Sociedad 20/05/2021

Francesco Pasetti, del Cidob: "España es víctima y a la vez cómplice de Marruecos"

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Tres jóvenes llegan nadando al rompeolas ceutí

MartorellFrancesco Pasetti es investigador senior del área de migraciones del Cidob de Barcelona.

Marruecos lo ha vuelto a hacer, y ha usado a su gente para presionar a España. ¿Este es el precio de tener la gestión migratoria en países terceros?

— En esta crisis España es víctima pero porque ha sido cómplice y previamente ha proporcionado a Marruecos las condiciones de este chantaje. Si se decide externalizar la gestión de las fronteras porque ni España ni la Unión Europea quieren mancharse las manos ni poner la cuestión en el centro del debate público, tienen que ser conscientes de que ceden la responsabilidad y aceptan que países como Marruecos o Turquía los amenacen con abrir los flujos migratorios según sus intereses.

Nos sorprende pero en Grecia lo vivieron en primera persona con Turquía.

— El año pasado Erdogan quiso presionar a la UE para renegociar el acuerdo migratorio y permitió la entrada de 13.000 personas por la frontera turca. Es lo mismo: un marco de externalización del control de la migración a países de origen y de tránsito que al final acaba creando una relación de dependencia que se puede girar en contra de la UE o, como ahora, de España.

Y al final a la UE, que se cree con la posición de fuerza, ¿no le sale caro el negocio?

— Totalmente, pero la UE no es capaz de llegar a ningún otro tipo de acuerdo que no sea el de pagar para que le vigilen las fronteras. Y ha fracasado, por ejemplo, en el reparto de los migrantes que llegaban a Italia y Grecia, cosa que ha demostrado la poca solidaridad que hay entre los países miembros y también que se trata de una institución en la que las dinámicas electorales nacionales son mucho más fuertes que las políticas comunitarias.

Tampoco se avanza en hacer corredores legales para los que emigran.

— La gente continuará viniendo y la cuestión es que tengan las mejores condiciones que les permitan moverse con seguridad. Se pueden hacer visados humanitarios o definir unos buenos mecanismos de reasentamiento para que todas estas personas puedan hacer el trayecto migratorio sin necesidad de empezar una ruta peligrosa: con cuotas y sistema circular para la migración laboral o para proteger a los que lo necesitan porque en sus países son perseguidos por motivos políticos, religiosos, por violencia o porque son del colectivo LGTBI, por ejemplo.

Volviendo a Ceuta, el gobierno español insiste en que no ha habido devoluciones en caliente y que ha seguido todos los protocolos firmados con Marruecos en 1992.

— No me centraría demasiado en la definición del término sino en las condiciones con las que se hacen estos tipos de prácticas. La ley de seguridad ciudadana de 2015 recupera estas devoluciones automáticas y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos las ampara, pero también pone como condición el respeto a la normativa internacional de derechos humanos. Me cuesta creer que, si se ha expulsado a 4.800 personas en poco más de 24 horas, el estado español haya tenido la capacidad técnica y de personal para poder garantizar estas condiciones, haciendo entrevistas individualizadas para determinar si hay algún solicitante de asilo o un control judicial.

Se han visto imágenes de menores volviendo hacia Marruecos.

— En el caso de los menores va más allá de la política migratoria de cada país porque son un grupo considerado vulnerable, a quien se da una protección y tutela especiales. Los niños tienen el derecho a ser protegidos, y en ningún caso pueden ser devueltos solos. Ahora bien, mi experiencia me dice que en materia migratoria de la teoría y las leyes a la práctica a menudo hay un abismo.

Otro drama es cómo se gestiona la frustración de los que no han podido migrar.

— Las escenas ceutís de ahora serán un problema de integración mañana. Esta gente que quiere migrar necesita un futuro que no encuentran en casa y, en cambio, lo único que encuentran es cómo los gobiernos explotan su desesperación. El coste de todo esto es en términos humanitarios y a largo plazo es preocupante la falta de derechos y oportunidades de millones de personas.

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