Urbanismo
Sociedad  /  Barcelona 09/12/2021

La Sagrada Familia: el debate estrella de Barcelona

Cada nuevo paso del templo hace renacer los debates sobre la fidelidad al proyecto de Gaudí y atemoriza a los vecinos afectados por los derribos

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Vista de las torres de la Sagrada Familia con la nueva estrella, que corona la torre Maria, ya instalada

Barcelona"Es impresionante", dicen Maite y Joan desde uno de los quioscos de prensa al pie de la Sagrada Familia. La nueva estrella, que se tiene que iluminar a partir del miércoles, como cada uno de los pasos que se han ido dando con las obras del templo, les parece "magnífico", a pesar de que se reconocen parciales. Como en el juego infantil que consiste en gritar si es babor o estribor "quien gana, quien gana", ellos tienen claro que quien gana es la fachada del Nacimiento, que es la que les queda detrás del quiosco y que no genera la polémica que genera la de la Gloria, donde la Junta Constructora proyecta una gran escalinata y un acceso diáfano que supondría derribos en dos islas de casas, entre las calles Mallorca y Aragó, para que la Sagrada Familia sea visible desde la Diagonal.

Un punto en eterno debate que, justo antes de la pandemia y cuando se trabajaba con la idea de tener el templo acabado en 2026, llevó al Ayuntamiento –por fin– a mover ficha y convocar un proceso de discusión con todas las partes. El covid lo dinamitó, y desde el primer encuentro, en marzo de 2020, que no se ha vuelto a convocar, a pesar de que la teniente de alcaldía de Urbanismo, Janet Sanz, defiende que se quiere dejar el proyecto urbanístico terminado durante este mandato.

"No liga mucho con el resto, ¿no?", cuestiona, unos metros más allá del quiosco, Encarnación, que viene de Madrid y quiere valorar en primera persona una de las protagonistas de la semana de la actualidad barcelonesa: la estrella de doce puntas arriba de todo de la torre de la Virgen María. Cada nuevo paso en las obras de la Sagrada Familia, como por ejemplo la culminación de la que será su segunda torre más alta, reabre discusiones recurrentes en la ciudad sobre hasta qué punto las obras que se hacen ahora concuerdan con el proyecto original de Gaudí y sobre la necesidad o no de acabar el proyecto y derrocar el millar de pisos afectados.

Esta cuestión divide desde hace años a los arquitectos, con voces como la del acabado de traspasar Oriol Bohigas, que ya en los años 60 se significó contra la continuación de las obras, o la de Enric Massip, que durante el mandato de Xavier Trias elaboró una propuesta que proyectaba la escalinata, abría el espacio central de las calles de delante de la fachada pero reducía hasta 150 el número de viviendas a demoler. Y realojaba a los afectados entre las mismas islas y el solar de Agbar –adquirido por el templo ya en 2019.

Una escalinata translúcida

"Nuestra propuesta era que la escalinata fuera más espacio público que templo y que fuera translúcida para no empeorar las condiciones de la calle Mallorca cuando pasa por debajo", explica Massip, que no esconde que tendría muchas ganas de sacar adelante el proyecto pero que desde 2014, con el cambio de color del Ayuntamiento, ha habido, dice, "mucha cobardía". Una cuestión que atribuye más a condicionantes sociales que no a legales o económicos –el proyecto que se movía entonces preveía que los realojos se hicieran a coste cero para los vecinos, con un fondo social surgido del aumento de las tarifas de la Sagrada Familia–. Vicente Guallart, que era el arquitecto en cabeza de la ciudad cuando se valoraba la propuesta de Massip, reitera que la Sagrada Familia se tiene que acabar: "Soy partidario de hacer el mejor proyecto posible. Hacer lo mejor que sepamos hacer nuestra generación". ¿Sobre los derribos? Pide hacer prevalecer "el interés general" de la ciudad y realojar a los vecinos en buenas condiciones.

El proyecto Salón Sagrada Familia de Enric Massip, con la escalinata y la apertura de espacio delante de la fachada de la Gloria.

Durante estos últimos años, la polémica alrededor de las obras ha resurgido en momentos puntuales, como cuando el que era concejal de Arquitectura por el PSC, Daniel Mòdol, la comparó con una "mona de Pascua gigante" y aseguró que era una "pseudoobra de Gaudí". Ahora Mòdol apunta que la obra "acumula una gran cantidad de intervenciones en diferentes etapas que han generado una superposición de lenguajes" y que la estrella introduce todavía una nueva vertiente: la luz.

La luz también inquieta al arquitecto Juli Capella, partidario de completar las obras –dejando claro qué parte es de Gaudí y cuál no– pero no de derrocar casas de vecinos –"Ahora no se los puede echar, las personas van antes que las piedras"–. "No había que poner un hito iluminado. Ahora dicen que solo será luz blanca, pero quién sabe si más adelante habrá colorines o parpadeos", dice.

En nombre del Colegio de Arquitectos (COAC), Sandra Bestraten, presidenta de la demarcación de Barcelona, insta a retomar el debate puesto en marcha sobre los entornos del templo cuanto antes mejor y a respetar el trabajo del equipo actual de arquitectos y de todos los que han trabajado en la obra: "Es el momento de recogerlo. Lo tenemos que abordar para que los vecinos puedan estar orgullosos de vivir junto al monumento y no lo sufran como un problema". También la asociación de vecinos ha dirigido un ultimátum al consistorio para que convoque los grupos de trabajo. Consideran "inmoral" que las obras avancen sin dar respuesta a las inquietudes vecinales y piden parar los trabajos hasta retomar el debate.

"A nosotros la estrella ni nos viene ni nos va, lo que queremos es atacar el problema de turismo masivo", denuncia el presidente de la entidad, Joan Itxaso, alertado por las declaraciones del templo, que confía recuperar los volúmenes de visitantes prepandemia a principios de 2024: 4,5 millones de visitantes al año. La presión en el entorno es mucho más alta, porque se estima que hay 13,5 millones de personas que visitan la Sagrada Familia desde fuera. El compromiso del gobierno municipal es convocar de nuevo la comisión de seguimiento antes de que acabe el año, según apuntó en noviembre la responsable de Urbanismo en comisión.

"No es de Gaudí"

"Es un error y un horror", dice Salvador Barroso, portavoz de la plataforma de afectados. Se refiere en concreto a la colocación de la estrella luminosa a 138 metros de altura y, por extensión, a todo el proyecto constructivo de la Sagrada Familia, que, si se culmina como está previsto, implica el derribo de su bloque de viviendas. Estos vecinos ya han recurrido por la vía contenciosa administrativa el plan especial que el Ayuntamiento aprobó en 2019 cuando se concedió al templo la licencia de obras que no había tenido nunca, la propia licencia y el informe de la Generalitat dando el visto bueno al proyecto. Lo recurren porque entienden que es el primer paso para hacer la escalinata de la polémica y porque insisten en que este elemento no forma parte del proyecto de Gaudí.

Y lo argumentan, sobre todo, aferrándose a un informe de la comisión de Patrimonio Histórico Artístico del ministerio de Educación y Ciencia, que, en 1975, al ser consultado por el Ayuntamiento de Barcelona sobre la conveniencia de suspender o no la licencia, permitió levantar el bloque de pisos de Núñez y Navarro en este emplazamiento de la calle Mallorca –que en 1976 quedó calificado de zona verde–. El escrito defendía que no había ningún proyecto de Gaudí sobre esta escalinata y que esta fue dibujada por sus ayudantes por primera vez en 1906, veinticuatro años después de que empezaran las obras del templo. Y avalaba la edificación del bloque de pisos justo delante de la fachada de la Gloria.

Entrada elevada

A pesar de que el gobierno municipal remarcó en el momento de aprobar el plan especial que esta parte de la obra quedaba fuera de la discusión, el proyecto aprobado sí que incluye la posible construcción de un voladizo ante la fachada de la Gloria de un máximo de 57 metros de largo y cinco de ancho –la misma anchura que la acera–, para llegar hasta la puerta de acceso al templo, que está elevada y que los vecinos ven ya como "el primer paso" para autorizar la escalinata y avanzar con los escombros. Una espada de Damocles.

La encendida de la torre será progresiva y se evaluará después de fiestas

La encendida oficial de la estrella de vidrio texturado que corona la torre de María se hará el miércoles, día de Inmaculada Concepción, al atardecer. El templo, sin embargo, ha previsto una iluminación progresiva que avanzará, de manera simbólica, con el impulso de todo el mundo que entre en la web Estel.sagradafamilia.org y encienda su punto de luz. Ayer ya se encendieron la base de la torre y mañana será el momento del fuste. La estrella se ilumina con un foco de luz blanca en el interior de cada uno de los doce brazos que lo conforman. Y, de momento, tiene autorización para funcionar con el mismo horario que el conjunto de la iluminación navideña de la ciudad. La Comisión Mixta de Protección del Paisaje Urbano emitió un informe favorable a la solicitud de la Junta Constructora para encender la torre y la estrella hasta el 9 de enero. Pasado este periodo, será necesario aprobar un proyecto global de iluminación que fije las nuevas condiciones.

Lo que también han requerido las obras ha sido una autorización de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), que verificó que ni el conjunto de actuaciones proyectadas en el templo ni las grúas no ponen en riesgo la seguridad de las operaciones aéreas.  

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