La cooperativa que rescata a los vecinos que pierden el piso
La ONU premia la iniciativa de Las Juntas, que compra y cede viviendas para luchar contra la exclusión social y la especulación
L'Hospitalet de LlobregatHasta tres veces Maika Granados intentó un alquiler social para la planta baja del barrio de La Florida de L'Hospitalet de Llobregat, donde vive desde hace años con los tres hijos y el marido. No hubo manera de que el fondo buitre propietario de la vivienda o los servicios sociales municipales que le habían firmado "todos los informes de vulnerabilidad del mundo" atendieran sus súplicas. Los ingresos familiares hacían imposible acceder a un piso en el mercado libre, ni siquiera en este barrio con un parque muy degradado: los alquileres ya superan los 1.000 euros, y una habitación, los 700.
El miedo a ser desahuciada y encontrarse en la calle la hizo caer en una crisis de angustia, ansiedad y depresión, un cuadro que también afectó emocionalmente a una de las criaturas. Hasta que alguien del barrio le habló de Les Juntes y se acercó a ellas como último recurso. Allí encontró un grupo de mujeres que no solo la escucharon y entendieron, sino que también pasaron a la acción, y hoy la familia de Granados está "tranquila" en un piso pequeño que, aunque no son propietarias, tienen la garantía de que no las echarán.
La Florida es el barrio más denso de Europa y uno de los que presenta más problemática social, en parte porque la crisis de las hipotecas propició la entrada de especuladores de la vivienda. "Aquí viene a vivir mucha gente a la que en otros sitios no quieren por racismo o aporofobia", apunta Mariló Fernández, activista y alma de la cooperativa, que rechaza el concepto de "ocupación" y utiliza "el derecho a tener una vivienda".
El goteo constante de desahucios ha dado musculatura al activismo por una vivienda digna en el barrio. A cada desalojo, una convocatoria para intentar pararlo, a veces con éxito, y muchas otras, no. A finales del 2023, un grupo de mujeres vio claro que tenían que dar un paso más si no querían estar "siempre en la misma casilla de salida", explica Fernández, que admite que la lucha en la calle "tiene un gran desgaste emocional".
Buscaron apoyo en el tejido vecinal y en la economía social (fundaciones y otras cooperativas) y optaron por constituirse como cooperativa con la voluntad de recuperar vivienda en manos de los bancos y fondos especuladores para que las familias pudieran quedarse sin problemas. Se trata de una cesión de uso, es decir, que la vivienda pasa a ser propiedad colectiva de la cooperativa, no de la familia residente, que puede vivir indefinidamente pagando la cuota mensual.
Un barrio de pisos protegidos
Así se evita repetir la historia de un barrio, construido durante el desarrollismo franquista exclusivamente para vivienda protegida, y ahora en manos de fondos y especuladores. Para Fernández, la iniciativa es la corrección del fracaso incluso de la política de viviendas públicas y se pregunta si desde el activismo se ha podido hacer para que las administraciones no se pongan. También, subrayan, que las familias puedan quedarse en el barrio y mantener así la red. La iniciativa es tan particular que en enero la ONU la distinguió con la medalla de bronce de los World Habitat Awards 2026. "Les Juntes es lo mejor que le ha pasado a La Florida", subraya orgullosa la socia Khabdja ben Ali.
Después de cumplir un plan de viabilidad, la entidad firmó un crédito con Coop57 para iniciar un plan piloto con el que se marcó el objetivo casi utópico de adquirir cuatro viviendas. De media, la compra de cada vivienda es de 50.000 euros. Haciendo cálculos, las familias socias abonan 450 euros mensuales para ir devolviendo la deuda. "Es una cantidad que sí que puedes pagar", apunta Granados.
La primera beneficiaria fue Hannan, una madre con tres criaturas que posteriormente dejaron el piso a la cooperativa cuando se mudaron. Después de casi tres años, Les Juntes ha superado expectativas y ya ha comprado ocho viviendas, acaban de firmar las arras de dos más y están en negociaciones para otras dos. Ahora debatirán si se aumentan las cuotas para poder tener más margen económico y aumentar la oferta de una de las viviendas, visto que la propiedad no cede con el precio de salida.
Rehabilitar las viviendas
En la última reunión ha venido Enriqueta Pérez con uno de sus dos hijos pequeños que se mantiene al acecho de todo lo que pasa a su alrededor. Pérez afirma que mientras vivía en el piso propiedad de un fondo sin contrato la suya era una vida de poca tranquilidad. "He llorado mucho", resume para incidir en que el día que Las Juntas compró la vivienda para cedérsela –y a pesar de que "el piso está destrozado"– se "quitó un peso de encima".
Los bloques de la Florida, y la mayoría de edificios del barrio, están bastante degradados por la falta de mantenimiento. La voluntad de la cooperativa es poder rehabilitar los pisos, porque muchos presentan grandes humedades, defectos de construcción o carencias básicas. De momento, han podido pagar las obras de tres viviendas y en el resto de casos, como el de Granados, las familias hacen lo que pueden con soluciones más imaginativas que eficientes.
El perfil de familias cooperativistas es variado, como el barrio, pero la mayoría tienen en común una alta vulnerabilidad social, ya sea porque son inmigrantes irregulares, no tienen ingresos fijos, son beneficiarias de prestaciones sociales o trabajan en la economía informal. Por eso, Mariló Fernández valora que Les Juntes luche contra "el paternalismo" que la administración ejerce contra los que no pueden comprar vivienda en el libre mercado hasta "culpabilizarlos" y "naturalizar" situaciones injustas.
Estela Alais es cooperativista "expectante". Está en la veintena y no puede ni quiere emanciparse para no dejar a su madre haciéndose cargo de un alquiler sola, pero considera que Les Juntes es "una apuesta política que aunque no soluciona el problema, sí que ha abierto la puerta de la esperanza para los que están en riesgo constante de quedarse en la calle".
Este riesgo hizo decidir a Araceli Brito a asomarse al local de Les Juntes. Después de 16 años de "pagar cada mes" el alquiler de su piso, un día le informaron que la vivienda había pasado a manos de un "fondo buitre" y que su contrato de cinco años recién firmado era poco más que papel mojado. Ha sufrido acoso para que deje el piso a cambio de 5.000 euros o para que lo compre por 70.000 euros. "Imposible, yo tengo un contrato en vigor y no he roto ninguna puerta", se exclama. Ha intentado la vía de la mesa de emergencia, pero tiene por delante a 190 personas en la lista, es decir más de tres años. Su esperanza es que la propiedad acabe por aceptar una futura oferta de Les Juntes y pueda quedarse.