Universidades

La estrategia de la Pompeu para subir el nivel de redacción de los nuevos estudiantes

La facultad de Traducción e Interpretación tiene un programa de mentorías en el que los universitarios de los últimos cursos ayudan a los que acaban de entrar.

Un grupo de alumnos entrando a la facultad de la Pompeu Fabra
18/06/2026
4 min

BarcelonaCuando entras al aula cuesta saber exactamente qué nivel de catalán se está impartiendo. En menos de media hora, pasan de aclarar cuándo un porqué va junto o separado a explicar cómo justificar que en una oración hay una tematización a la izquierda —cuando se mueve un elemento de la frase para que aparezca más adelante y darle más fuerza—, además de decidir si un verbo es copulativo o si en una frase falta el pronombre que hace referencia al complemento circunstancial de lugar. De hecho, la manera de hacer la sesión recuerda una clase de repaso, si no fuera por el hecho de que estamos en un aula del campus de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y que quien está delante de la pizarra es Aina, estudiante de quinto de grado.

Para hacer frente al agujero que, a veces, hay en el nivel de redacción con que salen los alumnos de 2º de bachillerato, en la Facultat de Traducció i Interpretació de la UPF está en marcha un programa de mentorías con el cual estudiantes de los últimos cursos de grado ayudan a los nuevos universitarios a poder seguir las clases de primero y segundo de traducción e interpretación y lenguas aplicadas. "Siempre ha habido estudiantes que llegaban aquí pensando que ya sabían redactar muy bien y al primer trimestre se desanimaban al ver que no", reconoce la decana de la facultad e impulsora del programa de mentorías, Carme Bach Martorell. También explica que, aunque siempre ha habido estudiantes que han necesitado este empujón, en los últimos años ha crecido el número de universitarios que se han interesado por este programa, motivo por el cual han pasado de hacer sesiones individuales a hacer clases grupales. De hecho, si el primer curso —hace una década— aceptaron 16 estudiantes en el programa de mentorías, este año esta cifra ya se eleva hasta los 80. Además, en el caso de catalán hay lista de espera.

El programa está pensado para abordar dos situaciones: la necesidad de reforzar la redacción en catalán y castellano de los estudiantes de primero que tienen alguna carencia o quieren mejorar su nivel de redacción, y la necesidad de ayudar a los estudiantes de segundo que tienen las asignaturas de lengua catalana y/o española suspendidas. "No son clases de repaso, no se repite lo que ya se ha hecho en el aula, sino que se detectan los puntos débiles de cada estudiante y se refuerzan", insiste Bach. En el grupo de hoy hay dos casuísticas: el Marc, que quiere ser traductor de subtítulos de videojuegos, está haciendo segundo y suspendió catalán en primero; y el Rubén, que está haciendo primero pero ha querido pedir un refuerzo. "Ya lo había hecho en la ESO y el bachillerato y es sobre todo para reforzar contenido antiguo", explica el estudiante, que quiere ser profesor de inglés.

Una sesión de mentoría de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UPF

500 euros por mentor

Quien dirige la sesión de hoy es Aina, estudiante de quinto del doble grado de traducción y lenguas aplicadas. "Yo al principio no tenía intención de participar en las mentorías porque por la tarde ya hago clases particulares y tenía el TFG y no llegaba a todo, pero desde la universidad me dijeron que había profesores que habían pensado en mí y me habían recomendado para hacerlo, y al final me apunté", recuerda. De hecho, la decana explica que se abre una bolsa —las prácticas se remuneran con unos 500 euros brutos— para que los estudiantes que quieran se presenten para ser mentores, pero que en muchas ocasiones son los mismos profesores los que recomiendan a los alumnos que ven más capacitados. "No es solo cuestión de que sean estudiantes con muy buena nota, también hay una parte muy importante de empatía y de que sepan conectar con los de primero. A veces, yo había ido a buscar expresamente a estudiantes que quizás eran de notable, pero que tenían esta aptitud", admite Bach.

Una de estas aptitudes, sin duda, tiene que ser la paciencia. "Aparte de las clases, yo les pido mucho que me envíen dudas por correo, porque solo tenemos seis sesiones y así lo podemos personalizar, y bueno... digamos que les envío más correos yo a ellos que ellos a mí, pero ya hacen primero de carrera y tienen que saber qué hacer", admite Aina. Explica que hay una parte importante de las sesiones que se dedican a las faltas de ortografía, pero que sobre todo se centran en la producción de textos. "Nos encontramos errores de cosas de hace cinco años que no han quedado claras, y salen ahora en primera carrera. Tenemos que intentar subir el nivel, sobre todo para poder continuar", describe la estudiante. En este sentido, la decana insiste en que el programa está más enfocado a conseguir que los estudiantes no abandonen que no a aprobar una asignatura. "Lo que seguro que no podemos hacer es bajar el nivel, porque hay unos mínimos que hay que cumplir, pero sí que hemos conseguido que ninguno de los estudiantes que ha pasado por la mentoría deje el grado", concluye Bach.

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