Industria aeroespacial
Sociedad 27/02/2022

El cohete de tecnología catalana que quiere conquistar el espacio

Pangea Aerospace prevé elevar su primer propulsor ‘aerospike’ en menos de tres años

Òscar Grau
3 min
El cohete de tecnología catalana que quiere conquistar el espacio

En un edificio de coworking del distrito de Sant Martí de Barcelona trabaja un grupo de personas joven e internacional que, sin hacer mucho ruido, avanza con determinación y convencimiento hacia el espacio. Pangea Aerospace pretende hacerse un lugar en el mercado de lanzadores espaciales al más puro estilo de las start-ups de Sillicon Valley. Con solo veintidós trabajadores han conseguido contratos millonarios para investigar y desarrollar una tecnología con la cual pretenden “cambiar la manera de hacer las cosas en el sector”. El director de operaciones y cofundador de la empresa, Xavier Llairó, repasa los hitos de esta empresa catalana.

Vamos al principio. Todo comenzó en 2018, cuando Adrià Argemí, un ingeniero industrial que había trabajado en grandes empresas como Airbus y Avio, decidió cursar un máster en Roma en sistemas de transporte espacial, con la idea de construir un cohete. Allí reunió al actual equipo técnico de Pangea y, más tarde, fue a buscar a París a Xavier, que trabajaba en el ámbito de la economía, para que se uniera al equipo. “Me gustó mucho el proyecto y, a pesar de que pensé que me estrellaría, tenía curiosidad y ganas de ver dónde podía llegar”. Durante los primeros meses de vida de la empresa, rápidamente consiguieron levantar dinero, casi 300.000 euros de inversión privada, y ganaron subvenciones europeas para financiar sus dos grandes proyectos disruptivos: el motor aerospike y el sistema de aterrizaje RRTB (recovery and return tono base ).

El aerospike en teoría siempre ha sido mejor que los motores convencionales porque necesita menos combustible para funcionar. El problema siempre ha sido la fabricación, que, por su singularidad, se tenía que hacer “de manera casi artesanal juntando miles de piezas”. Pero gracias a la fabricación aditiva o impresión 3D en metal lo han conseguido construir con solo dos piezas. Además, a finales del año pasado lo pusieron en marcha en una prueba por primera vez. En este sector, desgraciadamente, muchas empresas no cumplen los plazos a los que se comprometen a hacer las cosas. Por eso Llairó explica que no dicen ninguna fecha concreta si no están seguros de que la cumplirán. Después de dejar clara la postura de la empresa, avanza en primicia a lo Emprendemos que el primer motor aerospike de la historia se elevará “en un horizonte de menos de tres años, entre 2024 y 2025”. Esto implica que en aquellas fechas el cohete de la empresa, que se llama MESO, tendrá que vencer la gravedad de la Tierra para convertirse en el primer cohete funcional catalán de la historia. Y en este cohete podrán probar su sistema de aterrizaje.

“Nuestra lógica es: hardware [cohete] reutilizable, más eficiente, más barato”, dice Llairó. Para desarrollar este sistema de aterrizaje recibieron 3,1 millones de euros del proyecto Horizon 2020 de la Unión Europea. Ahora Pangea lidera el proyecto con la implicación de ocho empresas más. Se trata de un sistema de ventiladores eléctricos que hará aterrizar al MESO y otros cohetes como si fueran un dron, lo que permite ahorrar combustible. “En Europa tenemos la mentalidad de que solo podrá haber uno o dos lanzadores, pero estamos analizando el mercado con herramientas que no servirán en 10 años”, explica Llairó.

Los críticos dicen que Pangea llega tarde al mercado de los lanzadores, pero la empresa no lo ve como un contratiempo. “Estamos en el punto en el que estaban los aviones en los años cincuenta, es un sector que todavía tiene que crecer y abrir nuevos caminos”, explica Llairó, que además piensa que estamos en un momento de scaling down technology, es decir, un momento en el que “todo el mundo está haciendo tecnología y por lo tanto los costes de producción bajarán”.

Para la empresa, uno de los objetivos es conseguir que el coste de lanzamiento del MESO sea de “entre 10.000 y 15.000 euros el kilo”, que es la cifra óptima, explica el cofundador. Para lograrlo, piensan que “es más fácil hacerlo con tecnología disruptiva, aunque tenga más riesgo”. Además, los secretos industriales y la patente del motor aerospike que tiene la empresa les da una gran seguridad. Porque, si no consiguen hacerse un lugar entre los lanzadores europeos, siempre pueden optar por vender su tecnología a otras empresas y convertirse en proveedores.

En cualquier caso, los planes a corto plazo de la empresa son triplicar el número de trabajadores, ganar nuevos contratos y reforzar la relación con las instituciones. Por eso su idea es consolidarse más en el sector y centrarse en la meta principal a largo plazo de hacer volar el primer motor aerospike de la historia.

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