"Muerte y destrucción" en Adamuz, llantos y angustia en Córdoba: al día siguiente de la peor tragedia ferroviaria de la década
Los familiares de los fallecidos y los desaparecidos acuden a los puntos habilitados para obtener respuestas
Adamuz / CórdobaCuando recuerda la escena e intenta describirla, le salen palabras sueltas. "Muerte". "Destrucción". "Manos". Cada palabra es una imagen de una noche dramática. Recuerda a una mujer que, llorando, decía que no sabía dónde estaba su marido. Le viene la imagen de una montaña de hierros, con manos saliendo de ella. Algunas moviéndose, otras no. Gonzalo Sánchez tiene 46 años y es de Adamuz, una pequeña población de Córdoba que apenas supera los 4.000 habitantes. A cuatro kilómetros de la localidad, en medio de campos de olivos y bosques, dos trenes de alta velocidad chocaron domingo a las 19:45 horas.
Estaba por la noche y el tren de Iryo que hacía el trayecto entre Málaga y Atocha (Madrid) descarriló en la zona de Adamuz, invadió la vía y provocó el descarrilamiento del tren de Alvia que viajaba de Madrid a Huelva. Adamuz es ya el escenario de la peor tragedia ferroviaria de la década, que se ha llevado al menos 40 vidas. A bordo de los dos trenes accidentados se encontraban un total de 527 pasajeros, según el listado que han hecho públicas las autoridades este lunes por la noche. Hasta ahora el siniestro más grave de estas características en el Estado es el del 2013 en Santiago de Compostela (Galicia), que dejó 80 muertos y más de 130 heridos.
A través del Centro Integrado de Datos (CID), el Instituto de Medicina Legal de Córdoba ha informado de que ya ha recibido 37 de los 40 cadáveres localizados en la zona del siniestro, de los que sólo cinco han podido ser plenamente identificados, todos ellos a través de las huellas dactilares. Pero la cifra de muertos no es definitiva: todavía hay tareas de búsqueda y excarcelación pendientes de realizar en el lugar de los hechos, en concreto en la zona donde se descolgó el tren. Hasta ahora se han presentado un total de 43 denuncias por desaparición en Huelva, Madrid, Málaga, Córdoba y Sevilla, y el presidente de Andalucía, Juanma Moreno,temeque se encuentren más víctimas cuando la grúa levante los vagones accidentados en el talud de cuatro metros.
Cuando supo del accidente, Gonzalo Sánchez cogió su quad y se dirigió hacia las vías del tren. El accidente no ocurrió en una estación, sino en una zona aislada, hundida, a la que solo se llega por una sinuosa carretera que este lunes estaba cortada por la policía. Sólo los caminos de tierra, transitados constantemente por todoterrenos de la Guardia Civil, permiten acercarse e intuir de lejos el desastre. Pero Gonzalo Sánchez sí pudo bajar a las vías con su quad el domingo por la tarde, y no paró de realizar viajes hasta las tres de la madrugada. De seis en seis. Aún se intuyen algunas gotas de sangre en el quad. Le pidieron que fuera al vagón del Alvia más lejano, uno de los más afectados. De repente, la conversación con Gonzalo se detiene porque Alberto le pide ayuda. Hace 24 horas del accidente, pero todavía existen muchas incógnitas.
La incógnita de Alberto es si sobrevivirá su amiga embarazada de cinco meses. Toda la familia de ella iba al tren y ahora todos esperan que consiga salir de la unidad de cuidados intensivos (UCI) del hospital. Ana, su hermana, estaba con ella en el vagón. Recuerda la frustración de ver a gente morir y no poder hacer nada. Por el momento la familia admite que no tienen un pronóstico claro de la gestante. Alberto es de Madrid, pero ha venido hasta Adamuz para ver a su amiga en el hospital. Lo ha intentado, pero no ha podido. Mientras, le han pedido que busque el Boro. Es un perro, un schnauzer miniatura que viajaba con su amiga y su familia. En el momento del impacto el animal desapareció. Por las redes sociales ha corrido el rumor de que lo han encontrado y que está sano y salvo, por lo que él ha venido de Madrid a buscarlo. Es precisamente lo que le pregunta Alberto a Gonzalo. Pero ningún vecino sabe nada. Mientras, las redes siguen siendo el epicentro de la llamada desesperada de muchas personas buscando a sus familiares.
Actualmentese desconocen las causas concretas del accidente, que tuvo lugar el domingo por la noche en un tramo recto y plano. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha explicado que en los 20 minutos previos al accidente pasaron tres trenes por esta misma vía sin que se reportara ninguna incidencia. De hecho, calificó el siniestro de "tremendamente extraño" y pronosticó que se tardará al menos un mes en saber qué ha pasado. De momento la investigación parece centrarse en el estado de las vías, si bien las autoridades aseguran que no estaban envejecidas, sino que "los materiales eran nuevos y en buen estado".
Ante informaciones publicadas que señalaban la existencia de un tramo de la vía roto, Puente insistió en que la investigación –que corresponde a la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF)– dirimirá si esa señal en el raíl es "la causa o consecuencia" del descarrilamiento del tren Alyo que va. Por su parte, la operadora italiana Iryo ha explicado que el tren que descarriló, fabricado en 2022, había sido revisado hace tan sólo cuatro días, el pasado 15 de enero.
La CIAF, que desde la noche del domingo trabaja en el lugar del choque, apunta como una hipótesis del descarrilamiento "la interacción entre la vía y el tren". El presidente del organismo, Iñaki Barrón, ha indicado que en una primera revisión del siniestro "no parece ser un problema humano, ni de señalización, ni de electrificación... lo que interviene en un descarrilamiento es siempre la interacción entre la vía y el tren", ha subrayado.
Búsqueda de respuestas
Este lunes por la tarde en el polideportivo municipal de Adamuz sólo quedaban pilas de mantas y restos de comida; el rastro de una noche que muchos afectados han tenido que pasar fuera de casa. La acción de familiares buscando a sus seres queridos se ha reproducido en Córdoba, y en Huelva, y en Madrid. "Damos mil vueltas y visitamos todos los hospitales", explicaba a los medios Juan Barroso, el portavoz de una familia de Punta Umbría (Huelva) con cuatro desaparecidos. La hija de la familia, de sólo seis años, salió del tren por su propio pie y se encuentra en un hotel descansando. Más tarde por la tarde se confirmaba que los cuatro miembros de esa familia han muerto.
Las 40 muertes han dejado imágenes desoladoras de familias yendo a la comandancia de la Guardia Civil de Córdoba para entregar muestras de ADN para compararlo con el de los difuntos. E imágenes impresionantes como las de familias en un centro cívico de la propia Córdoba, habilitado como punto de apoyo psicológico, saliendo en coche con la cabeza gacha y visiblemente emocionados. La responsable de Cruz Roja admite que el ambiente dentro es "angustioso". "Las horas pasan y no obtienen respuestas. Nosotros les intentamos acompañar", explica. Algunos pasarán la noche aquí. Cada hora que pasa, describe, esa ansiedad es mayor y más visible. Hay personas de edad avanzada y jóvenes, ancianos e hijos. Las 40 muertes también han convertido a la Ciudad de la Justicia de Córdoba en una morgue gigante. De noche el silencio sólo es roto por vehículos de emergencias que acuden al recinto.
"Y no sabemos qué más queda", admite un responsable policial. Hace poco que ha estado en las vías del tren y explica que queda mucha chatarra por sacar. No es hasta la tarde que los equipos técnicos y de rescate comienzan a instalar una gran grúa para levantar los vagones del tren Alvia siniestrado. Esto debe permitir realizar las labores de excarcelación, que serán lentas porque hay mucho material que retirar, según ha explicado el presidente andaluz, Juanma Moreno. De hecho, no se sabe si puede haber más víctimas.
Otro agente augura que quedan días para poder tener una respuesta clara a esta pregunta. Por la carretera sinuosa que une las vías con Adamuz van pasando grúas, maquinaria, policías y vehículos de la Unidad Militarizada de Emergencias (UME). Los policías están de aquí y de allá, al igual que los voluntarios de Protección Civil. Como los médicos y enfermeras de poblaciones cercanas, que acudieron a ayudar el domingo. Una ayuda que también ofrecieron los bares que llevaron todo el pan que tenían en los pabellones.
Este lunes el pabellón se ha vaciado de afectados y se ha llenado de periodistas. De España, de Europa y del mundo. Una marea de medios que inunda este pequeño pueblo, el centro cívico de Córdoba donde mantienen esta terrible espera a los familiares, los hospitales donde luchan los supervivientes y el depósito de cadáveres donde descansan las víctimas.