erigirse en alternativa
Con todo este escenario por delante, la oposición tratará de hacerse un hueco para llegar a la campaña electoral con opciones de arrebatar la alcaldía al PSC. Siempre según el último barómetro, quien comienza esta carrera con mejor disposición es la ERC de Elisenda Alamany y su apuesta por recuperar la identidad de Barcelona. Esta será una de las claves de este final de curso, el cambio que pueda sufrir la relación entre socialistas y republicanos, que han sido durante buena parte del mandato el socio principal de Collboni.
Barcelona en Comú y Junts, en cambio, tratarán de dar la vuelta a las dinámicas que les auguran los sondeos, que les sitúan desde hace tiempo en retroceso. Lo intentarán, eso sí, con sus cabezas de lista ya definidos. Gerardo Pisarello y Jordi Martí Galbis probarán de aprovechar estos meses para reforzar su imagen de alternativa al alcalde, el primero poniendo el acento en debates como la importancia de una vida asequible en la ciudad y el segundo en la seguridad y el orden. Dos temas en los que también hará incidencia el aspirante del PP Daniel Sirera, que continuará con su estrategia de no perder ninguna oportunidad de señalar al alcalde por las cosas que cree que no funcionan en la ciudad.