Barcelona
Sociedad 08/08/2021

Colau se atreve, a medias, con el Forat de la Vergonya

El Ayuntamiento planea una mejora de la plaza pero mantendrá la arenisca, la tarima y el huerto comunitario

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Plaza del Pozo de la Figuera

BarcelonaSi existiera un ranking de las plazas más difíciles de la ciudad de Barcelona, la del Pou de la Figuera, conocida también como el Forat de la Vergonya, ocuparía un lugar privilegiado. El día a día de la plaza –que está situada entre las calles de Sant Pere Més Baix, Jaume Giralt, Carders y Metges, a pocos metros del Mercado de Santa Caterina– no es nada fácil, con algunos episodios preocupantes de inseguridad, pero su historia reciente todavía la hace más complicada e invita, más bien, a mirarla y no tocarla. El año 2002, el alcalde socialista Joan Clos intentó remodelarla construyendo un aparcamiento, un gimnasio y pisos de protección. El barrio solo aceptaba los pisos y reclamaba que el resto fuera una zona verde. Ellos mismos plantaron árboles e incluso hicieron un huerto. El proceso de participación entre el Ayuntamiento y los vecinos quedó suspendido y el alcalde Clos y la regidora del distrito, Katy Carreras Moysi, decidieron seguir adelante. Ordenaron levantar un muro delimitando la parte de la plaza donde tenían que empezar a trabajar las máquinas para construir el aparcamiento e hicieron que los operarios, custodiados por los agentes antidisturbios de la Guardia Urbana, retiraran los árboles plantados. "Cuando los vecinos intentaron recuperar los árboles empezó una carga policial brutal", recuerda Maria Mas, miembro de la Asociación de Vecinos del Casc Antic en aquella época. La respuesta vecinal no se hizo esperar. "Vino gente de toda Barcelona, llamados por la Plataforma contra la Especulación, y en un momento ya no quedaba nada de aquel muro de la vergüenza", recuerda satisfecho Paco del Cuerpo, vecino del barrio y uno de los encausados por aquel episodio. El choque fue brutal: protestas, cargas policiales, heridos y detenciones. 

Los árboles y las alcachoferas se impusieron y el Ayuntamiento dio marcha atrás. La plaza la acabaron de diseñar los vecinos y así se ha quedado. A pesar de los cambios de gobierno desde entonces, nadie ha osado tocar aquel espacio. Del Cuerpo guarda orgulloso la carta que le firmó el alcalde Xavier Trias prometiéndole que no haría "ninguna actuación de envergadura en el Pou de la Figuera". Ahora, 19 años después, el gobierno de Ada Colau se ha armado de valor y se propone una reforma, a pesar de que con pies de plomo. "La voluntad no es hacer una nueva plaza, sino hacer mejoras", explica el consejero de distrito de los comuns, Andrés Pérez. Tanto es así, que ni siquiera se plantean cambiar los espacios que los vecinos acordaron: el campo de fútbol, el huerto, la tarima y el más preciado de todos: la arenisca. "Des del minuto 1 ya dejamos claro que la arenisca se mantiene", explica Andreu Meixide, coordinador del Plan de Acción del Pou de la Figuera.

El huerto comunitario de la plaza del Pou de la Figuera.

Parque infantil y locales vacíos

El plan de mejora se divide en cuatro grandes ámbitos: mejoras en el espacio físico, activación socioeconómica, memoria del espacio y dinamización social. Las mejoras en el espacio afectarán sobre todo el parque infantil, que será más grande y dejará de tener valla. De hecho, "tota la plaza será más jugable", según Pérez. Durante el proceso de participación, que empezó hace tres meses y que todavía tiene que continuar, ha habido quejas por el ruido que genera el campo de fútbol. Desde el distrito, sin embargo, tienen claro que hay muy pocos espacios para los jóvenes y adolescentes, de forma que la pelota seguirá rodando. "Tenemos que dar respuesta a una necesidad juvenil necesaria", apunta Meixide. Aún así, intentarán promover otros juegos, como el voleibol o el bádminton. Donde se dedicará buena parte de los esfuerzos y de los recursos económicos es a intentar abrir locales en los bajos que dan a la plaza, gracias a un plan municipal de compra, y también "dar apoyo a los que ya están abiertos".

En el juego de equilibrios que complican la plaza, las terrazas de los bares también generan conflicto. Ayudan a crear puestos de trabajo, pero también reducen el espacio público. Del Cuerpo es muy crítico con la ampliación que han tenido las terrazas, algunas de las cuales están sin permiso. "Han quitado bancos públicos para poner mesas privadas", critica el vecino. También ha previsto crear algún espacio de memoria para recordar la historia más reciente de la plaza, pero también la más lejana, como, por ejemplo, que ahí vivió el poeta Joan Maragall. Finalmente, también se quiere crear la figura de un dinamizador para que gestione todas las actividades que se esperan hacer. A pesar de todo, el constante uso ya es una de las principales características de la plaza. "Es la zona céntrica de la vida comunitaria del Casc Antic", valora Meixide.

Estas mejoras tendrían que permitir solucionar también los problemas de inseguridad que hay actualmente. Uno de los pequeños delincuentes a quienes temen algunos de los vecinos es Y., de 37 años. Vive en Santa Coloma, pero de vez en cuando pasa por la plaza a saludar a sus amigos. "Este es un lugar de encuentro", dice, y donde vienen a pasar el rato sobre todo ahora, que el trabajo ha bajado mucho. "Sin turistas no podemos trabajar", se queja el experto carterista, que confía que la vacunación vuelva a abrir las puertas a los visitantes para que así él pueda abrirles la bolsa y sacarles el móvil o la cartera. Después de explicar con total normalidad cómo se gana la vida, aclara: "Yo no robo nunca con violencia" porque está mal, según reconoce, y también porque "si te pillan vas a prisión pero de verdad". De momento, acumula diez detenciones y un año en prisión. Sin lugar a dudas, una de las cosas que más le gustan de la plaza es el campo de fútbol, donde de vez en cuando juega algún partido. Él, como los abuelos, los niños, las familias, los comerciantes y los vecinos en general, también tiene curiosidad para ver cómo quedará la plaza.

"Ha dejado de ser espacio urbano"

El antropólogo urbano José Mansilla explica que esta plaza es ya todo "un símbolo" de la ciudad. De hecho, todavía se pueden ver profesores universitarios explicando aquellos enfrentamientos a un grupo de jóvenes estudiantes con la boca abierta. “La gente se ha reapropiado del territorio y ya ha dejado de ser un espacio urbano. Ahora es un territorio con memoria”, ilustra Mansilla. Aquellos enfrentamientos por la plaza “fueron una respuesta contra un modelo de ciudad determinado. Ahí tenía que ir un gran aparcamiento, para seguir apostando por una ciudad de ferias y congresos”, recuerda. En aquella época, en toda Barcelona “se vio que el consenso no era ese” y los movimientos sociales de la ciudad, después de cierta calma, despertaron. El gran símbolo de aquel renacimiento son los disturbios durante el violento desalojo del cine Princesa (1996), pero también están las protestas contra el Banco Mundial (2001) o la oposición al proyecto del 22@ y al Foro de las Culturas (2004), entre otras.

Algunos de los vecinos más activos en la defensa del espacio tienen miedo a que la transformación acabe con la vida comunitaria de una la plaza que sienten suya y no consideran que el proceso participativo les represente. "Lo que tienen que hacer es restaurar la arenisca una vez al año y no dejar que se deteriore la plaza", critica Maria Mas.

El barbero asesino

Una de las calles que atraviesa la plaza, y la que le da nombre, es un cul-de-sac y esconde una leyenda de la que el folklorista catalán Joan Amades se hizo eco y que recuperó, años después, Xavier Theros en un artículo en el periódico El País. La leyenda dice que en el pequeño callejón había un antiguo hostal famoso tanto por la calidad de la carne que servía como por su precio bajo. El hostal estaba en la misma finca que una barbería y los dos propietarios habían planeado un negocio macabro: el barbero degollaba a sus clientes, los más desfavorecidos, y lanzaba los cuerpos al sótano, donde el carnicero hacía bailar los cuchillos para llenar la despensa de carne fresca. Un mendigo, sin embargo, consiguió salvar su yugular y, en la pelea con el barbero, le hizo caer al sótano, donde el carnicero esperaba impaciente con el cuchillo en la mano. Mientras los clientes del hostal degustaban carne de barbero, el mendigo denunció el caso a la policía, que acabó deteniendo y ejecutando al carnicero.

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