Barcelona

El peaje comercial de las grandes obras: "Al final tendremos que marcharnos"

Tiendas de calles afectadas por actuaciones de larga duración reclaman más ayudas al Ayuntamiento

Una tienda en liquidación junto a las obras de la L8 en Gràcia.
22/08/2026 - 19:02 h.
4 min

BarcelonaUn cartel rojo de grandes dimensiones anuncia que se alquila el local de la esquina entre Travessera de Gràcia y la calle de Sant Gabriel, junto a la plaza Gal·la Placídia de Barcelona. Hasta hace tres semanas, en aquellos bajos había una tienda de joyas y complementos que llevaba años en el barrio. Hasta el 31 de julio, cuando cerró definitivamente, el comercio tuvo colgada en la puerta una carta en la que se despedía de los vecinos y explicaba los motivos del traslado a un nuevo local en Sant Gervasi: el impacto de las obras de la línea L8 de Ferrocarriles de la Generalitat (FGC).

Después de un año y medio resistiendo, el comercio ha dicho basta. "Ante la imposibilidad de ofreceros la atención cómoda, cercana y de calidad que merecéis, ponemos un punto y aparte", exponía la misiva, que apuntaba que la evolución de las obras prevé un incremento de la afectación en la zona. Una estocada definitiva. "Las largas obras dejarán nuestro local prácticamente inaccesible durante un largo período de tiempo", relataban.

La única mesa disponible en la terraza del bar Urgell 1929.

Podría ser que esta tienda de bisutería no fuera la última en bajar la persiana por las obras. A pocos metros, en la tienda de ropa interior femenina Curvaciones, Isabel también recomienda a las clientas que estén pendientes de las redes sociales y la web del comercio, porque no descarta trasladarse pronto. Explica que si el primer tramo de las obras ya ha sido complicado, lo que ha de venir ahora será todavía peor. Unos quebraderos de cabeza que, apunta, se han dejado notar también en la caja. "Si continúa así tendremos que marcharnos", dice.

La banda sonora de radiales y martillos neumáticos no es exclusiva de la zona de Gal·la Placídia. En la calle Muntaner también hace tiempo que las obras de la línea L8 se dejan notar. Laia Bueno trabaja en la zapatería Casas. Desde hace un par de meses tiene a poco más de un metro de la entrada una valla de obra que deja un paso estrecho para los vecinos y que, denuncia, multiplica el "calor" y "la resol" dentro del local. "Mucha gente evita esta calle si puede", lamenta, y añade que muchos clientes que iban en coche ya no van. La caja, claro, lo nota. Bueno apunta resignada que todavía deberán aguantar como mínimo medio año. Algunos, como la tienda Gola que está unos metros más arriba, se han rendido. Un cartel rojo lo corrobora: "Liquidación por las obras...", dice con puntos suspensivos.

Cartel en la zapatería Gola de la calle Muntaner anunciando la liquidación por las obras de la L8.

Las molestias para los comercios afectados salpican todo el recorrido de la futura línea, que debe permitir conectar las líneas del Vallès y el Baix Llobregat de FGC. En la calle Comte d'Urgell las tiendas deben convivir también con las vallas que hacen de pantalla en unas obras que ya duran veinte meses. Un ejemplo es el bar Urgell 1929, que se esfuerza por llegar a cumplir su centenario de aquí a tres años. No se lo están poniendo fácil. Ubicado en el cruce con Consell de Cent, prácticamente ha encadenado las obras del eje verde con las de la L8. Rosa Parramon celebra que desde hace un tiempo ha podido volver a poner una mesa en la terraza, pero admite que no es fácil salir adelante. Explica también que, a pesar de que en un inicio la comunicación con el Ayuntamiento no fue óptima, ahora ha mejorado gracias a la figura de mediación entre los comercios y las obras.

Pero la ciudad no solo atraviesa las obras de la línea L8. En Poble-sec, los vecinos de la calle Vila i Vilà llevan dos años y medio conviviendo con las incomodidades que les generan los trabajos para el nuevo colector, una infraestructura necesaria que debe mejorar la resistencia del barrio a las inundaciones tras aguaceros. Estas obras han hecho que algunos comercios tengan que bajar las persianas y que otros estén llegando al límite y hayan tenido que despedir personal. Aunque parece que por fin encaran la recta final, los comerciantes continúan reclamando compensaciones por el impacto que todo ello ha tenido sobre sus negocios.

Carteles con el nombre de los comercios afectados por las obras de la calle Comte Urgell.

El Ayuntamiento promete ayudas

La falta de ayudas es una de las quejas recurrentes en todos estos casos. Diversos comerciantes lamentan que, más allá de poner carteles visibilizando el nombre de las tiendas ocultas detrás de las vallas, se les han ofrecido pocas medidas. En el último pleno, el consistorio aprobó por unanimidad una proposición de Junts per Barcelona que instaba al gobierno municipal a dar ayudas a los comercios afectados por obras de larga duración. Un plan que incluía compensaciones económicas directas para los tenderos, vales de descuento municipales para que los vecinos compren en estos comercios e, incluso, negociar con las suministradoras una moratoria de las facturas de los establecimientos que hayan tenido que cerrar temporalmente, como en el caso de los afectados por el socavón de la L9 en Sant Gervasi.

Durante aquel debate, la teniente de alcaldía de Promoción Económica, Raquel Gil, admitió que "las obras comportan molestias", pero subrayó que "la incomodidad es temporal y los beneficios duraderos". La regidora apuntó, sin embargo, que ya hace tiempo que el consistorio hace propuestas para promocionar los comercios de zonas afectadas por obras y que trabaja en mejoras de visibilidad.

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