Debate educativo

¿Cómo aprenderá tu hijo a partir del curso que viene?

Uno de los motivos que empujaron a los sindicatos a convocar la huelga es la aplicación inmediata de los nuevos currículums, los documentos que dicen qué y cómo se tiene que enseñar, y que han generado polémica en el sector educativo, a menudo demasiado polarizado

1.

¿Qué cambia y qué se mantiene?

Tres ideas antes de entrar en materia. Los cambios en educación son muy lentos, así que es más que probable que las novedades incluidas en el currículum tarden un tiempo en mostrar resultados prácticos en las aulas, y más aún sabiendo que el departamento dejará tres años de margen para aplicarlos. La segunda, los cambios que se proponen prácticamente ni se notarán en la educación primaria, donde la transformación educativa está más extendida, mientras que serán más importantes en la ESO y, sobre todo, en el bachillerato, unas etapas en las que todavía se trabaja mucho por materias estanques y con un enfoque más memorístico. Y la tercera, a menudo parece que el papel lo aguante todo y se hacen leyes que no se acaban de cumplir.

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Los nuevos currículums siguen la línea competencial que ya forma parte del sistema por ley desde 2006 a pesar de que se ha desplegado de manera desigual en función del centro y la etapa. Lo que cambia es que por primera vez se pone por escrito que en la ESO se puede trabajar por ámbitos (romper los límites de las asignaturas). No se obligará a hacerlo, como se ha dicho desde algún sector, sino que se reconoce lo que ya hacían muchos centros, hasta ahora sin paraguas legal, pero con el visto bueno del departamento. Una de las novedades más controvertidas es el recorte del 15% de horas de algunas materias, como catalán, castellano o matemáticas, para darles a los centres horas de gestión autónoma y que las dediquen a lo que consideren más oportuno, lo que podría generar más desigualdades entre escuelas, según algunas voces. La gran transformación se tendría que ver en el bachillerato, donde sí que hay que darse prisa con los cambios, porque en 2024 tendrían que entrar en funcionamiento unas PAU renovadas y competenciales.

En cambio, hay cosas que seguirán igual: en contra de lo que se había anunciado, Filosofía se mantiene como optativa en 4.º de ESO, así como las artes escénicas, la economía doméstica y la cultura clásica; y los suspensos se seguirán llamando “no logrado” y no “en proceso de logro” para no confundir a las familias. Tampoco hay cambios en Religión: el ministerio de Educación obliga a hacer una hora a la semana para cumplir el acuerdo con el Vaticano.

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2.

¿Por qué se hacen estos cambios?

El departamento de Educación ha dicho desde el principio que tiene las manos atadas: es la Lomloe –aprobada con los votos de ERC, el partido que gobierna la conselleria– la que establece que el curso 2022-23 se tiene que modificar “el currículum, la organización y los objetivos de los aprendizajes” de los cursos impares de primaria, ESO, bachillerato y la FP básica en todo el Estado. La conselleria siempre ha admitido que los cambios no llegan en buen momento, después de dos años de tensión en los centros por la pandemia, y ha dado tres años de margen para calmar a los docentes (y desactivar las críticas de los sindicatos).

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Más allá del plazo jurídico, la transformación que impulsa la Lomloe da pasos adelante hacia un modelo educativo más competencial y menos memorístico, en la línea de lo que han hecho Portugal, Finlandia, Quebec o Escocia, y en parte también Catalunya, el territorio del Estado donde el debate pedagógico siempre ha estado más vivo y avanzado. Si aquí ha habido alboroto por los cambios curriculares, en otros puntos del Estados los nuevos documentos podrían suponer un auténtico descalabro en los centros.

Luchar contra el fracaso escolar

Tanta transformación no es ni una moda ni una invención de la conselleria o el ministerio. En Catalunya hace más de veinte años que se creó la Red de Competencias Básicas y hace décadas que organizaciones como la Unesco o la OCDE avalan estos modelos educativos. El Informe Delors de 1996 ya hablaba de competencias (profundizar en qué y cómo se aprende) y ahora el nuevo informe añade que hay que preguntarse para qué. Y aquí entra en juego la imperiosa necesidad de no expulsar a más jóvenes del sistema: en Catalunya casi un 18% de los alumnos abandonan los estudios antes de tiempo y en España un tercio repiten curso antes de acabar la ESO. No se trata de regalarles el título, sino de intentar que encuentren un sentido a lo que estudian. El CEO ha constatado que el 57% de los catalanes prefieren las competencias y el trabajo por proyectos, frente al 27% que apuestan por un modelo basado en la transmisión de conocimientos y la memorización.

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3.

¿Por qué hay tantas críticas?

La huelga convocada la semana pasada, las grandes manifestaciones y el tono encendido en las redes sociales han actuado de adobo para polarizar, todavía más, el debate educativo. En las últimas semanas se ha hablado más de las horas de las materias y de los nombres de los suspensos que de los objetivos de fondo de los nuevos currículums y se han esparcido medias verdades que han enrarecido la discusión: ni se obligará a los centros a trabajar por ámbitos ni los currículums han sido impuestos (de hecho, por primera vez se han abierto a los docentes para que hicieran enmiendas).

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Desde las trincheras de las aulas, los docentes piden no caricaturizar las posturas contrarias y avanzar hacia un debate más riguroso. “Me gusta el planteamiento y soy favorable al enfoque competencial, pero no sé si estamos en condiciones de aplicar estos currículums tan ambiciosos”, dice Marc Hortal, profesor de inglés y director del Instituto Pablo Ruiz Picasso, en Nou Barris. “No es un cambio que se pueda hacer solo publicando un decreto”, avisa. Hace algunas demandas: más formación, más horas para preparar a los equipos docentes. Reprocha, en este sentido, la “contradicción” que supone querer impulsar el trabajo competencial y cooperativo, y recortar las horas para prepararlo, después de que el Govern aceptara hace dos años reducir las horas de permanencia que los profesores tienen que estar en el centro obligatoriamente. Por eso también pide hacer una hora lectiva menos para organizar mejor las clases: “Tendríamos que volver a las 18 horas de antes de los recortes”.

Más recursos contra la desigualdad

Otra reclamación: incrementar los recursos para atender a los alumnos con necesidades especiales y “hacer cambios estructurales” para revertir la segregación escolar. “Los cambios didácticos y metodológicos no resolverán todas las desigualdades educativas”, avisa el director, que lamenta que los currículums cambian muy a menudo, pero los elementos de desigualdad del sistema “no cambian nunca”. Si no se ponen las condiciones y se da flexibilidad en los centros, los nuevos currículums quedarán en papel mojado.