Vivienda

Casi 49.000 barceloneses están dados de alta en el padrón ficticio

La negativa de los propietarios a dejar empadronar o vivir en la calle multiplica por 12 los empadronados sin domicilio fijo en una década

Una persona durmiendo en la calle de Barcelona, en una imagen de archivo.
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BarcelonaHabitación a 350 euros más 300 euros de padrón. La fórmula se repite en webs de anuncios y ejemplifica hasta qué punto es complicado empadronarse sin un contrato de alquiler. Ángela (no quiere decir el apellido) estuvo dos años intentando que el propietario que le alquilaba una habitación compartida en un piso del barrio barcelonés de Horta la empadronara y, desesperada por las negativas, entró en Facebook y enseguida se le abrió un abanico de posibilidades para empadronarse en otra vivienda sin vivir allí. Dice que pagó 300 euros, y dos años después tuvo la "sorpresa" de que le pedían 150 más por la renovación. "La desesperación hace que acabes pagando lo que te piden", constata esta mujer colombiana con trabajo fijo y sin expediente en los servicios sociales.

Ángela no denunció el abuso ni tampoco acudió al Ayuntamiento de Barcelona para pedir que la empadronaran "sin domicilio fijo", una modalidad que la ley de bases del régimen local prevé para las personas que, o bien sobreviven en la calle, o bien viven en un piso (o una habitación) cuya propiedad niega que se empadronen. "Busco empadronamiento urgente en Barcelona", anuncia un hombre en las redes y, entre las respuestas se cuela algún que otro "yo también".

En mayo, el padrón de Barcelona tenía dadas de alta 48.832 personas sin domicilio fijo, también conocido como padrón ficticio o social, porque en realidad se las empadrona en una dirección que no corresponde con la real sino en una dependencia municipal. La cifra de empadronados con esta modalidad ha ido al alza y, de hecho, son el reflejo de la enorme crisis de la vivienda que golpea el mundo occidental. En una década, este registro se ha multiplicado por 12, en la ciudad: en 2016 los registrados eran poco más de 4.000. No todos los ayuntamientos asumen esta obligación ni se avienen a aceptar empadronamientos fuera del circuito ordinario y Barcelona, históricamente, ha atraído población que ha topado con las negativas de municipios metropolitanos a empadronarlos. Incluso sus servicios sociales les han animado a probarlo en la capital catalana.

Cambio polémico

Hace dos años, el Ayuntamiento alarmó a las entidades sociales cuando empezó a poner orden en el padrón para garantizar que los empadronados "realmente" viven en la ciudad. Así, se puso punto final a la autorización de empadronar personas en los locales de las entidades sanitarias y sociales si no ofrecían cama; una solución que beneficiaba a 1.700 personas. La gerente del área de servicios sociales, Marta Clari, justifica la eliminación de esta categoría porque, a día de hoy, ya no tiene el sentido originario de proteger a las personas con enfermedades infecciosas —mayoritarias—, dado que el departamento de Salud ya les garantiza la tarjeta sanitaria vinculada al padrón.

Además, se introdujeron cambios en el padrón social y se empezaron a hacer más inspecciones para comprobar in situ la residencia de estas personas, ya sea en la habitación donde no se les permite estar empadronado o en el rincón de la calle donde dicen que pernocta una persona sin hogar. Por tanto, se ha pasado de hacer "controles aleatorios en los que crecía la demanda a controles periódicos" para dar de baja altas falsas, apunta la responsable municipal.

Los educadores sociales acuden al lugar indicado hasta en tres ocasiones; si no se les encuentra, se les llama por teléfono para concertar una nueva cita. En caso de que no haya respuesta, pasado un "período garantista de siete u ocho meses", se les da de baja porque se considera que no tienen vecindad. Según los datos aportados por Clari, las peticiones de alta del padrón social han pasado "del 75% al 55-60%", lo que, a su parecer, confirma que ha cuajado la idea de que no vale la pena intentar empadronarse si realmente no se vive en Barcelona.

Seguimiento social

Con todo, los datos indican que los empadronamientos sin domicilio han crecido, de la misma manera que han crecido los empadronamientos del padrón ordinario. En mayo de 2024, cuando trascendieron las órdenes de restringir el empadronamiento social, había registradas 45.000 personas, 3.800 menos que en los últimos datos oficiales. De los padrones sin domicilio fijo, la inmensa mayoría —41.313— corresponden a los residentes que, como Ángela del principio del texto, no tienen ninguna vinculación con los servicios sociales, sea porque trabajan y son autónomos o bien porque evitan relacionarse con ellos. En cambio, los 7.500 restantes sí que tienen un expediente abierto y se les hace un seguimiento.

Para Arrels Fundació, referente en el acompañamiento de las personas que viven en la calle, el cambio en el padrón "ha hecho más engorroso un trámite indispensable" para los que ya tienen suficientes problemas para subsistir, y, además, sufren enfermedades físicas o mentales que les dificultan la vida aún más. Robert Walker, jefe del equipo de calle de la entidad, lamenta que a pesar de "la buena coordinación" que hay con los educadores sociales municipales, el hecho de introducir comprobaciones provoca "estrés y desasosiego" entre las personas sin hogar por si no los encuentran. De hecho, critica que no se haya tenido en cuenta la alta vulnerabilidad de este grupo, que se mueve constantemente por la ciudad, y que puede perder o le pueden robar el móvil. "El servicio se debe adaptar a las necesidades de las personas, no al revés", reprocha, asegurando que la mayoría de los atendidos no tienen ninguna referencia en los servicios sociales básicos.

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