Literatura

Ramon Mas: "Las heridas que llevamos son lo que nos hace diferentes de los demás"

La novela 'Siempre es demasiado tarde' parte de la caída de un hombre de 30 años en una grieta temporal que le cambia la vida para siempre

El escritor y editor Ramon Mas, este agosto en Barcelona
06/09/2026 - 20:14 h.
4 min

BarcelonaUna mañana cualquiera, el universo le tiende una trampa a Nofre Canadell, y cuando vuelve en sí, todavía aturdido y con la palabra spricka tatuada en el muslo, se pone en contacto con su mujer y sus hijos y se da cuenta de que, sin saber cómo, han pasado quince años. "Su vida no podrá volver a ser como antes –adelanta Ramon Mas (Sant Julià de Vilatorta, 1982), que este septiembre publica la novela Sempre és massa tard (L'Altra)–. Hace mucho tiempo que doy vueltas a esta historia. La primera idea la debí tener siete u ocho años atrás. Giraba en torno a un padre que no podía recuperar el contacto con sus hijos ni con su mujer después de caer en una grieta temporal".

A partir de esta premisa, Mas ha trabajado la historia a conciencia para tratar de ofrecer el punto de vista de los cuatro miembros de la familia y también de algunos personajes que acaban teniendo relación con ella. Es el caso de David, el antiguo socio de Nofre, Adela, vinculada al hospicio donde el protagonista va a parar y Agda, una joven sueca amante de la música electrónica que hace un hallazgo decisivo en la resolución de la trama, y que genera una leyenda urbana que obsesiona durante una larga temporada al hombre extraviado. "Crecí en Osona durante las décadas de los 80 y los 90, y de adolescente me fascinaban las leyendas urbanas –recuerda–. Una de las más populares era la de la niña que había muerto en un accidente de coche y que las noches de tormenta volvía a aparecer en la misma curva. En cada pueblo la historia era un poco diferente. Daba un miedo que te cagas. Te la contaban los mayores y tú la acababas repitiendo a los pequeños".

Instalado desde hace unos años en un municipio del Montseny, Mas ha ido haciendo balance de los años de formación pasados en Vic. "Si no me hubiera ido, no estaría escribiendo libros como este ni como Els murs invisibles [L'Altra, 2024]", asegura. Si allí convertía en materia narrativa las tres semanas que separaban el primer intento de suicidio de un amigo suyo, Raül, del segundo y definitivo, en Sempre és massa tard se ha querido distanciar de sus vivencias personales, aunque ambienta la novela en la capital de Osona y la dedica a dos pérdidas recientes, la de su madre y la de Jordi Sanglas, amigo y autor de la novela 100.000 candeles (Males Herbes, 2013). "Las heridas que llevamos son las que nos hacen diferentes de los demás –dice Mas–. Todos los personajes de Sempre és massa tard están bastante rotos y arrastran un drama. Cada uno, sin embargo, lo vive a su manera".

Nofre tiene que luchar para salir adelante a pesar de la desesperación de haberse quedado solo. Su antigua familia, formada por Naima y los dos hijos, Mireia y Ahmed, metabolizan la ausencia del padre con grados diversos de resentimiento, tristeza y culpabilidad. "Al principio, Nofre cree que puede rehacer el vínculo con la mujer y los hijos y se propone conseguirlo, pero sin pretenderlo destruye a la familia", avanza. Aunque Naima se ha vuelto a emparejar con un buen hombre, Pere, ha ocultado a los hijos que no es su padre, y esta mentira le pasará factura. "Las emociones de unos y otros son confusas, el lector las puede ir intuyendo, aunque en ningún momento las hago evidentes –dice Mas–. Una de las conversaciones más importantes del libro, entre Mireia y Naima, está llena de sobreentendidos y de cosas a medias. Conozco muchas familias que funcionan así".

El precio de esquivar la crianza

La figura que queda peor parada en la novela es la del padre, un hombre que desaparece sin saber por qué, aunque hasta el momento de esfumarse había pasado de puntillas por la crianza de los hijos. "Nofre es un pusilánime. Es un hombre que va tirando. No es capaz de encarar los problemas –comenta el autor–. Si Sempre és massa tard fuera una tragedia griega, sería un títere del destino. Al final, sin embargo, después de muchas vicisitudes, tomará la decisión de actuar".

Mas ha escrito un drama intimista con toques de ciencia ficción que se lee con la avidez de un thriller. A medida que pasan los años, en la ciudad de Vic de la novela, presidida por un enorme matadero, las condiciones de vida empeoran a causa de las altas temperaturas. La peor droga de la sociedad que describe el autor no se esnifa, ni se inyecta ni se bebe, sino que se consume a través de pantallas. "La adicción a la ficción ya forma parte de nuestro mundo –admite–. Cada vez hay más gente que tiene la necesidad de estar entretenida constantemente, ya sea a través de series, películas, pódcasts o redes sociales". La literatura quedaría al margen de esta desconexión que persiguen muchos usuarios, porque exige la participación activa por parte del lector. "La idea de vivir enganchado a la ficción me viene de un cuento que se me ocurrió hace años –dice Mas–. El protagonista era un señor muy viejo que tiene el cuerpo hecho polvo, pero que gracias a conectarse a otra realidad a través de un casco puede volver a conseguir que su vida valga la pena".

En 2012, el mismo año en que Ramon Mas fundó la editorial Males Herbes con Ricard Planas, debutó con la novela breve Crònica d'un delicte menor (L'Albí). Desde entonces ha compaginado el trabajo en la editorial –especializada en géneros no realistas, desde el fantástico al terror, la ciencia ficción y la sátira– con la creación literaria. Sempre és massa tard llega pocos meses después del ensayo Un llibre per parlar amb fantasmes (Males Herbes, 2026). "La idea principal es antagónica a la de las fases del duelo –defiende Mas–. Después del dolor inicial, no creo que se deba dejar atrás a la persona que ya no está. Debemos aceptar que todavía nos acompaña y aprender a comunicarnos con ella. Hay muchas culturas que viven la muerte con mucha más naturalidad que la nuestra. Los muertos tienen un plato en la mesa. Aquí los encerramos en un cementerio y les vamos a ver una vez al año. A los muertos no les hace falta un lugar para manifestarse, porque el lugar eres tú mismo, y depende de cómo lo vivas para que ellos puedan volver con mayor o menor frecuencia".

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