El éxito de los buses por la crisis en Cercanías también desborda la Gran Via
Esta gran arteria barcelonesa se ha convertido en un nuevo punto caliente para la movilidad por la transferencia masiva de usuarios del tren
BarcelonaYa hace más de una semana que la parada de buses interurbanos de la Gran Via, situada entre las calles de Aribau y Muntaner, hierve. A partir de las seis de la tarde se va convirtiendo, de forma imparable, en un hervidero de personas, autobuses en doble fila, golpes de claxon y correderas de los pasajeros que pliegan de trabajar e intentan volver a casa, en diferentes localidades del Garraf, que es donde se dirigen estos buses. Allí donde hasta ahora paraban tres vehículos, desde hace unos días paran hasta seis, el doble. ¿El motivo? De nuevo la crisis y las obras de Cercanías.
Tal y como explicó el ARA la semana pasada con el colapso de Fabra i Puig, aquí en la Gran Via ha pasado un efecto muy parecido. Las obras ferroviarias en los túneles del Garraf han reducido mucho el servicio de trenes y han volcado a muchos pasajeros en el bus, lo que ha obligado a la Generalitat a reforzar el servicio, es decir a ofrecer más asientos (y, por tanto, más autobuses) en cada trayecto. Esto ha provocado que esta parada, en una de las principales arterias barcelonesas, haya quedado claramente pequeña, convirtiendo este tramo en un nuevo punto caliente de la movilidad en la capital catalana.
"Los buses hacen cola literalmente para poder llegar a la parada y abrir puertas. Hay veces que los pasajeros de dentro se ponen tan nerviosos que algunos conductores han abierto puertas fuera de la parada o en doble fila, lo que supone un peligro evidente en medio de la Gran Via", explica Isidre, un usuario que va a Isidre, un usuario que va a todo decidir renunciar a viajar (gratuitamente) a Cercanías, vuelve a sufrir las consecuencias, ahora en el bus.
Hay problemas en la vía, que está saturada de autocares, pero también en la acera. "Nos toca esperar en fila en el lugar donde se supone que abren las puertas, pero si el conductor decide abrir puertas mientras está en cola, antes de llegar al punto de parada, entonces hay correderas para no perder el bus y para encontrar asiento", explica Isidre que asegura que ha presenciado escenas en las que incluso los conductores de espacio.
Los usuarios afectados por este colapso son principalmente los de las líneas E14, E15 y E16, que van a Vilanova y la Geltrú, Sitges y Sant Pere de Ribes. Según la patronal de los operadores de autobuses Fecav, por el corredor sur de la Gran Via entran cada día unos 200 autobuses de los 4.200 que acceden en total a Barcelona. No son tantos como los que entran por la Meridiana, pero sí lo suficiente como para evidenciar, una vez más, que faltan infraestructuras para este tipo de transporte, así como un modelo de estaciones "bien planificado", asegura el presidente de la patronal, José María Chavarría.
Actualmente, estos más de cuatro miles de autobuses interurbanos –a los que se suman otros 1.500 buses del AMB, 226 del ministerio y casi otro millar de otros servicios– se regulan con sólo tres grandes infraestructuras: la estación del Nord, la de Fabra i Puig y la de Sants, que de patio.
El grupo Plana, que opera la línea Bus Garraf, también constata con cifras lo que califica de "aumento espectacular". "Antes de toda la crisis de Cercanías transportábamos unos 10.000 viajeros diarios. Algún día que había alguna problemática puntual aumentaban a 12.000 o 13.000. Ahora llevamos unos 18.000 y algunos días 20.000. Por tanto, transportamos, en el mejor de los casos, un 50% más y de más, un 50%". Vallcorba, gerente del grupo Plana, que añade que si tienen un 50% más de demanda es necesario movilizar a un 50% más de autocares. "El sitio claro que se tensiona, estaba estudiado para muchos menos buses", justifica. "Nos llenamos la boca de pedir que dejen el coche, pero entonces debemos facilitar que el transporte público pueda pasar, parar y trabajar", remata.
El metro, el embudo que no para de absorber
Fuentes de TMB confirman que el cuello de botella en la Gran Via también se deja notar en la parada de metro España, que funciona como embudo natural de algunos de estos pasajeros. Entre el lunes y el miércoles de la semana pasada, la compañía registró un incremento del 10% en las validaciones respecto a otras semanas anteriores. Sin embargo, hay que tener en cuenta que aparte de la problemática del Garraf también coincidió el Salón de la Enseñanza. En el caso de Fabra i Puig, el metro también ha acabado siendo el cobijo de la mayoría de los viajeros, y también se han registrado incrementos del 10% (mientras que la subida media ronda el 3%).
Fuentes de la compañía señalan que "el incremento de pasaje en metro y autobuses es una buena noticia porque es síntoma de crecimiento económico y de la confianza de la ciudadanía en el transporte público", aunque admiten que ya trabajan para absorber este aumento con medidas como el incremento de frecuencias en hora punta.
Por su parte, el sector de las operadoras de autobuses reclama una planificación a largo plazo que vaya "más allá de soluciones provisionales". La saturación actual, advierten desde la Fecav, es el resultado de años de actuaciones parciales que no han resuelto el problema de base. Desde el grupo Plana reclaman tanto actuaciones urgentes y puntuales para resolver el problema de espacio que se ha generado con los planes alternativos de las obras del Garraf, como repensar el espacio urbano, recortar los arbustos de la Gran Via para dejar espacio para que bajen los pasajeros o mejorar las distancias de la parada anterior, la de plaza Espanya; así como medidas a más medio y largo plazo, como proporcionar más carriles Bus-VAO o realizar "un gran plan de país" para determinar qué modelo de estaciones de buses hay que instaurar en Barcelona.
"Suerte del civismo espectacular que tienen los pasajeros en estos puntos más problemáticos, pese a la aglomeración. Chapeau para el usuario, porque si no esto sería un descalabro", resume el gerente del grupo Plana.